¡Nunca lo lograrás! Cuento sobre la fe en uno mismo

¡Nunca lo lograrás! Cuento sobre la fe en uno mismo

¡Nunca lo lograrás! Luis Pisa Tolosa. Cuento sobre la fe en uno mismo. Cuentos para jóvenes.

“Se ofrece una recompensa enorme a quien derrote al Dragón que acecha al Reino de Nunca lo lograrás”.

Cuenta la leyenda que desde hace tiempo un gran Dragón venía acechando el Reino de nunca lo lograrás, sembrando miedo entre sus habitantes, y que ningún caballero había logrado derrotarlo, es más, la mayoría de ellos se cuenta que quedaban en el intento, muchos desfallecían por el camino, y de otros no se volvió a saber nada y nunca más regresaron…

Todos que habían vuelto contaban que para llegar al Dragón tenían que enfrentarse a múltiples enemigos, bestias del mal muy bien armadas, ejércitos de Dragones, pasadizos oscuros y valles muy enfilados, esqueletos del mal… cada uno que regresaba contaba una historia diferente. Algunos por miedo, otros por bravucones…

– Si hubiera tenido la oportunidad de poder enfrentarme con él directamente-alardeaban de su valentía.

Un día un joven sin experiencia en el arte de las armas pero muy decidido dijo

– “Derrotaré a ese Dragón por mucho que me cueste”-.

La gente del reino se reía de él y se burlaba,

– mira el niñato éste que se cree que va a derrotar al Dragón, nunca lo logrará-comentaban los habitantes.

Como era costumbre, antes de partir todos los que iban en busca del Dragón tenían que ir a ver al Rey del Reino. El Rey, era un hombre sabio, que nunca solía hablar en público, ni darse grandes festines, ni se le veía desperdiciar sus riquezas, es más, se decía que la mayor parte de su riqueza la había dado.

Al entrar el mozo le dijo:

-Acércate muchacho, el ponerte en marcha te honra, pero lo que te vas a encontrar no es ni mucho menos fácil, es más, puede que nunca vuelvas a este Reino. No estás entrenado en el arte de la armas pero eres muy decidido, espero que nada de esto se vuelva en tu contra, además has de tener mucha fortaleza, porque quizá no nos volvamos a ver nunca más, es más, ojalá no te vea nunca más. Al escuchar eso, el muchacho se quedó petrificado y le dijo al Rey enfadado: –

Majestad siéndole sincero me da exactamente igual lo que usted me diga, pero lo que no me da igual es encontrar a ese Dragón, sino he de regresar jamás, que así sea-

El rey soltó una risita y le dijo;

– “Así sea”.-

Al día siguiente muy de mañana cuando el muchacho iba a partir, la gente del pueblo salió a despedirse, a mofarse de él y se burlaban diciendo

– mira el niño que quiere jugar a los caballeros- Pero al joven parecía darle igual lo que le dijeran.

-¡Toma una espada!-se oía gritar- ¡Ah no, que no sabe luchar! jajaja

La gente se mofó de él toda su salida del Reino, pero en las afueras encontró a un anciano con una capucha.

-He visto como se te ha reído la gente pero has salido aun con ello en busca de tu objetivo, ten firmeza y templanza, porque si quieres conseguirás vencer al Dragón.-

El joven andaba con confianza ante los retos que le esperaban. Pasaron los días con un calor abrasante, noches de frio helador, falta de alimento, pues no sabía cazar animales y los frutos silvestres apenas le aportaban algo…

Empezaron a asaltarle las dudas, y le venían a la cabeza las historias contadas por otros caballeros y sus luchas sin cesar con bichos malignos, pero él no encontraba nada de nada.

Empezó entonces a pensar en darse la vuelta, pues si iba así de mal y aún no había empezado a luchar o a saber si quiera cuán lejos se encontraría el Dragón. Se acordó del rey, y de aquel ¡ojalá no te vea nunca más! Y del anciano de las afueras de la ciudad ¡fortaleza y templanza!

Entonces pensó el porqué iba en busca de ese Dragón, por una parte algo le decía que si volvía victorioso, sería un héroe, pero por otra parte pensaba, y si realmente no volvía, o ni si quiera iba en busca del Dragón sino que iba en busca de algo nuevo, algún lugar en el que la gente no se juzgaran los unos a los otros, sino que lo que reinara fuera la paz, la armonía y la cooperación.

Se paró entonces en un árbol alto y robusto… el cual despertó de repente y le preguntó;

-¿Por qué buscas al Dragón?-

El mozo quedó asustado por instantes, pero dijo resueltamente

-buscaba al Dragón, pero ya no lo busco, sino que busco algún sitio en el que vivir en paz y en armonía, en el que nadie me juzgue por como soy, como visto, por lo que hago o deje de hacer. Vengo de un reino llamado ¡nunca lo lograrás! En el que todo el mundo habla de todo, pero nadie hace nada por los demás y porque esto vaya a mejor.-

De repente el árbol se convirtió en el abuelo de la capucha y le dijo

– ¡fortaleza y templanza ha de tener un caballero!

-¿Pero usted…?-

La conversación espiró por momentos y de repente el abuelo de la capucha se convirtió en Dragón el cual le dijo en un tono familiar, ¡Ojala no te vuelva a ver más! (¡era la voz del Rey!).

El joven de repente entendió todo; el Rey, el anciano, el nombre del Reino… todos los caballeros eran puestos a prueba, y todos creían que tenían que librar una batalla contra un Gran Dragón que les daría una recompensa, el joven comprendió que la gran batalla había que librarla contra uno mismo, y que sin importar lo que le diga la gente o deje de decir con firmeza, templanza y decisión conseguiría vencer al Dragón que no era otro que él mismo. A partir de ese momento el niño no regresó nunca jamás al reino de ¡nunca lo lograrás!

Encontró en el reino de ¡Sé tu mismo! Y en él a todos los caballeros que los daban por perdidos, y disfrutó años y años en su nuevo reino en el que… “palabras como paz, amor y compañerismo tenían su recompensa.”

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Fin

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