Adriana la princesita

PRINCESITA

Adriana la princesita

Adriana la princesita. Cuento infantil de princesas sugerido para niños a partir de seis años.

Era un precioso día de septiembre. En Palacio, todo el mundo estaba alborotado. Había nacido una princesita preciosa.

Tenía una carita redonda con grandes ojos que todo lo observaban. Su sonrisa y sus manitas habían encandilado a todo el reino, que celebraban su nacimiento con una gran fiesta.

Todos querían cuidar de la princesita, que era muy buena y muy tragona. La princesita fue creciendo y a la edad de cinco años era ya muy hermosa y muy lista, pero sobre todo era una niña muy buena.

Jugaba con todos los niños y era buena y amable con todos. Ayudaba a sus amigos cuando lo necesitaban, les escuchaba y les aconsejaba.

Desde niña la princesita era una gran defensora de la justicia y luchaba por ello.

Un día la princesita supo que una niña del pueblo que vendía frutas, había sido víctima de un robo. La niña lloraba desconsoladamente porque ahora no tendría dinero para llevar a casa.

La princesita le dio consuelo y habló con los Reyes para que investigaran lo ocurrido e impartieran justicia.

Los Reyes así lo hicieron, los ladrones tuvieron que devolver la fruta y ayudar a la pequeña a cargar y descargar la fruta durante un año.

Asi pasaban los días en Palacio, hasta que la princesita se convirtió en una hermosa joven. Sus manos eran preciosas, decían que las había heredado de su bisabuela. Sus ojos eran grandes y expresivos y su sonrisa seguía transmitiendo dulzura que era reflejo de su buen corazón.

Todo el reino le consultaba sus problemas y ella trataba de ayudarles en lo que podía.

La Reina y ella se habían convertida en grandes compañeras. Compartían muchas cosas y mucho tiempo. Juntas eran felices, se reían mucho y soñaban con un futuro igual de feliz.

La Reina estaba muy orgullosa de su hija. La quería tanto que temía el momento en el que la princesita tuviera que partir junto con su príncipe a su propio reino, donde seguramente nacerían los principitos que la princesa tanto deseaba tener.

Sin embargo, era tanto el amor que le tenía que deseaba que ella fuera tan feliz como fuera posible, por lo que debería haber nada que enturbiara ese momento.

Cuando la princesita contrajera matrimonio, lo haría en Palacio rodeada de toda su familia que tanto la querían y de todos sus amigos.

La Reina plantó muchas flores en el jardín, de todos los colores, blancas, rojas, lilas, naranjas, verdes…como si fuera un arcoíris para que la princesa que luciría un precioso vestido blanco, vaporoso y con una gran cola llevada por infantitos, fuera la novia más feliz de la tierra.

Su gran corazón hacía que todos la quisieran y desearan toda la felicidad para ella.

Fin

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