El guardián de los sueños – Capítulo I

El guardián de los sueños - Capítulo I

El guardián de los sueños – Capítulo I

El guardián de los sueños. Cuentos de hadas

Cuento infantil en idioma español sugerido para niños lectores de 9 a 12 años.

Para E y J que siempre han salvaguardado mis sueños, también para Pk y G.

Capítulo I – Rostro de hada … Boca de bruja

El viento no tiene dueño, ni domador, el viento va, viene, hace y deshace a voluntad. Y no le gusta que nadie intente ser su amo y señor …

Esto lo saben todos los seres mágicos, y también lo sabía Darkleryth, una joven hada que aún estaba aprendiendo a ser un hada; aún así, ella se internó en las nubes y batiendo sus alas con movimientos mágicos que las hacían cambiar de color, intentó hipnotizar al viento para domarlo y así cabalgar por el mundo entero …

Por algunos segundos las ráfagas de viento rodearon a Darkleryth atraídas por su bello resplandor, pero al acercarse al hada se escucharon con claridad sus encantados susurros “¡ventus, ventus, animae ventus, accedere, adducere adequitare!” aquellas órdenes de pertenecer al hada enfurecieron al viento, en cuestión de segundos el cielo entero se pobló de negras nubes cargadas de lluvia que rugían, y centelleaban haciendo temblar el suelo, la brisa antes suave y juguetona se tornó en un vendaval que arrebataba todo lo que encontraba a su paso … incluyendo a Darkleryth, quien intentaba en vano pronunciar alguna palabra mágica que calmara al viento, pues cuando intentaba hablar, un montón de hojas y ramas entraban en su boca, y al cabo de varios minutos de intentar escapar de aquella tormenta sus alas empapadas ya no pudieron volar y quedó a merced del viento, Darkleryth no era más que un guiñapo en las garras del ventarrón y fue revolcada y azotada entre el lodo y la hojarasca hasta que el viento se aburrió y la dejó embadurnada en una ventana, justo como si fuera un molesto mosquito.

Darkleryth estaba exhausta, la llovizna remanente de la tormenta la cubría por completo y solo pudo cerrar los ojos y soñar que estaba volando en algún otro lugar.

Un suave golpeteo en el cristal comenzaba a despertar a Darkleryth, así como entre sueños el hada sintió el cálido toque de unas manos y el tenue brillo de la luz hizo que abriera los ojos, al hacerlo el hada notó que no soñaba, porque de hacerlo entonces estaba en una pesadilla, pues una pequeña humana la tenía entre sus manos.

El corazón de Darkleryth latía tan fuerte que no podía escuchar nada más, en un segundo se le vinieron a la mente todas las historias que había escuchado de los trolls en las que hablaban de lo malévolos y perversos que podían ser los humanos.

El hada pensó que la pequeña humana la encerraría en una jaula y le cortaría las alas para hacerla cantar día y noche, o que la haría pedacitos para verla por un microscopio, o quizá la disecaría y la sujetaría con alfileres colgándola en un cuadro … o tal vez la echaría a una cacerola con agua hirviendo y haría una sopa.

El miedo se apoderó de Darkleryth ¡quería desaparecer! Pero sus alas seguían empapadas y pensó que podía hacerle creer a la humana que todo era un sueño, el hada se paró muy derechita, sonrió, dejó que la pequeña se acercara y entonces dijo : “¡Advere somnious, effugiare somnious … advere obscuritate!” Luego Darkleryth sacudió los dedos y salió una chispa que se posó sobre los ojos de la niña, y después … no pasó absolutamente nada, así que la terca hada repitió “Advere somnius, effugiare somnius, advere obscuritate! ¡Advere somnius, effugiare somnius, advere obscuritate!

De nueva cuenta no pasó nada, la niña tan solo sonrió y sacó un suave pañuelo de algodón, con él secó gentilmente al hada, luego cepilló su cabello, lo trenzó y sacando un cofre de madera le entregó a Darkleryth una linda capa tejida que pertenecía a una de sus muñecas, y todo lo hizo en completo y absoluto silencio, pero sin dejar de sonreír.

Darkleryth estaba sorprendida, quizá no todos los humanos eran tan crueles y perversos como decían los trolls … tal vez los humanos pequeños aún poseían alguna bondad en sus corazones, pero los pensamientos de Darkleryth se vieron interrumpidos por el rechinar de la puerta en la habitación, de inmediato la niña ocultó al hada detrás de una pila de libros y Darkleryth escuchó entonces una voz clara y tierna que le pedía a la niña que se pusiera su pijama y se alistara para dormir, luego … silencio y el sonido inconfundible de un beso en la frente o quizá en la mejilla, y otra vez el rechinar de la puerta.

La niña movió los libros y el hada vio que tenía en las manos una enorme taza de chocolate caliente y espumoso rociado con un poco de fragante canela en polvo, la boca se hizo agua y la niña llenó la cucharilla con chocolate, lo enfrió un poco y le ofreció al hada, quien de inmediato comenzó a beber gustosamente.

Mientras Darkleryth daba grandes y sonoros sorbos al chocolate, la niña tomó un libro de la repisa, lo abrió y se lo mostró, en las páginas había un hermoso dibujo de un bosque lleno de hadas, lo señalaba y luego a Darkleryth.

En ese momento el hada se percató de que la niña no podía hablar, pero su mirada y su rostro eran tan expresivos que realmente no necesitaba hacerlo, así que le confesó a la niña que en efecto, ella era un hada igual a las de su libro. La pequeña sonrió sacando una hoja de papel y lapiz, Darkleryth se acercó y leyó “vuelve cuando quieras, siempre tenemos chocolate”

Luego la pequeña apagó la luz y se recostó sonriéndole al hada mientras el sueño comenzaba a vencerla , Darkleryth también sonrió y notó que sobre la puerta de la habitación estaba un bello cartel con flores que decía SOLEIL.

Gracias Soleil, susurró el hada mientras sobrevolaba su almohada y repetía el hechizo que ella estaba segura le daría sueños placenteros y llenos de fantasías a la niña hasta que se hiciera mayor : ¡Advere somnius, effugiare somnius, advere obscuritate Soleil! Y salió volando por la ventana lista para seguir su viaje y sus aventuras.

Sin embargo tan pronto como Darkleryth dejó a la niña, unas extrañas sombras que parecían provenir de las nubes comenzaron a meterse en la habitación de Soleil, algunas eran más oscuras y más grandes que otras, pero todas parecían buscar ávidamente a la niña. Esas sombras poblaron sus sueños convirtiéndolos en pesadillas, los más profundos miedos de Soleil la acecharon en un profundo sueño que parecía interminable … dicen que para despertar uno debe gritar, pero Soleil no podía gritar.

Afuera el viento observaba intranquilo, sabía que esa hada no actuaba como tal, esa criatura tenía el rostro de un hada, pero la boca de una bruja, y había puesto un maleficio sobre la pequeña Soleil.

CONTINUARÁ …

Autora: Elizabeth Segoviano © Copyright 2013 TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

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Ilustración de Elizabeth Segoviano

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