El guardián de los sueños – Capítulo V. Cuentos de sueños

El guardián de los sueños - Capítulo V. Cuentos de sueños

El guardián de los sueños – Capítulo V. Cuentos de sueños

Cuentos de sueños. Historias para niños lectores.

Cuento infantil en idioma español sugerido para niños lectores de 9 a 12 años.

Capítulo V – A donde tu vayas, yo voy

Aldebarán salió al jardín cuando los rayos del sol ya bañaban todo en un resplandor rosado, con calma se recostó sobre su barriguita sintiendo el húmedo rocío en el césped y cuidadosamente le acercó el hocico a una florecilla de diente de león … la flor entonces abrió sus diminutos ojos y le hizo un guiño, el guardián sonrió y comenzó a soplar hasta que los finos pelillos de la flor salieron flotando con la brisa, todos los pelillos se dirigieron hacia el oeste para perderse en un sendero olvidado.

El guardián supo que tendría que recorrer ese sendero si deseaba la ayuda de los seres mágicos … sin embargo, aquel sendero era largo, retorcido, oscuro y no había sido recorrido en muchos años, no sería fácil adentrarse en él.

– ¡Decisiones, decisiones! –se escuchaba un susurro-

– ¿Quién anda ahí?- dijo Aldebarán incorporándose rápidamente, pero no logró ver nada o a nadie-

– ¡El guardián necesita tomar decisiones! –susurró la voz mientras una brisa juguetona revolvía el pelaje del oso- ¡el guardián necesita observar, observar con cuidado todas las señales!

Aldebarán supo que podía confiar en esa voz … la voz del viento, que era muy sabio por todo lo que había visto y recorrido, también por todas las voces que había escuchado; el oso observó a su alrededor viendo el follaje de los árboles estremecerse y finalmente miró al cielo, en aquel gigantesco lienzo azul, el viento había dibujado algo, un enorme círculo con líneas entrecruzadas y plumas colgando …

– ¡un atrapa sueños! –gritó Aldebarán-

– un atrapa sueños, una armadura y una filosa espada debe construir mi señor guardián, si acaso el sendero intenta cruzar- susurró el viento-

– ¡Serás un caballero! –gritó de repente el gran búho blanco que ya había despertado-

– Eso indican las señales, amigo búho.

– Pero … buuhoo … aquí no hay quien te haga una armadura buuhoo ¿cómo vas a conseguir esas cosas? Buuhoo

– ¿Nunca has escuchado ese sabio dicho, amigo búho?

– ¿¿buuhoo??

– ¡Donde hay voluntad, hay manera!

La voz del guardián había despertado a Soleil, quien desde la ventana escuchaba atenta la conversación, y al enterarse de que Aldebarán necesitaba una armadura, corrió a la cocina recogiendo coladores de pasta y ralladores de queso, un rollo de papel aluminio, un par de cucharones de latón, los cubiertos de plata de su abuela y un par de charolas para hornear. Y salió corriendo haciendo tremendo escándalo con todos sus artefactos de cocina.

Al llegar al jardín tiró todos cachivaches en el césped mientras Aldebarán y el gran búho blanco la miraban extrañados, hasta que Soleil le puso un colador de pasta en la cabeza al oso y entonces entendieron que con aquellas ollas y charolas podían hacer una armadura.

– buuhoo ¡yo también quiero una armadura!

– ¡no! –gritó el guardián– tu no puedes ir conmigo amigo búho, es muy peligroso.

– Pero necesitas ayuda, sé que me necesitas.

– Es muy arriesgado … –Aldebarán entonces miró a Soleil y notó que sus ojos resplandecían de fiereza y valor, y supo que ella también quería ir, ¡a donde tu vayas, yo voy! Es lo que clamaban los pensamientos de la niña– quizá es lo mejor, iremos los tres, juntos nadie podrá vencernos.

– ¡buuhoo! … pero todavía necesitamos un atrapa sueños.

– De eso me encargo yo, ayúda a Soleil con nuestras armaduras.

El guardián se paró en el centro del jardín y susurró : a todos los guardianes llamo yo, pequeños y grandes por igual, de todos los puntos cardinales, tráiganme sus señales, todos juntos por un bien mayor, préstenme su sabiduría, préstenme su luz, juntos somos invencibles, juntos somos todos la magia que protege aquello que es pequeño, puro y bueno.

Apenas terminó de pronunciar aquellas palabras, el jardín entero pareció despertar de un sueño, los árboles se movían al ritmo del viento y dejaron caer suaves y flexibles ramas que el oso tomó y doblándolas las entretejió para hacer un enorme y fuerte círculo perfecto, apenas lo sostuvo en las garras una decena de arañas salieron de entre los arbustos y treparon al círculo de ramas para empezar a tender sus fuertes hilos plateados elaborando una preciosa y complicada red que sostenía entre el tejido una roca de río, un trocito de cuarzo y el viejo caparazón que había desocupado un caracol, por último llegaron un gorrión, una paloma, un mirlo, un colibrí y por su puesto el gran búho blanco para donar todos una pluma de sus preciosas alas y sujetarlas al enorme atrapa sueños que habían confeccionado.

Acto seguido, guardián, protegida y búho se ataron sus armaduras improvisadas y emprendieron el viaje por el camino oscuro para encontrar la ayuda de las hadas y seres mágicos que aún habitaban en alguna parte del corazón del bosque.

Apenas se habían internado unos cuantos metros en el sendero cuando un extraño rugido estremeció árboles y arbustos que cayeron al piso formando una alta y densa muralla obstruyendo el camino a sus espaldas, ahora ya no había vuelta atrás, la única salida se encontraba hacia adelante. Incluso la luz del sol se había oscurecido; por ello el gran búho blanco lideraba el paso, pues con su vista nocturna bien aguzada podía descubrir cualquier criatura o peligro que estuviera al acecho.

Luego de media hora de caminar en calma, el inconfundible y penetrante espantoso chillido de un halcón rompió el tenso silencio haciendo que los tres amigos se agacharan al mismo tiempo, el búho de inmediato escudriñó el cielo pero no podía ver al ave que cada vez chillaba más y más fuerte.

Pero Aldebarán creyó ver algo cruzar apenas por el rabillo del ojo, de inmediato tomó su escudo de atrapa sueños, e instintivamente Soleil apuntó la luz de su linterna hacia la piedra de cuarzo en el centro del escudo, entonces la descomunal sombra con forma de halcón chilló aún más terriblemente, de repente aulló y se convirtió en temible coyote, luego otro chillido y se volvió una rata, otro chillido y … ¡puff! la luz que emitía la piedra en el escudo de Aldebarán la convirtió en un humo negruzco que el escudo absorbió.

– ¡Era un explorador! –decía con seguridad el guardián–

– ¿buuhoo? ¿explorador?

– Si, ahora saben que estamos en camino … ¡debemos apresurarnos! ¡búho, no importa lo que pase, no voy a permitir que te lastimen ni a ti ni a Soleil.

A partir de ese momento cientos de sombras de todos tamaños y formas comenzaron a acecharlos, con sus garras de doble filo y largos colmillos retorcidos, pero Aldebarán parecía haber sido hecho para esa batalla, aunque tenía una cara tierna y una barriguita suave, se movía como el viento dando certeras estocadas con el atizador de chimenea que le había dado Soleil, aunque el papel aluminio había cedido con los arañazos de las sombras, el resto de su armadura soportaba las duras envestidas, y Aldebarán no dudaba en cubrir a la pequeña con su cuerpo peludo, al igual que el gran búho blanco que también estaba peleando fieramente en el aire con otras tantas sombras malévolas, y tiraba de ellas con su fuerte pico lanzándolas al escudo de Aldebarán que las absorbía a todas como si fuera una aspiradora.

Soleil tampoco se quedaba atrás y repartía estocadas por doquier, imitando a su guardián, pero las sombras enfurecidas se arremolinaban sobre ellos como un enjambre de abejas hasta que se vieron envueltos en una oscuridad profunda y temible poblada de todo tipo de aullidos, chillidos y gruñidos.

Una inmensa sombra que cambiaba de forma entre un gran lobo, una pantera un ogro logró golpear al búho y éste salio despedido hacia un tupido árbol en donde quedó inconciente, la terrible sombra cambió de forma otra vez para atacar a Soleil, en la oscuridad solo brillaban un par de ojos infernales que la miraban con odio, Aldebarán corrió para interponerse entre aquellos ojos y la niña, que asustada había caído, perdiendo parte de su armadura, el atizador que usaba como espada y su linterna. Las enormes fauces de la bestial sombra se abrieron preparadas para hundir los colmillos en la niña, pero se toparon con el escudo de Aldebarán que ante el ataque empezó a resplandecer, la fuerza de la sombra era arrolladora y después de un día completo de batalla el valiente Aldebarán estaba débil, sacando fuerzas del coraje, el oso blandió su atizador justo hacia el ojo derecho de la sombra, ésta se retorció y gritó, pero no se dio por vencida, y empezó a tirar mordidas por doquier, una de ellas aterrizó en el brazo de Aldebarán que sintió como perforaba su endeble armadura y su piel, Soleil lloraba horrorizada e impotente al no poder gritarle a aquella aparición que se detuviera, pero tomando fuerza cogió una rama y golpeó el ojo herido de aquel ser, luego sintió tremendo golpe en el pecho que la dejó sin aliento y todo se oscureció …

Continuará…

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Elizabeth Segoviano © Copyright 2013 TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

Ilustración de Elizabeth Segoviano

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