Monín. Cuentos cortos con moraleja

Monín. Cuentos cortos con moraleja

Monín. Cuentos cortos con moraleja

Monín. Cuentos cortos con moraleja para niños. Cuentos infantiles con audio. Relatos.

Tema del cuento: La mendicidad

 

Había una vez un perrito callejero que se llamaba Monín. Había nacido en un basurero y tenía 6 hermanitos. La mamá  de Monín, se llamaba Pila, era una perra blanca, grande, que acompañaba a Fercho, un señor que vivía de pedir limosna debajo de un puente. Fercho  tenía las piernas torcidas y le gustaba mostrarlas para que la gente le tuviera lástima y así le dieran más monedas. A Monín le gustaba bañarse en el caño y salía muy embarrado. Pero a Pila eso no le importaba. Ella también estaba acostumbrada al mugre porque decía que así los empleados de la perrera municipal no la subían al camión donde recogían a los perros para llevarlos …no se sabía bien donde…se decía que allí los mataban y los volvían salchichas…

Monín un día iba por la calle cuando pasó un niño que se lo quedó mirando y dijo…qué perrito tan lindo, lástima que sea tan sucio!  -Lino, ven no te quedes jugando con ese perrito, es callejero y debe tener pulgas! Gritó la mamá del niño.

Por primera vez Monín se preguntó si no sería mejor estar limpio para que un niño como este lo llevara a su casa. Entonces le pidió el favor a la gata Pamina, vecina de su casa, que le ayudara a lamerse y ella lo lamió hasta que quedó limpio y reluciente. Luego fue al charco y se miró y se vio por primera vez el pelo blanco y los ojos brillantes y pensó que era un perrito muy bonito. En esas estaba cuando se acercó Pila  y le dijo -Ay Monín, pero en qué estás pensando, ¿acaso quién te crees?,  nosotros no somos como esas mascotas que salen por televisión, como Lassie o Snoopie, nosotros somos callejeros y acompañantes de mendigos. Si te limpias tanto, ningún mendigo va a querer tenerte de compañía! Y a los mendigos les dan mucha comida!  Además si fueras la mascota de un niño tendrías que levantarte temprano, bañarte, hacer ejercicio, ser educado, cuidar la casa ,  hasta te podrían vacunas! , no eso es muy difícil…

Pero Monín pensó que lo más importante no era la comida …y que las cosas difíciles son precisamente las que valen la pena…que le gustaría aprender a hacer gracias y acompañar a un niño al colegio…pero no dijo nada y se fue a dormir muy triste. Sabía que su mamá tenía razón. El había nacido para ser un perro callejero.
Al otro día, como de costumbre, Pila  fue a sentarse debajo del puente con Fercho. Había dormido mal porque las pulgas y el frio no la dejaron pegar un ojo. Y sus perritos querían que ella les diera de mamar, y ella ya no tenía leche! Lloraron hasta muy tarde…Monín pensó que tenía que hacer algo. Estaba pensando qué hacer cuando sonó un chirrido de llantas y un golpe tan fuerte que lo dejó paralizado de terror. Era un camión que se había estrellado contra el puente dejando malherido a Fercho. Monín se puso a ladrar tratando de que un carro parara y recogiera a Fecho pero nadie quería detenerse y Fercho estaba cada vez más débil. Monín no quería que Fercho muriera, al fin y al cabo era el amo de su mamá…y era un buen hombre. Al fin Monín vio que se acercaba un carro y …oh sorpresa, era el carro de la perrera municipal.

Olvidando sus temores Monín se paró en medio de la calle y el carro se detuvo. El conductor quería recoger ese perrito tan bonito (¡recordemos que Monín estaba lamido de la gata!) pero al ver al herido lo recogió y lo subió para llevarlo al hospital. Con él se subió Monín. Ya en el hospital las enfermeras que bajaron a Fercho se dieron cuenta de que también allí venía un lindo perrito. …Una de ellas dijo…qué lindo perrito, se parece al que ví el otro día…¿será él? No, no creo, este está muy limpio y no tiene pulgas… Monín se puso muy contento y por la noche, en secreto, se subió al carro de la enfermera y se fue a su casa. La sorpresa que se llevó Eva fue mayúscula. Y Monín también quedó sorprendido, pues el hijito de Eva era nada más ni nada menos que su amigo Lino!  Al verlos tan contentos a Eva no le quedó más remedio que aceptar que Monín se quedara y fuera la mascota de la casa… Lino le enseñó a ser limpio, a cuidar la casa y Monín nunca más fue perezoso y sucio.

Fin

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Autora del cuento: Clara Camargo

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