El genio de Dios


El genio de Dios. Bibiana Emilia Posso, escritora colombiana. Cuentos para jóvenes y adultos. Historias de niños pobres. Cuentos espirituales.

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Una mañana mientras caminaba por una calle de una ciudad llamada Florida, Andrés pensaba cómo hacer para que aquellas pocas monedas que su mamá le había dado le rindieran y pudiera llevar algo para el desayuno, de él y su mamita, ya que ellos vivían los dos, porque el niño no tenía papá.

Eran una familia muy humilde. El muchacho tenía 9 años, así que era un poco distraído, tanto que no se había dado cuenta, que era la segunda vez que pateaba una alcancía con forma de lámpara, cuando al fin cayó en cuenta que algo estaba en el suelo, se agacho y lo levantó, le causó curiosidad porque la lámpara tenía una frase que decía: “Deposita aquí tus monedas y se te concederán tus deseos”.

Él lo pensó dos veces antes de echar las monedas, puesto que era lo único que poseía y de pronto su madrecita lo regañaba, cuando llegará a casa sin nada para el desayuno. Pero se acordó de él cuento que le había narrado su maestra en el colegio, “Aladino y la Lámpara maravillosa” y como los niños tienen tanta imaginación, se dijo: bueno mi mamita comprenderá que es por el bien de los dos, de repente el genio nos conceda riquezas, y no aguantemos hambre nunca más y podamos comprar una casita, muchas cosas pensó en ese momento y por fin introdujo las monedas en la ranura de la alcancía.

Pero…pasado unos minutos y después de frotar la lámpara no ocurrió nada, así que el niño se enojó y pateó lejos la alcancía, de pronto pensó que si no salía ningún genio tal vez la podría romper en la casa con su madre y finalmente ella no lo regañaría y se pondría feliz, así que la recogió nuevamente y siguió caminando de regreso a casa, por el camino se encontró con dos Monjitas, que estaban frente a un gran Portón, que tenía un letrero grande que decía: Los pequeños Soñadores” Orfanato, al mirarlas sintió tristeza, porque aquellas dos mujeres estaban llorando, entonces Andrés se les acercó y les preguntó: ¿Por qué lloran?, qué les sucede?, Por qué están tristes?

Ellas lo miraron y con ternura le respondieron; porque tenemos una deuda muy grande y nos van a quitar esta propiedad, y los niños que cuidamos se van a quedar sin hogar. El niño que tenía un corazón tan grande, les entrego el único tesoro que poseía, la lámpara que se había encontrado.

Las hermanitas recibieron el regalo, sin saber que esta sería la solución a sus problemas. Al rato le pegaron con un martillo varias veces a la lámpara, hasta que al fin se rompió, sorprendidas se miraron, porque no solo tenía billetes, monedas, sino que allí había varios cheques, el monto fue alto y pudieron cancelar la deuda del orfanato y también pudieron proveer de Alimentos este sitio. Estaban felices, así que agradecieron a Dios y a aquel angelito que no conocían, pero que había llevado tantas bendiciones a este hogar.

Pasado algún tiempo, las hermanitas iban por la calle que quedaba cerca de una verdulería, donde ellas compraban los alimentos, allí se encontraron con un niño, que estaba sucio, con las ropas harapientas, las monjitas lo reconocieron, era Andrés, entonces le preguntaron qué porque deambulaba solo, el muchacho respondió con tristeza que su madrecita había fallecido, y que era el único familiar que tenía. Así que ellas lo llevaron a Los Pequeños Soñadores, el orfanato, que el un día había salvado de ser cerrado.

El creció en este lugar, fue educado con amor, con buenos principios y sobre todo le inculcaron el respeto y el amor a nuestro Creador. Andrés fue un hombre de Dios, llegó a ser un sacerdote, muy querido y admirado en su comunidad.

Él les contaba a diario a sus feligreses, en forma de parábola, la historia de su vida, de cómo había descubierto un ser más poderoso que un superhéroe ,más amoroso y misericordioso que aquel genio de la lámpara de Aladino, y que gracias a todo lo vivido y a que este personaje antes desconocido, lo había puesto en esa calle, a la hora y en el lugar adecuado, él había recibido muchas bendiciones y las seguía recibiendo aún, por todo esto el concluía sus misas diciendo: Gracias a él hoy por fin he descubierto, que “El genio es Dios”.

Fin

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