La princesa de la risa. Cuentos de principes y princesas

La princesa de la risa. Cuentos de principes y princesas.

Cuentos de principes

La princesa de la risa. Cuentos de principes y princesas.

Hubo una vez en la historia del Reino de los Suspiros una princesa muy particular, particularmente bella, particularmente consentida con muy buena salud, se llamaba Alelí.

¿Qué hacía a esta niña diferente de otras doncellas? Tenía la costumbre de reírse con mucha facilidad. Era lindo cuando celebraba algo gracioso o una buena noticia era bien recibida, pero lo malo venía cuando la situación se ponía seria. Tal vez se ponía muy nerviosa, se tentaba, no lo podía evitar. Decía: “Jajjajajjueuejajeuuu” y, una vez que empezaba, seguía durante un buen rato.

El rey y la reina se empezaron a preocupar. ¿Qué pasaría con el tiempo, cuando tuviera que sentarse al trono como toda una reina? En vez de iniciar la paz con otros otros reinos, no tardarían en declararle la guerra porque nada se tomaría en serio.

Fue así que inmediatamente apenas cumplió quince años, convocaron a un consejo de sabios y acordaron curarla. Pero… ¿Qué podrían hacer? Y ante esta pregunta, comenzaron a llegar las propuestas.

Contarle una historia triste hasta que se quedara sin lágrimas, pero claro está después se iba a tener que comprar tantas cajas y cajas de pañuelos, que el castillo iba llenarse de papelitos blancos como en un mundial de fútbol.

Otras de las ideas, era bañarse todas las noches con rosas encantadas, así cuando quisiera reír caería en un profundo sueño, pero al final también se dejó de lado la idea porque si esto lo hacía en una fiesta de gala, la tildarían de floja.

-Ay – dijo el rey – de nada sirve que llore o se duerma en medio de un festín, tiene que aprender a dejar de reír y para ello el que más sabe es el bufón de la corte.

-¡Herminio! ¿Donde está cada vez que se lo necesita? A los tropezones apareció enredado en una cortina pero al querer desenredarse se descolgó con cortina y todo.

-¡Ay Señor! -dijo el rey.

Tomó un tiempo para que un bufón se tomara la propuesta de solucionar así el tema de la risa con seriedad, si fuese por él todos contentos. Finalmente la idea surgió…

Se preparó un gran banquete, solo para el rey la reina, los consejeros y Alelí. Cuando ya estaba por llegar a los postres Herminio inició su show:

-¿Cómo se dice a las princesas que son ahijadas y se creen sortijas?

-Mmmmm no sé- dijo Alelí

-¡Ensortijadas!

-En… en… ajajajajaj juuuuuuummm – Alelí estaba panza arriba muerta de risa.

El bufón paralizado, no sabía si había o no causado efecto. Solo vio que no podía parar. Se detenía y seguía, se acordaba y continuaba, así fue que pasaron tres días completos, pero Alelí se quejaba del dolor de panza.

– ¡Basta, basta… jajajaj!

Y un día Alelí pidió:

-Bufón, quítame la risa ¡Que pare!

Y así fue como Herminio le hizo cerrar los ojos, y se paró delante de ella, diciendo:

-Puedes parar de reír. Cierra los ojos- Al abrirlos, un pequeño frasquito un perfume color rosado viajó hacia su nariz, respiró hondo, entonces sintió una profunda paz, exhalo y dijo:

-Estoy curada.

Fin

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Autora Magalí Fernández

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