¿Dónde están los libros? – Capítulo VII

Niños que no leen

¿Dónde están los libros? – Capítulo VII es una de las historias en capítulos infantiles de Niños que no leen escrita por Liana Castello sugerida para niños a partir de los nueve años.

VII – Tiago pide otro deseo

Por la mañana, Fran volvió a su casa. Tiago no estaba de muy buen humor, se había dormido tarde y el tema de la desaparición de los libros no lo tenía nada bien, las cosas se habían complicado demasiado. De pronto recordó a la pobre abuela que seguía en reposo y como se sentía culpable de haber hecho desaparecer el libro que la hubiera curado más rápido, decidió ir a visitarla.

Le pidió permiso a su mamá y salió de su casa. Se detuvo en el quiosco de flores de don Cosme a comprar un ramito de jazmines para su abuela. El anciano tenía una expresión triste en su rostro y Tiago le preguntó qué le ocurría.

-No estoy bien m’hijito, desde que no hay libros, mi vida no es la misma.

Tiago seguía sorprendiéndose de la importancia que todos daban a los libros ¿quién estaba equivocado? ¿Él o todos los demás?

-No sabes la compañía que significa un libro, cuando lees nunca estás solo. ¿Sabes? Yo nunca he podido viajar, pero gracias a todos los libros que he leído conozco al dedillo muchos países. Es hermoso estar pendiente del final de una historia y desear que llegue ese momento de leer para saber qué será lo próximo que les ocurrirá a los personajes.

Tiago lo escuchaba con mucha atención, nunca había visto las cosas de ese modo.

-Necesito un libro, hijo, necesito una historia que me saque esta tristeza.

¡Ay, no irá a pedirme que le cuente un cuento ahora, ya con Fran tuve suficiente! -pensó el niño. Pero no fue así, don Cosme quería tener sus libros con él, tocarlos y volverlos a leer una y otra vez.

Tiago, una vez más se sintió muy responsable o, mejor dicho, culpable de la tristeza de ese hombre. Nunca, jamás, hubiera imaginado que ese deseo que pidió, feo, por cierto, lo reconocía, tuviera tantas y tan malas consecuencias.
Llegó a casa de abuela con las flores en la mano y cuando tocó el timbre, abrió la puerta el abuelo con un delantal rosa con florcitas blancas que, a decir verdad, lucía mucho mejor en la cintura de su abuela.

-Pasa m’hijito, pasa, la abuela está en la cama, ya estoy contigo voy a ver la carne que tengo en el horno porque siento olor a quemado.

Tiago pasó a ver a la abuelita con un poco de temor. El pie ya no estaba tan morado pero aún tenía aspecto de berenjena. Le alcanzó las flores y le dio un beso y un abrazo.

-¿Qué tienes, pequeño? -preguntó la abuelita, que conocía a la perfección a su nieto, se dio cuenta de que al niño le pasaba algo.

-He hecho algo malo abuela y tu pie hinchado también es culpa mía.

-¿Qué dices, niño? Yo me tropiezo todo el tiempo, tropecé con ese trencito como podría haberlo hecho con cualquier otra cosa.

-No, abuela, no se trata de eso, es otra cosa.

-¿Quieres contarme?

-Es largo abuela, muy largo.

-Tengo tiempo hijito, cuéntame lo que quieras.

-¡¡¡Fuego fuego!!! -se escuchó de pronto.

Entró el abuelo con los pocos cabellos que le quedaban algo chamuscados.

Antes de que la abuela o Tiago pudieran preguntar qué había sucedido, el abuelo comenzó a contar cómo se le había quemado la carne y se le había prendido fuego la sartén con aceite y unas cuantas desgraciadas culinarias más.

-Creo que tendremos que pedir comida, viejita dijo el abuelo no soy bueno en la cocina.

-Deja abuelo, voy a casa y le pido a mamá que les haga algo para la cena.

-No es por despreciar, m’hijito, pero dile que lo haga si se acuerda bien la receta, si no, mejor déjalo, no tengo un buen recuerdo de mi fiesta de cumpleaños.

-No te preocupes abuelo, traeremos algo rico.

Tiago prometió pasar al día siguiente para charlar con su abuela. El abuelo lo acompañó hasta la puerta y lo despidió limpiándose las manos en el delantal rosa con flores blancas.

-Perdona el susto, pequeño, los quehaceres domésticos no son mi fuerte.

Esa noche Tiago tomó una decisión. Ese feo deseo que había pedido había sido efectivo, demasiado, y solo había traído tristeza y dolor a muchas personas.

-Será cuestión de pedir el deseo inverso -dijo en voz alta- tengo que enmendar este error.

Dindón, que había pasado solito todo el día arriba del armario, lo miraba y escuchaba atentamente.

-Pues bien -dijo el niño antes de dormir- deseo con todo mi corazón y con toda la fuerza de mi alma, que vuelvan todos los libros, todos, todos, todos.

Y repitió el deseo en voz alta, hasta que el sueño lo venció.

Continuará…

Todos los derechos reservados por Liana Castello

Capítulo VI

Cuento sugerido para niños a partir de nueve años

¿Dónde están los libros? – Capítulo VII es una de las historias en capítulos infantiles de Niños que no leen escrita por Liana Castello sugerida para niños a partir de los nueve años.

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