¿Solamente el café?

¿Solamente el café? María Inés Casalá y Juan Carlos Pisano, escritores argentinos. Cuento con enseñanza sobre el valor de hacer nuestra tarea con amor. Marcelo trabajaba en el área de mantenimiento de una gran empresa. Nadie sabía bien qué hacía, y todos creían que sólo era capaz de hacer y servir el café. Pero Marcelo […]

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¿Solamente el café? María Inés Casalá y Juan Carlos Pisano, escritores argentinos. Cuento con enseñanza sobre el valor de hacer nuestra tarea con amor.

Marcelo trabajaba en el área de mantenimiento de una gran empresa.

Nadie sabía bien qué hacía, y todos creían que sólo era capaz de hacer y servir el café. Pero Marcelo se había ganado el corazón de todos porque siempre estaba sonriente, y, como tenía una dificultad para hablar, el dueño creía que estaba haciendo un acto de caridad al tenerlo como empleado.

No faltaba nunca, siempre llegaba primero y se iba último de la oficina. Sin embargo, en una ocasión, el jefe de personal se presentó ante el dueño y le dijo que Marcelo iba a estar ausente durante varios días porque su familia avisó que debieron operarlo de urgencia a causa de una peritonitis.

La licencia le correspondía alrededor de dos o tres semanas.

–¿Contratamos un personal temporario para suplantarlo?

–No hace falta –contestó– Simplemente avise a los empleados que, durante estos días, se turnen para preparar el café.

Sin embargo, con el transcurso del tiempo, fueron ocurriendo diferentes cosas. Por la mañana, cuando ingresaban, había olor feo en las oficinas, las pantallas de las computadoras estaban sucias, en los baños faltaba el papel higiénico, las flores se pudrían en los jarrones y las tazas quedaban sucias de un día para otro…

El dueño mandó a llamar al jefe de mantenimiento, y éste reunió a sus empleados.

–¿Por qué no limpian como siempre? ¿Qué les pasa?

–Nosotros hacemos el mismo trabajo desde hace años. Cuando entré a trabajar, me dijeron que no tocara nada de arriba de los escritorios. Nunca toqué una computadora.

–Yo estoy limpiando con los mismos productos de siempre –dijo otro

–. No sé porqué, ahora, dicen que hay feo olor.

–Nunca limpiamos las tazas. Ni siquiera entramos al lugar donde se prepara café porque siempre está en orden –dijo otro–.

El jefe se quedó pensando. Conocía a sus empleados y sabía que no le estaban mintiendo. ¿Qué estaba pasando? En ese instante se dio cuenta que el que faltaba era Marcelo.

–¡Cierto! Él es el que entra primero. Ahora me acuerdo de que, un día que llegué bien tempranito, lo vi abriendo las ventanas para que entrara un poco de aire. Me dijo que después las cerraría.

–¡Claro! Y él es el que se ocupa del café. Después de servirlo, debe pasar por los escritorios para buscar las tazas –dijo uno de los empleados–.

Entre todos fueron pensando y descubriendo la cantidad de cosas que Marcelo hacía en silencio, sin que nadie se lo pidiera y sin reclamar agradecimiento ni reconocimiento.

El día que Marcelo regresó, le hicieron una gran fiesta, y el jefe de personal y el mismísimo dueño de la empresa le agradecieron todo lo que hacía día a día.

Fin

Para pensar y conversar acerca del cuento:

Por mejores que seamos, hacer el bien y no esperar recompensa o que nadie reconozca lo que hacemos tiene cierta dificultad.

Saber disfrutar el acto de servir a los demás por el sólo hecho de hacerlo es una actitud poco trabajada y valorada. Incluso, como en el caso del cuento, aunque se cobre un sueldo por la tarea, existen muchas formas de realizarlas.

Si elegimos hacerla por algo más que la retribución económica, seremos verdaderamente felices, por lo menos, este es el camino que nos enseña Jesús y valdría la pena probarlo.

• ¿Somos capaces de actuar de la manera en que lo hacía Marcelo (en el estudio, en el trabajo, en el hogar, en el barrio)?

• ¿Hacemos las cosas correctamente aunque nadie las vea ni nos vea?

• ¿Quién o quienes nos ayudan y hace cosas por nosotros sin esperar que se lo agradezcamos?

• ¿Qué relación tiene esta pequeña historia con las situaciones de nuestra vida cotidiana?


¿Solamente el café?

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