El Mar que se convirtió en Rojo Sangre. Cuentos y reflexiones

El Mar que se convirtió en Rojo Sangre. Cuentos y reflexiones

El Mar que se convirtió en Rojo Sangre. Cuentos y reflexiones

El mar que se convirtió en rojo sangre. Escritora peruana de cuentos y reflexiones.

El Mar que se convirtió en Rojo Sangre. Cuentos y reflexiones
Un día, un hombre salió a pasear y al ver a unos niños que estaban jugando les invitó a que se acercaran. Y como veía que uno de ellos tenía una gran soberbia, les dijo:
— Escuchen lo que les voy a narrar.
— Se cuenta de un mar que se veía grande y hermoso, porque siempre brillaba con el resplandor del astro rey. Todos los peces, grandes y pequeños vivían felices, buscando sólo el calor tierno debajo de sus olas porque era bueno y humilde. Pero un día, el mar, al ver que en sus olas, como manos que arrullan se hallaba la ternura, quiso también probar si en su voz se hallaba la dulzura. Y viendo que los peces, sin ser llamados a sus pies caían, empezó a sentir un poder que no le pertenecía. Entonces, se enfermó. De celeste cielo que era, fue cambiando de color a rojo sangre. Y los peces muy tristes empezaron a morir, porque el mar había embravecido.
Y una voz que le hablaba desde lo más profundo de su naturaleza, conociendo que al mar le faltaba sabiduría, le dijo:
— ¿Qué es lo que te ha sucedido?
El mar le respondió:
— No lo sé, pero estoy triste y malhumorado, porque siento que algo extraño ha ingresado a mí.
— ¿No crees que eso extraño que sientes en lo más profundo de tu naturaleza, se debe a que la soberbia ha ingresado a ti sólo para contaminar tu corazón haciéndote daño, no sólo a ti sino también a los demás? Porque tus pececillos, a los cuáles cuidabas con amor, al sentir tu cambio han empezado a morir dejando mal olor.
— ¿Será esta la causa por la que yo he perdido lo que me hacía feliz? ¿Pero por qué no me he dado cuenta?, –contestó el mar.
— Porque tú desconoces lo que existe en lo más profundo de tu naturaleza, y por esta causa, al presentarse diversas corrientes que no pudiste manejar, cambiaron tu cauce y esto ha he¬cho que pierdas tu brillo. Por lo tanto, faltaste también a la autoridad divina.
— Debe ser así, porque ahora me encuentro muy apagado y efectivamente siento ya que no brillo.
— ¿Y sabes por qué te ha sucedido esto?, –le dijo la voz–. Porque perdiste tu humildad, que es la que nos hace brillar ante los demás, pero cuando te recuperes eliminando tu soberbia, volverás a iluminarte y todo regresará a su cauce normal.
El mar le volvió a preguntar:
— ¿Y cómo recuperaré mi brillo?, ya que ahora me encuentro tan confundido y no sé de qué forma volveré a ser el mismo.
— Lo recuperarás cuando te hagas verdaderamente consciente de lo grande que significa ser humilde, ya que esta es la sabiduría que hace que uno se convierta en un foco, que se prende entre las sombras y hace que hermosee su imagen.
— Entonces, trataré cada día de ser mejor, tomando muy en cuenta la autoridad divina que manda con la fuerza de la verdad. Y si algún día el Señor me da poderío, lo haré bajo Sus Leyes, las que me mandarán a edificar y no a destruir [1] la obra que Él quiso hacer en nosotros desde el principio, para que nos amemos como hermanos, sin olvidar que seremos ensalzados por Él sólo cuando nos hagamos humildes [2].
De pronto, el mar, después de expresar lo que ya sentía en su corazón, comenzó a recuperar su color celeste cielo y su imagen brilló aún más con el resplandor del astro rey.
Cuando el hombre terminó de hablar, les preguntó a los niños:
— ¿Han podido observar con qué facilidad el hombre puede caer débilmente desviando el rumbo de su vida?
Los niños le contestaron:
— Sí, pero, ¿cómo hacer para que esto no suceda?
El hombre les respondió:
— Cómo, ¿no han comprendido bien el cuento? Sólo poniéndose bajo la dirección del Señor escucharán todo desde su interior. Así, el hombre no escuchará la voz que lo conduce al mal o lo desvía.

Fin

[1] 2ª Corintios 13:10
[2] Job 5:11

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