Un ángel sin alas – Capítulo V



Un ángel sin alas – Capítulo V. Liana Castello, escritora argentina. Cuento infantil en capítulos. Ilustraciones de Nuria Jiménez.

Capitulo V

Un ángel sin alas   Capítulo V


Al acercase a la casa, el angelito vio cosas que, aún a sus ojitos nuevos, le parecían extrañas. Durmiendo en la puerta, encontró a un perrito con pétalos, por lo que pensó que el perro antes de ser perro había sido una flor.

En el techo de la vivienda había una chimenea de la cual salía una frondosa copa, por lo que dedujo que la chimenea había sido antes un árbol.

Nada era del todo lo que debía ser. Evidentemente la fama que tenía Tito, había sido bien ganada pues al parecer todo lo transformaba. Cuando iba a golpear el chocolatín con picaporte que encontró por puerta, salió a su encuentro el mago Tito.

– ¡Yo no fui! ¡Yo no fui! ¡Yo no lo hice! – Gritaba mientras agitaba su varita mágica convirtiendo cuanta cosa encontraba a su paso, en otra.

– ¿No hiciste qué? – preguntó el angelito un poco preocupado pues temía ser convertido en, por ejemplo, un tallarín con tuco.

– No se, pero yo aclaro por las dudas, no sea cosa que me culpen. Siempre me culpan de convertir las cosas en otras – gritaba el mago mientras convertía las pocas flores que quedaban en pastillas de menta.

– Yo no te acuso de nada, solamente quiero saber si viste un par de alitas.

– ¿Alas de avión? – Preguntó Tito sin dejar de agitar su varita- déjame ver… déjame ver… el otro día vi. Un auto pasar y lo convertí en un ratón que no sabes lo rápido que se mueve ahora, pero alas, no. Seguro que no he visto ¿Por qué?

– Porque soy un ángel y se supone que debería haber nacido con un hermoso par de alitas y no las tengo ¿seguro no has visto un par?

– Dudas de mi ¿verdad? ¿Crees que yo tengo algo que ver con la desaparición de tus alitas? – comenzó a quejarse el mago, quien –como ya estaba enojado- agitaba aún más la pobre varita.

Todo comenzó a dar vueltas de una forma inesperada. Perros con pétalos, flores con dedos, puertas de chocolate comenzaron a elevarse llevadas por el viento producido por la varita. Los pocos árboles que seguían siendo árboles parecían empezar a desprenderse de sus raíces.

El remolino arrasaba con todo, hasta con el asombrado mago cuyos piecitos se movían inquietos buscando el suelo sin éxito. Tito se asustó mucho. Le gustaba la magia, pero no tanto como para salir volando y destruir todo. Sus ojitos temerosos buscaron los del angelito, quien con suma tranquilidad estiro su brazo y le quitó la varita de la mano al mago.

Como por arte de magia, o mejor dicho, como por magia de ángel, todo se calmó. El viento cesó y Tito pudo feliz poner sus piecitos en tierra firme.

– ¡Gracias, muchas gracias por salvarnos! – Gritaba el pequeño mago saltando de alegría

– No era mi intención destruir nada, creo que deberé usar mi varita con más cuidado de ahora en más.

– Eso creo realmente, sin dudas podrás hacerlo – contestó el angelito.

– ¿Cómo puedo recompensarte? ¿Qué puedo hacer por ti? Ah… ¡ya se! ¿Quieres que convierta ese par de piedras en dos alitas para ti?– preguntó entusiasmado.

– No gracias, deja que las piedras siguen siendo piedras ¿no te parece mejor que las cosas sean lo que son y no transformarlas en algo con lo que no deben estar felices?

– Creo que tienes razón, pero aunque sea por última vez, tu necesitas un par de alitas y yo puedo hacer algo al respecto –suplicó Tito agradecido.

– No, gracias de corazón. Prefiero seguir buscando, alguien tiene que saber qué ha pasado con mis alas.

– Como desees ¿has buscado en la playa? Es buen lugar, la marea lleva y trae todo tipo de cosas, tal vez se ha llevado tus alitas

– Buena idea, iré a buscar por allí, gracias amigo y ya sabes, trata de dejar a las cosas y sobre todo a los seres tranquilos, cada uno es lo que debe ser.

Continuará

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Capítulo II

Capítulo III

Capítulo IV

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