Los piratas también se enamoran

Los piratas también se enamoran

Los piratas también se enamoran

Los piratas también se enamoran. Dolores Espinosa, escritora española. Cuentos infantiles. Historias de piratas. Historias de amor.

 

El capitán pirata John el Tortas Rogers pensaba que eso del amor eran tonterías de niñatos y solía reírse de cualquier pirata que se enamorara “como una nena”… hasta el día en que conoció a Mary la Roja Daggers y se enamoró perdidamente de ella.

Todos aquellos de los que el capitán Rogers se había burlado aprovecharon para devolverle las burlas pero el Tortas casi ni se enteraba. Lo único que le interesaba era suspirar mirando a Mary y encontrar la forma de conquistarla.

Se le ocurrió invitarla a cenar pero eso le pareció demasiado “normal” para unos piratas y desechó la idea.

Luego pensó en rescatarla de algún peligro, pero su segundo de a bordo le recordó que Mary la Roja era una de las piratas más peligrosas de los siete mares y que era difícil que tuviera que ser rescatada.

-Además -añadió el segundo-, no creo que a una pirata le guste que la rescaten.

Así que el Tortas desechó también esa idea.

A continuación se le ocurrió que quizás si le regalaba unas cuantas joyas…

-Ni se le ocurra -le dijo el grumete mientras limpiaba sus botas (las del capitán, no las suyas)-, es una pirata, capi, y tendrá todas las joyas que quiera y más.

O sea que, esa idea, también fue desechada.

Triste y abatido, John el Tortas, se fue a la cocina donde siguió dando vueltas y más vueltas al asunto mientras se zampaba un bocata de chorizo. Y fue el cocinero quien entre lágrimas -no es que fuera sentimental, es que estaba partiendo cebollas-, le dio la gran idea:

-He oído -dijo el cocinero secándose una lágrima- que la capitana Mary siempre ha soñado con poseer la Flor Mágica del

Reino de Dantong, la flor con el aroma más embriagador de todo el mundo y que, además, de noche parece una estrella caída del cielo.

– Y eso es lo que más desea Mary, ¿eh? -dijo el capitán.

-Sí señor -respondió el cocinero.

-Una flor.

-Sí.

-Sólo.

-Ajá.

-Vaya.

-Sí.

-Bueno, eso es fácil de conseguir -dijo el capitán, y puso rumbo inmediatamente hacia Dantong.

La cosa no fue tan fácil como John creía.

Primero se encontraron con el gigantesco kraken a quien el capitán debía dinero tras su última partida de póker (los monstruos también tienen derecho a divertirse). Luego se enfrentaron a la tormenta casi perfecta (no aprobó el examen de perfección por poquito). Después cayeron por el borde del mundo y tuvieron que volver a subirse a él (sí, en este cuento el mundo tiene borde). Ya en el Reino de Dantong, tuvieron que huir del ejército real, atravesar un lago lleno de serpientes gigantescas y evitar ser comidos por una tribu caníbal. Cuando -por fin- encontraron la Flor Mágica, el capitán la transplantó a una preciosa maceta toda de oro y, con mucho cuidado, la llevaron hasta el barco.

En cuanto llegaron a la Isla de los Piratas John el Tortas corrió al barco de Mary la Roja para darle la flor.

Mary se sintió muy feliz con el regalo pero le dijo a John que tenía que haber ido tan lejos para conquistarla, porque ella también lo amaba y que hubiera bastado con invitarla a cenar y luego, sin avisar ni nada, le dio un beso tras el cual -como todos los enamorados- se miraron con cara de tontos.

-¿Y tú sabes cómo se cuida esta flor? -preguntó Mary.

-No, ¿y tú? -respondió John.

-Tampoco.

-Vaya.

-Sí, vaya.

Y comenzaron a reír y a reír… y siguieron riendo juntos durante muchos, muchos, muchísimos años.

Fin

 

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