Clarita y su amigo Adolfo

cuentos de animales para niños con moraleja

Clarita y su amigo Adolfo es uno de los bellos cuentos de animales para niños con moraleja escrito por Gladys Gutiérrez Fernández, un cuento sugerido para niños a partir de siete años.

Clarita, es una niña alegre y trabajadora. Vive en el campo junto a sus padres y hermanos.

Todos los días sale al bosque a recoger leños que su mamá necesita para encender fuego en la cocina.

En su morralito guarda frutos que encuentra en el campo.

Un día cuando estaba entretenida recogiendo unas manzanas silvestres, apareció un conejo. Él muy asustado trató de escaparse, pero ella le habló con una ternura tan grande, diciéndole:

_ ¡Conejito!: ¡Qué alegría verte por estos lados! Yo creí que no vería a nadie para conversar un ratito.

El conejo tímidamente dio unos saltitos y se acercó a ella.

Clarita le siguió hablando como si fuera una persona, entonces lo invitó a recoger leña.

Conejito se sintió muy feliz.

Cuando tenían leña suficiente para cargar, se fueron camino a casa. Entonces Clarita lo quedó mirando y le dijo:

_ ¿Qué te parece si te llamo Adolfo?

_ ¿Quieres llamarte Adolfo?, le preguntó al conejito, y él todo confundido le dijo que sí.

Entonces, siguieron caminando y conversando. Cuando Clarita le llamaba por su nombre ‘Adolfo’, conejito se reía haciendo castañetear sus dientes, y eso significaba que se reía.

_ ¡Qué gracioso eres!, dime,

_¿Vives cerca de aquí?

_ Sí, le contestó Adolfo, hace mucho tiempo que vivo por estos lugares.

Tengo mi casita, allí, ¿ves ese montoncito de arbustos que están en esa vueltecita del cerro?

_ ¡Allí, mira!, donde te indico con mi manito.

_¡Ah!, dijo Clarita, sí la veo, es un lugar muy bonito y hay flores a su alrededor.

_ Y conejito le respondió: sí, es que mi mamá tiene sembrada una huerta con zanahorias y también tiene nabos y esos dan flores muy bonitas.

_ Entiendo, dice Clarita.

-¿Y te quiere mucho tu mamita?

-Por supuesto -responde Adolfo- es que yo soy muy obediente y le ayudo con las tareas de limpiar la huerta para que no se llene de malezas.

_ Y tú Clarita, ¿qué otras cosas haces además de recoger leños?, le pregunta Adolfo.

Entonces ella responde:

_ Como soy la mayor de mi familia, ayudo a mi mamá en los quehaceres de la casa pero creo que cuando mis hermanos estén más grandes, se encargarán de recolectar los leños.

Adolfo la escuchaba atentamente.

_ ¡Hay tanto que hacer en una casa! -Siguió comentando Clarita.

_ Nosotros dormimos en unas camitas y hay que limpiar el piso, sacudir los muebles, preparar la mesa para sentarnos a comer y todos ayudamos.

Mi papá sale a trabajar a otros lugares del campo, y lleva los animales a pastar y en la tarde los trae de regreso al establo. Entonces, llega en la tarde un poco cansado y se alegra tanto cuando nos ve a todos reunidos. Y ahora, que te llevo a mi casa, se sentirá muy feliz.

_ Pero Clarita -dice Adolfo- ¡Apurémonos!, tú mamá debe estar impaciente porque no llegas con la leña y seguro que todavía no ha podido preparar el almuerzo.

_ ¡Uy! apurémonos entonces.

Cuando estaban por llegar a la casa, sus hermanos de lejos le gritaron:

_ ¡Clarita!, ¡Clarita!,

Mientras tanto, mamá Emilia, salió al patio al escuchar porque sus hijos gritaban con tanta alegría, pero vio que Clarita traía tantos leños y venía acompañada de un conejo.

_ ¡Clarita! ¿Por qué tardaste tanto? -me tenías preocupada pensando que te habías extraviado.

_No, no, mamá -responde Clarita- Sabes, me encontré con mi amigo Adolfo, te lo presento.

Doña Emilia sin hacer comentario, saludó a Adolfo, extendiéndole su mano. Adolfo se puso nervioso, porque lo trataban con tanto cariño pero igual, él respondió y extendió su patita derecha.

Mamá Emilia, comenzó rápidamente a echarle leña a la cocina que ya se estaba apagando y algo tenía preparado que olía muy rico.

Todos entraron a la casa y Clarita pasó a su dormitorio. Conejo Adolfo se quedó con doña Emilia mientras Pedro y Carlos lo miraban y corrían dentro de casa, ellos no sabían por qué me llamaba Adolfo, ¡Lo encontraban tan raro!

Al regresar Clarita de su dormitorio les dijo a sus hermanitos: Con mi amigo conejo acordamos que lo llamaría Adolfo así es que ustedes serán muy cariñosos con él y le ayudarán a juntar zanahorias y nabos para que se alimente.

Además, deben saber que él no come comidas preparadas en una cocina a leña, esas que cocina tan rico nuestra mamá. Los conejos comen zanahorias, nabos y otros vegetales.

Luego, llegó el momento tan esperado, sentarse a la mesa para almorzar. Adolfo estaba muy confundido porque no sabía cómo sentarse a la mesa, pero Clarita que era muy inteligente, le preparó una silla con cojines y en su lugar le puso un plato con una zanahoria, unas hojas de lechuga y nabos, muy bien lavados, mientras sus hermanitos, se reían porque veían que Adolfo, siendo un conejo, estaba compartiendo la mesa junto a la familia.

Don Vicente llegó en ese momento Él era un señor muy amable y cariñoso, entonces saludó a doña Emilia y a sus tres hijos, y sin hacer comentario saludó a Adolfo, diciéndole:

_ ¿Qué novedades han habido en el campo, amigo?,

Clarita toda sorprendida, sin dar lugar a que Adolfo respondiera, preguntó:

_ ¡Papá! ¿Acaso, tú conoces a Adolfo?

_ Por supuesto, respondió.

_ Con Adolfo, como tú le llamas, nos encontramos todos los días, cuando voy camino a mi trabajo. Él siempre está muy temprano ayudando a su mamá en la huerta, y a veces me ha regalado algunas zanahorias.

Adolfo, se sintió muy importante porque don Vicente lo reconoció.

Comieron tan animadamente, que no se dieron cuenta de que la hora avanzaba, entonces don Vicente le dijo:

_ Adolfo, se está haciendo tarde y debes llegar temprano a tu casa.

_ Sí, sí, don Vicente, ya me voy. Responde conejito, o sea Adolfo.

Se pararon todos de la mesa y salieron al patio a despedir a este amigo tan entretenido que había encontrado Clarita, invitándole a que viniera con su mamá a tomar onces el próximo domingo.

Fue así como los hermanitos de Clarita vieron la importancia de respetar a los animalitos del campo, cuidarlos y también darles cariño y alimento.

Fin

Cuento sugerido para niños a partir de siete años

© Gladys Gutiérrez Fernández

Registro de propiedad Intelectual Nº 221220 (27.09.2012)

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Clarita y su amigo Adolfo es uno de los bellos cuentos de animales para niños con moraleja escrito por Gladys Gutiérrez Fernández, un cuento sugerido para niños a partir de siete años.

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