La hormiga coja

La hormiga coja. Elvis Eberth Huanca Machaca. Escritor peruano. Cuento sobre la superación personal. Cuento para jóvenes y adultos. Pronto dejará de sentir sus piernas, la vida de él desde hoy, será muy difícil, lo mejor será que no asista mas a la escuela, ya que sería muy doloroso para él, querer caminar, correr. Ya […]

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La hormiga coja. Elvis Eberth Huanca Machaca. Escritor peruano. Cuento sobre la superación personal. Cuento para jóvenes y adultos.

Pronto dejará de sentir sus piernas, la vida de él desde hoy, será muy difícil, lo mejor será que no asista mas a la escuela, ya que sería muy doloroso para él, querer caminar, correr.

Ya no hay nada más que se pueda hacer: Señora. Al cumplir mi séptimo año, tuve un accidente muy grave, recuerdo que caminaba hacia casa, después de salir de la escuela, y de repente sentí que algo me golpeaba por detrás, en ese momento sentí que el mundo entero daba vueltas, y que yo volaba, cuando al fin caí al suelo, lo único que pude ver, fue a un coche yéndose lo más rápido que podía, y la gente amontonándose a mi alrededor, y yo, intentando moverme como sea.

Después de eso no recuerdo nada más. Esto ¿Por qué me paso a mí…? Mamá… ¿Ahora… cual es la razón, por la que debo vivir? Cuando pienso en el futuro que me espera, no puedo evitar llorar. Mamá ¿Podre caminar…? Mamá trabajaba en un restaurante que estaba en el centro de la ciudad, así que yo siempre acompañaba a mi mamá, ella decía que de esa forma yo no estaría solo y ella tampoco.

Los recuerdos de aquel árbol de eucalipto, quien me hacía sombra, aun perduran en mi mente, mamá hacía de todo para contentarme. Incluso muchas veces cuando me veía deprimido, me cantaba la canción de la hormiga. Somos hormigas, que caminamos juntos por el sendero, uno dos y tres.

Cada una un paso hacia adelante y otro hacia atrás… Las hormigas son criaturas asombrosas, pueden cargar más del doble de su peso, ellas, ellas, por más difíciles que sean sus vidas, jamás dejan las cosas importantes de la vida, y menos se rinden… Yo, con todos los deseos de mi corazón, quisiera ser una hormiga, pero en mi estado, no soy nada más, que una pobre hormiga coja.

Mamá, desde hoy, no te preocupes por como viviré, sino, porque viviré… Solo por ti, solo por ti viviré… Todos los días veía a niños jugar, yo con todas las fuerzas de mi corazón quería alcanzarlos, duele mucho, duele mucho mamá, cuando pienso en todo lo que pude haber hecho, no puedo evitar llorar, de haber sabido que esto me pasaría, hubiese hecho más cosas.

Si lo hubiera sabido, hubiese corrido más y más, hasta mas no poder correr, podría haber jugado a que era uno de los galácticos del futbol. Hubiese disfrutado más de mi vida… Todos los días, el mismo árbol y el mismo dolor, hay veces en la que soñaba, que corría por todo el cielo, y algunas estrellas me sonreían, recuerdo haber perseguido a un Pegaso en mis sueños, pero justo cuando estaba a punto de alcanzarlo…

Me levantaba… La verdad, es que tengo miedo, mucho miedo, pero no quiero que mamá lo sepa, ya que en todo este mundo, solo estamos los dos. Viví un año compareciéndome, y resignándome a aquella vieja silla de ruedas, me había convertido en un resignado, mi única distracción, era ver la marcha de las hormigas, pero el día de hoy ha pasado algo que nunca imagine ver…

Había un grupo de hormigas marchando hacia su casa, y unos niños muy malcriados, las pisaron, como si ellas no fueran nada. Yo intenté detenerlos pero no pude, cuando aquellos niños se cansaron de jugar. Me acerqué hacia el cementerio de esas heroínas, muchas habían caído, y las pocas que quedaron, inmediatamente se formaron, para seguir su marcha marcial, todo eso era tan triste como lo era mi vida, recuerdo que empecé a llorar, y llorar.

Nadie más que yo podía entender lo que era tener todo este dolor tan adentro de mí, y no poder sacarlo. Vivir con todo esto es muy difícil. Pero de pronto, algo se movía, era una pequeña hormiga, que había sido pisada, y debido a eso, una de sus patitas quedo destrozada, yo me quede atónito mirándola, a pesar de que se caía, intentaba levantarse.

No pude hacer nada más que animarla, esa hormiga era yo mismo, ¡Vamos! ¡No te rindas! – le gritaba. Paso bastante tiempo, y aquella pequeña hormiga después de tanto esfuerzo, se pudo poner de pie, y esforzándose más, logro caminar, hasta lograr marchar junto a sus compañeras.

En ese momento lo entendí, mi pierna no es mi vida, mi corazón es mi vida, y mientras el siga latiendo, yo seguiré viviendo. Dentro de mí nació una idea, que pasaría si yo, ¿hiciera lo mismo? Si no lo intentaba nunca lo sabría, porque el que no lo intenta nunca tendrá nada que perder.

Mamá lejos de amarrarme a esa silla, lo que hizo fue apoyarme, todos los doctores y especialistas se rindieron, pero ella no lo haría nunca, lo más fácil fue ponerme de pie, lo más difícil, fue dar mi primer paso, primero fueron unos cuantos pasos por el parque, y cuando logre caminar seis metros sin detenerme, empecé a subir gradas.

Cada día, avanzaba más y más, pero aun no era suficiente para mí, quería hacer esto por mí, y por mamá, que lo daba todo por mí. Me puse muchas metas, si me caía, me volvería a levantar y caminaría más y más, por cada caída, aumentaría un metro más a mis pasos. Me puse retos cada vez, más y más difíciles, la gente siempre me miraba con pena, pero yo no quería su pena, lo que en verdad quería, era su comprensión.

Después de un largo tiempo de haber comenzado, ya era capaz de caminar hasta mi casa, todo esto era maravilloso, pero mi ambición siguió creciendo, por esa época, era septiembre, y toda la gente de mi ciudad, acudía al Santuario de Locumba. Tacna estaba muy lejos de Locumba, si iba en carro demoraría seis horas en llegar hasta ahí, ¿pero? ¿Y si caminaba?

Entonces lo decidí, caminaría hasta el santuario de Locumba, no importa lo que pasara o lo que me demorada. Mamá, por primera vez se opuso, estaba muy orgullosa de mí, pero, su preocupación era muy grande. Esa noche mientras que mamá dormía, Salí de casa, cogí mi bastón, y me puse mi mochila a la espalda, estaba decidido y nada me haría cambiar de opinión, me acerque a la habitación de mamá y le deje una carta antes de partir.

Quería madre, te doy las gracias, por caminar junto a mi todo este tiempo, cuando pienso en mi vida, no puedo dejar de agradecerte, es por eso que… Desde hoy, no caminare rápido, iré muy despacio a propósito, quiero ser útil, para los demás, desde hoy no lloraré y me enojaré, pase lo que pase, voy a sonreír, porque yo, quiero ser feliz…

Cuando camino, no puedo evitar pensar en el futuro, cuando leas esto, yo estaré rumbo a mi destino. Por favor ayúdame, no me cortes mis alas… El camino parecía ser fácil, pero cuando salió el sol, todo cambio, sentía que no podía dar un paso más. Sentía que mi cuerpo ya no me respondía, el sol quemaba todo lo que tocaba, y muy pronto casi toda mi ración de agua se había agotado, en un descuido mío, resbale, y una de mis zapatillas se rompió, el camino era más largo de lo que pensaba, si caminar de día era una pesadilla, la noche no se quedaba atrás, ya que el frío está en todas partes, algunas personas se burlaban de mí, desde sus carros.

Y otras más, me invitaban a ir con ellos, pero, esto es algo que debía hacer yo solo, era la mayor prueba de mi vida, y no podía salir reprobado. Estuve muchas horas caminando, al segundo día, aun siendo de atardecer, me encontré con lo más difícil del camino, era una subida enorme, parecía que tocaba el cielo.

Por más que caminaba, parecía que nunca llegaba a la cima, así que me eche a dormir a las sombras de un árbol. Estaba decidido a continuar mi camino, apenas el sol, volviera a salir. Esa noche mientras dormía, soñaba que al fin había alcanzado a aquel Pegaso que siempre se me escapaba, soñé que volaba encima de él, y mamá, venia conmigo a mi lado. Apenas salió el sol, me puse en marcha, esta vez sí lo lograría, la subida fue muy difícil, pero al medio día ya había alcanzado la cima, y el resto del camino, fue mucho más fácil, al atardecer logré llegar al santuario de Locumba, y en el fin del camino, estaba mamá, y mucha gente esperándome, a cada paso que daba, escucha gritos de la gente.

¡Si se puede! ¡Si se puede! ¡Si se puede!

Todo esto fue muy conmovedor para mí, pero al fin logré llegar a mi meta, desde ese día mi vida fue más fácil, sentía que podía caminar más y más, y muy pronto empecé a correr. Al final tuve un premio enorme, la sonrisa de mamá era algo que no tenía precio. Yo tenía una nueva meta, recorrer Tacna – Lima, o quizás recorrer todo el Perú, no importando el tiempo que me demorada. Aunque recorrer todo el mundo tampoco suena mal.

Después de todo, los viajes de la hormiga coja, recién habían comenzado. En mis viajes, hay algo que descubrir, detrás de toda tristeza, siempre habrá una sonrisa, después de cada lágrima, habrá un momento de felicidad. La felicidad es algo que debemos buscar, y cuando la hallemos, jamás soltarla.

CAERSE NO TIENE NADA DE MALO, LO MALO ESTA EN NO INTENTAR LEVANTARSE, Y SI NO PUEDES HACERLO POR TI MISMO, ENTONCES MIRA AL CIELO, Y BUSCA UNA SONRISA. ESO TE AYUDARA…

Fin


La hormiga coja

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