Un cuento para aprender

Un cuento para aprender. Lina Mercedes Serrano Vargas, escritora de Panamá. Cuentos educativos. Educación vial para niños. Qué tristes estaban aquella mañana las líneas blancas de la esquina de la calle. Casi se podían escuchar sus pequeños quejidos de cemento y pintura blanca. -¿Por qué no nos usan? ¿Somos tan insignificantes acaso? El accidente de […]

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Un cuento para aprender. Lina Mercedes Serrano Vargas, escritora de Panamá. Cuentos educativos. Educación vial para niños.

Qué tristes estaban aquella mañana las líneas blancas de la esquina de la calle. Casi se podían escuchar sus pequeños quejidos de cemento y pintura blanca.

-¿Por qué no nos usan? ¿Somos tan insignificantes acaso? El accidente de ayer no habría ocurrido si el señor que cruzaba nos hubiese tomado en cuenta. ¡Si somos tan fáciles de usar! Tan sólo tienen que caminar sobre nosotras y ya está.

El puente elevado las miró y con voz lastimera dijo:

-No se sientan poquita cosa, mírenme a mí, imponente, soberbio y las personas prefieren ignorarme y cruzar la calle como si su vida no les importara.

-¿Y qué dicen de mí? – preguntó el semáforo – ¡Más vistoso que yo ninguno! Tres lucecitas que son la diferencia entre salvar la vida o sufrir un accidente y les da igual. ¿Para qué sirvo? Nadie me mira. ¿Qué no les han enseñado que mi lucecita roja significa que pueden cruzar sin peligro? Nadie nos toma en cuenta

Tan concentrados estaban en sus desdichas que no se percataron de la que sucedía, la señal de alto les llamó la atención sugiriéndole que miraran lo que ocurría. Eran dos niños con uniforme de escuela que se disponían a cruzar la calle.

Uno de ellos dijo:

- Bueno, ahora si vamos a aplicar o que aprendimos hoy con la maestra, dame tu mano.

-¿Ahora qué debemos hacer?

-Vamos a pararnos cerca de las líneas blancas ¿y luego?

-Esperamos a que el semáforo esté en rojo y miramos hacia los dos lados y si no viene ningún auto, cruzamos.

-¡Correcto!

Una señora también se disponía a cruzar y en su empeño en hacerlo rápido no se percató que un auto se acercaba. Los niños le gritaron ¡Señora, cuidado! La señora muy asustada se detuvo y agradeció a los niños.

-¡Venga con nosotros que hoy aprendimos a cruzar la calle! Y juntos se fueron.

A lo lejos se escuchó a uno de los niños decir:

- Ahora hay que usar el puente elevado.

-¡Qué útiles son las señales para cruzar! – dijeron ambos niños y riendo se marcharon.

Las líneas blancas, el semáforo y el puente sonrieron, aún había esperanzas y su existencia no era en vano.

Fin


Un cuento para aprender

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