El astuto Picotín


El astuto Picotín.  Cuento sobre las aventuras de un niño muy astuto. Cuento perteneciente al Proyecto Cuentos para Crecer.

El astuto Picotín

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Picotín era un niño muy pobre. Desde que se quedó huérfano, tuvo que ganarse la vida limpiando zapatos. Un día que llovía mucho, el pobre niño no había ganado nada y tenía hambre.

Estaba mirando los sabrosos manjares del escaparate de un restaurante, cuando una carroza se detuvo ante él. De su interior salió una voz:

—Sube, Picotín, que te llevaré a comer a mi casa. Dentro de la carroza iba un señor muy elegante y simpático.

— ¿Quién le ha dicho a usted mi nombre y que tengo hambre? —le preguntó Picotín.

—Yo tengo el poder de saberlo todo —respondió el señor—. Hasta entiendo el lenguaje de todos los animales.

Picotín se quedó a trabajar como camarero en la casa de aquel señor tan amable. Un día, antes de comer, vio a su amo sacar una bolita plateada de una cajita que llevaba en el bolsillo. Al tragársela, se puso muy contento. Su amo hacía aquello todos los días, según fue descubriendo Picotín.

Un día en que su amo se quedó dormido, Picotín le robó del bolsillo una de sus píldoras. Se fue con ella al jardín para que no le viera nadie y se la tragó. Se sintió de pronto muy contento y feliz. Y lo más sorprendente de todo: ¡comenzó a entender lo que decían los animales!

Cuando regresó a la casa, su amo le acusó de haberle robado una moneda de oro.

— ¡No es cierto! —dijo Picotín llorando. Y se fue otra vez al jardín a distraerse con los patos del estanque. Allí oyó que un pato decía a otro:

—Esa moneda de oro que te has tragado te traerá la muerte.

Picotín hizo que el pato devolviera la moneda que se había tragado y se la llevó a su dueño. Luego, en vez de quedarse a vivir en la casa, prefirió irse a recorrer mundo, en busca de aventuras y fortuna.

Marchaba Picotín camino adelante tan feliz, pensando en mil cosas, cuando oyó que el rey Hormigón alertaba con gran alarido a su ejército de hormiguitas:

— ¡Cuidado, no vaya a pisarnos este niño! Oyendo a las asustadas hormiguitas, Picotín cambió inmediatamente de dirección.

Más adelante, al cruzar el río, oyó llorar a unos peces, que estaban prisioneros dentro de una red. Picotín los liberó y los peces se marcharon nadando muy contentos. Más adelante, al cruzar un bosque, Picotín oyó a un cuervo gritar a sus hijos, que lloraban hambrientos:

— ¡Fuera de aquí, zánganos, a ganarse la vida! A Picotín le dio mucha pena y les llevó unos gusanitos para que comieran.

Más adelante, como estaba ya muy cansado, Picotín se echó a descansar a la sombra de un árbol. Estaba medio dormido, cuando un gran cuervo que estaba en una rama dijo:

—En tu bota derecha está el rey de las hormigas; junto a la laguna está el príncipe de los peces, y yo soy el cuervo, a quien todos obedecen. Picotín no salía de su asombro.

El cuervo siguió diciendo:

—Te casarás con una bellísima princesa, si cumples sus tres deseos.

— ¿Cuáles son? —preguntó Picotín.

—Te los diré uno a uno.

—Pues dime ya el primero —pidió Picotín.

—El primer deseo de la bella princesa es una perla de lo más profundo del océano.

—Ésa la traeremos nosotros —dijeron a coro los peces.

—El segundo deseo —siguió el cuervo— es reunir todos los granos de trigo que hayan caído de las espigas al madurar.

—Eso lo haremos nosotros —dijo el rey de las hormigas.

—Queda el tercer deseo —dijo Picotín dirigiéndose al cuervo—, ¿Cuál es?

—Buscar en lo más escondido de la selva la fruta del amor —respondió el cuervo—; pero de eso me encargo yo. Ve a palacio y dile a la bella princesa que en el plazo de tres días verá cumplidos todos sus deseos.

Así lo hizo Picotín. Al día siguiente fue a la playa y su amigo el pez le trajo la perla en la boca. Luego vio cómo crecía el montón de trigo que traía un ejército de hormigas, dirigidas por su rey Hormigón.

Y poco más tarde, llegó el cuervo trayendo en su pico la maravillosa fruta del amor. Y como la princesa, además de ser bellísima, cumplía su palabra, se casó con Picotín y fueron los dos inmensamente felices durante toda su vida.

Fin

Los cuentos de mi abuelita Madrid,

Susaeta ediciones S.A.

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