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La enfermedad de Lucas. Cuento de amigos del alma

La enfermedad de Lucas. Cuento de amigos del alma. Escritora Peruana de cuentos y poesías espirituales.

Cuento de amigos del alma. Literatura infantil.

 

― No entiendo por qué vivo casi siempre con doble ánimo, si la mañana me sonríe la tarde me mira triste. ¿Será que estoy enfermo y no lo sé?

― Yo pienso que sí –le contestó Adrián–, porque si no estarías siempre alegre con lo que Dios te da como mérito a tu esfuerzo para que seas feliz, ¿no lo crees?

― Podría ser –le dijo Lucas–, aunque aparentemente yo me vea sano.

Así hablaban Lucas y Adrián, ellos eran amigos circunstanciales, pero por esto Adrián no dejaba de reconocer que Lucas siempre mostraba cada vez que lo veía inclinaciones mayormente banales, y esto a Adrián lo ponía muy triste, ya que como él había crecido en un ambiente de mayor espiritualidad se daba cuenta que su amigo Lucas, si no cambiaba, estaría condenado a vivir solamente prisionero de sus apegos. Y para hacerlo reflexionar en la causa por la cual había enfermado, le preguntó:

― De todas las cosas que has ido obteniendo a través de tu vida, ¿cuál ha sido la que te ha dado más alegría?

Lucas le contestó:

― Yo creo que todas en su momento, pero cuando me aburro de mirarlas caigo nuevamente en el hastío, y me lleno de melancolía pensando si algún día mis posesiones harán que me sienta feliz y contento.

Adrián le respondió:

― ¿Acaso te has puesto a pensar en algún momento, si estas cosas de las cuales te afanas noche y día, te han hecho vivir con paz y armonía?

― No, de ninguna manera, es más, cada día crece mi ambición de tener más y esto me atormenta.

― Entonces, no mires pues a los vientos, que fútil e inútil es vivir tras ellos si con esto crees que hallarás felicidad. ¿Sabes? Así veo yo tu vida, tratando de buscar la felicidad donde no existe, porque percibo que tu yo te alza hasta las nubes causándote un dolor inacabable, ya que piensas que a través de las cosas materiales hallarás tu vida de felicidad. Si te hubiese bastado ser tu mismo, sin ambicionar más de lo necesario, no habría enfermado tu alma, que es la que arrulla con dulces melodías cuando no se pierde la encantadora sonrisa que existe en el corazón de los niños, porque en su mundo mágico ellos no se complican la vida como lo hacen muchas personas mayores, que tratando de satisfacer sus inquietudes se olvidan de lo que es más importante en ellos, como es la hermosa alma que Dios les da para que crezcan armoniosamente y con alegría. Pero como tú no has tomado importancia a esto no habrá nadie quien te levante de tu lecho de dolor, hasta el día que veas que tu ego había creado una falsa realidad sólo para enfermarte miserablemente. Esta triste situación es la que te ha hecho vivir en forma confusa. Deja, pues, ya de vivir en lo absurdo, porque las cosas sencillamente sirven para ser usadas y no para ser endiosadas.

― Bueno –dijo Lucas–, yo lo único que sé es que he trabajado mucho, pensando que esto era lo correcto para ser feliz en la vida sin que nada me falte, y no entiendo qué es lo que quieres decir con estas palabras difíciles que me hacen sentir muy mal.

Adrián le contestó:

― Pero esta forma de pensar no es difícil de entender, sólo tienes que interiorizar un poco más tu vida para que puedas comprender lo que te hablo, porque trabajar de la forma como tú lo has hecho sé que es algo muy bueno y meritorio, sólo que con esto no lograrás entender el fin verdadero por el cual las cosas llegan a tus manos. ¿O acaso no sabes que Dios nos pone como administradores de los bienes de la tierra para que también otros seres puedan beneficiarse? Entonces, pues, comienza a trabajar con tu propia persona, que eso es lo que te falta.

― ¿Con mi propia persona? Sigo sin entender qué es lo que me quieres decir.

― Bueno, trabajar con la propia persona significa ir comprendiendo día a día las cosas desfavorables que se van formando, como grandes defectos que van dañando irremediablemente nuestro interior y no dejan que seamos felices, por más que nos llenemos de grandes lujos y comodidades. Pero cuando se llega a comprender que la felicidad no es otra cosa sino un estado del alma, donde todo es luz, paz y amor, es ahí donde comenzarás a percibir los verdaderos valores de la vida, que no tienen nada que ver con los que tú llevas ahora.

― Creo que tienes razón –le dijo Lucas–, porque yo me siento muy mal a pesar que estoy cumpliendo con todos mis objetivos. ¿Será, entonces, que no me conozco? Porque de mi interior nada sé.

― Así es –le contestó Adrián–. ¿Sabes? Te aconsejo que por el momento, te apartes de todo lo que te produce angustia y desasosiego y dedícate a meditar, pensando que si Dios te puso en este mundo es para que seas feliz, libre y sin ataduras, porque las cosas materiales sólo sirven para nuestro bienestar, pero como no tienen la capacidad de poder hablarnos, por más bonitas o costosas que sean, no nos deben importar más de lo necesario. No dejes, pues, que la sed de la ambición te consuma, y más bien considera lo que necesita tu alma para que sanes y te haga feliz, porque lo que ella sólo desea es permanecer despierta a la aurora, aspirando el perfume que exhala de su corazón noble, y no la hagas morir más perturbando sus sentidos, anhelando sólo cosas muertas que terminan por conducirnos al hastío.

― Ahora, siento que me hablas con mayor claridad –le dijo Lucas–, porque me estás haciendo reflexionar en cosas que no había percibido en absoluto. Y pensar que yo buscaba la alegría de vivir, sin entender cuál era la razón verdadera por la cual Dios nos pone acá en la tierra.

― Pero lo importante es que ahora ya estés comprendiendo lo que tenías vedado a tus ojos –le contestó Adrián.

― Sí –le dijo Lucas–, porque ahora estoy entendiendo que he vivido sólo de ilusiones y esperanzas vanas, sin darme cuenta que con todo lo que he obtenido hubiese podido hacer tantas cosas buenas. Seguramente, por esta causa me deprimía con facilidad. Pero dime, ¿qué debo hacer para que mi estado de ánimo sea más parejo y no sentirme más enfermo? Porque ahora comprendo que llevo muy clavada en mí la enfermedad de mi alma, que no me deja sonreír como quisiera hacerlo.

Adrián le dijo:

― ¿Te acuerdas lo que te aconsejé hace un momento?

― ¡Ah, sí, lo recuerdo! Me dijiste que me dedicara a meditar y otras cosas más que ahora no las tengo en mente.

― Bueno –le dijo Adrián–, eso era de esperar, porque en ese momento no estuviste tan atento como lo estás ahora, y si sigues así, dentro de muy poco tiempo, quién sabe, te vea sonreír aunque vivas en medio de calamidades. ¿Sabes? La vida espiritual es la que te va a dar la verdadera alegría.

― ¿Y cómo tenerla?, –le dijo Lucas. ¿Será que tendría que despojarme de todos los bienes que he ganado con mi esfuerzo para no tener ya ataduras?

― No, no es así, pero lo que sí tienes que despojarte es de tus egoísmos y de tus ambiciones insanas, y cuando te esfuerces por combatir estos males saldrá también de ti la realidad falsa que tontamente has creado.

― Sí –le contestó Lucas–, ahora sé que es mi alma la que me va a dar todo si comienzo a crecer con ella a la manera de Dios. Gracias, amigo, qué bien he hecho en escucharte, porque siento como si me hubieras devuelto mi propia vida. Realmente, yo no era feliz, ahora sé que lo que me va a dar la verdadera alegría es cuando termine de comprender que tengo que llegar a ser feliz con lo que soy, viviendo en todo momento con plenitud y gozo en el corazón.

Adrián, al escuchar a Lucas, se alegró enormemente, conociendo ya que su amigo iba a sanar de todos los males que hacen que el alma enferme. Y se dijo:

― Cuando esto suceda, Lucas estará feliz y contento viviendo con un solo ánimo el resto de sus días.

Y se despidió de él muy sonriente.

Fin

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