Rebe y el rayito de sol

Cuentos sobre el sistema solar

Rebe y el rayito de sol es uno de los muy interesantes cuentos sobre el sistema solar escrito por Margarita Ruiz, un cuento educativo sugerido para niños a partir de nueve años.

En verano, muy temprano en la mañana, el sol se metía en el cuarto de Rebe y le molestaba ese impertinente rayito que retozaba ante sus ojos y se le colaba en la cama sin haber sido invitado.

Sin embargo, un día ocurrió algo que hizo que, a partir de ese momento, el rayito fuera su gran amigo.

Efectivamente, la niña se había tapado la cabeza con la sábana para tratar de escapar del intruso, cuando oyó una voz que, muy cerca de su oído, murmuraba:

– ¡Mira que haber venido desde tan lejos para que esta chiquilla se me esconda y proteste por mi presencia! Eso es porque ella no sabe que sin mí, no habría vida en su planeta…

Rebe se volteó rápidamente, pero… ¡allí no había nadie!, sobre la sábana solamente brillaba, con expresión molesta, nada menos que… ¡un rayito de sol! ¿Sería él, ese intruso, quien murmuraba algo sobre que sin él no habría vida en no sé dónde?

La niña se convenció de que ésta, aunque pareciera increíble, era la verdad cuando vio que el rayito se acercaba aún más a ella y le decía:

– ¿Qué estás mirando con esa cara de tonta? ¿Por te escondes bajo la sábana? Vamos a ver ¿has pensado alguna vez en quién soy yo, de dónde vengo?

– Bueno – contestó, indecisa, ella -, vienes del sol, eso lo sabe todo el mundo…

– Desde luego que vengo del sol y soy la luz, el calor, la vida. Doy a todo lo que te rodea la claridad de los días y la temperatura precisa para que existan y se desarrollen las personas, los animales, las plantas. Si no fuera por mí, no estarías tú aquí; tienes que alegrarte cuando yo llego, ser mi amiga y conocerme. Es el sol quien da toda la energía que mantiene la vida, porque los alimentos que consumes tanto tú, como los animales, y los combustibles que se usan, lo mismo para encender un quinqué, que para poner en movimiento una nave espacial, proceden de las plantas que utilizan la energía del sol, a través de un fenómeno muy interesante: la fotosíntesis.

– Foto… ¿qué? Mi papá nos toma fotos, pero nunca lo he oído hablar de “fotos sin tesis”.

– Niña tonta, no se trata de fotos a las que les falte una tesis, sino de un proceso mediante el cual, nosotros, los rayos del sol, convertimos en las plantas a las sustancias simples, como el agua y otras, en compuestos más complicados.

– Bueno, yo sé que comer vegetales y frutas es muy bueno, pero yo me alimento de muchas otras cosas…

– Claro, pero ¿no se te ha ocurrido pensar que los pollos, las vacas, los cerdos, los chivos y casi todos los animales que ustedes los humanos comen, se alimentan de vegetales? Y no me vayas a preguntar, por ejemplo, por los dulces, porque el azúcar se hace de caña o remolacha, el chocolate viene del fruto del cacao y así puedo seguir poniéndote ejemplos…

– ¡Ah!, pero no has dicho nada de los peces, hasta ellos no llegas.

– Claro que sí, mi energía llega hasta los que viven en las aguas más profundas. Ellos se alimentan de otros peces o de las plantas que se han podrido, gracias a mi calor y se han hundido en el agua. Además, la vida en tu planeta, que se llama Tierra, pero que tiene más agua que tierra, surgió en el mar. Hace muchos años, nosotros, los rayos de sol, traíamos acá energía. Nos ayudaron otros rayos, los de tormentas, muy frecuentes en aquella época. Esto hizo que poquitos chiquiticos ya existentes, de sustancias tales como el agua, el amoniaco y el metano, comenzaran a hacerse amigas y a combinarse y combinarse entre sí y unidas, dieran lugar a nuevas formas, que también se unieron y, poco a poco, de una manera que aun los científicos no saben muy bien, se llegó a crear la vida.

– Oye ¿y los peces no se las comían?

– ¡Qué peces, ni peces! No había todavía vida, ¡cómo iba a haber peces!

– Verdad que sí, lo que pasa es que no me imagino el mar sin peces. Sigue, sigue…

Rebe no comprendía algunas de las explicaciones, pero escuchaba boquiabierta y el rayito continuó:

– Estoy seguro de que si te dicen que vengo de una estrella, no lo creerías.

– Claro que no, las estrellas son las que brillan de noche, tú brillas de día.

– Si, pero resulta que soy una estrella, la que reina en el Sistema Solar, soy el centro de éste, a mi alrededor giran los planetas y el tuyo, la Tierra, es el tercero de ellos. Me ves brillante y sientes mi calor porque estoy cerca, bueno, a la distancia exacta para que haya vida aquí…

En ese preciso momento, Rebe oyó hablar a su mamá y a su hermana, le sonrió al rayito y se hizo la dormida, cubriéndose la cabeza con la sábana porque ¿quién le iba a creer que era amiga de un rayo de sol?

Fin

Cuento educativo sugerido para niños a partir de nueve años

Rebe y el rayito de sol es uno de los muy interesantes cuentos sobre el sistema solar escrito por Margarita Ruiz, un cuento educativo sugerido para niños a partir de nueve años.

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