Labrador, el perro bombero

PERRO LABRADOR

Labrador, el perro bombero

Labrador, el perro bombero. Cuentos infantiles de perros sugerido para niños a partir de diez años.

Labrador es un perro negro como la noche y el color de sus ojos es ámbar. Alguien del lugar conocedor de razas de animales al ver al perro un día dijo: “Este perro es un Labrador”.

Al parecer a nuestro amigo le gusto el nombre y desde ese momento en adelante siempre que le llamaban por “Labrador” allí estaba.

Al caminar lo observaba todo y si algún anciano quería cruzar la calle allí estaba el bueno de Labrador para detener el tráfico y cruzar al viejecillo al otro lado.

Es un gran perro, bueno e inteligente. Decían los vecinos del lugar pero así y todo nadie lo había adoptado aún. Labrador no tenia dueño, vivía en la calle y comía de lo que algún buen samaritano le daba.

Eso sí, siempre dormía en el mismo sitio, bajo un gran árbol de Framboyán que crecía enorme frente al cuartel de bomberos.

Siempre le había llamado la atención aquel lugar donde de buenas a primera tocaban la alarma y todos los bomberos que allí trabajaban corrían a ponerse sus cascos, capas, botas y montar en aquellos carros enormes para luego salir como alma que lleva el diablo por las estrechas calles de la tranquila ciudad.

Muchas veces había querido entrar para husmear pero nunca le dieron la oportunidad, siempre alguno de los bomberos que allí estaba lo sacaba diciéndole.

__Este no es lugar para ti Labrador, aquí estas estorbando, en cualquier momento tenemos que salir por una llamada urgente y ahí estas tu atravesado.

Un día voy a entrar y allí me quedaré– Se decía el buenazo del perro cómodamente acostado mirando hacia el frente del cuartel de bomberos.

De pronto, medio dormido como estaba sintió que un estruendo de sirenas alborotaba el lugar.

Corrió y vio como los bomberos rápido cogían sus capas, botas y cascos poniéndoselos para montar en los carros que ya estaban listos para partir. Velozmente cruzó la calle y subió a uno de los carros y se escondió cuán grande era bajo unas mantas que allí había.

Allí quedó tranquilo, casi ni respiraba para que no lo descubrieran.

Inmediatamente sintió cómo los carros partían tocando las bocinas por las estrechas calles de la ciudad, Labrador iba muy asustado, nunca se había montado en uno y menos de ese tamaño.

Llegaban al lugar, rápido los bomberos bajaban de los carros y alaban las mangueras para conectarlas a una bomba que allí en la calle había y así poder sofocar el fuego que como una gran boca quería devorar el edificio de apartamentos.

Las lenguas de fuego cada vez eran mayores y los bomberos no lograban controlar las llamas.

Labrador salió veloz de abajo de la colcha y vio que muchas personas gritaban parados en la acera frente al edificio.

El perro fijó sus ojos amarillos en una mujer que con dos niños sujetos a su ropa lloraban desconsolados, ella le pasaba la mano por sus cabezas y los apretaba contra su cuerpo.

El noble perro se dijo: Algo está sucediendo con esa señora, su llanto es debido a algo – Se acercó cauteloso hacia donde estaba la madre de los chicuelos y escuchó cuando le decía a uno de los bomberos.

__ ¡Por favor salve mi pequeñito que está dentro del edificio! En el segundo piso.

__Señora, estamos haciendo todo lo imposible por salvar a su pequeño pero las llamas cada vez son mayores.

En ese mismo instante Labrador salió corriendo y adentrándose al edificio en llamas salió a buscar al pequeñín.

Todos afuera estaban asombrados.

__Miren es el perro que siempre esta deambulando por la calle donde está la estación de bomberos.

___ ¿Qué irá hacer ahí dentro? de verdad ese perro se volvió loco -decía uno de los bomberos.

Mientras, Labrador saltaba entre los maderos en llamas tratando de llegar al segundo piso y así poder rescatar al bebe a costa de su propia vida.

En el segundo piso Labrador corría y olfateaba para ver donde estaba el pequeñuelo, los maderos incendiados caían a su alrededor.

De pronto, escuchó un llanto, ya tenía localizado al niño, corrió y empujando la puerta con todas sus fuerzas de perro bravo la abrió, allí estaba acostado en su camita llorando. Salto sobre la cama y con sus patas y hocico tapo a la criatura haciendo un bulto el cual mordió y salió con el lo más rápido que pudo.

El apartamento ya estaba en llamas por todas partes.

Habían pasado cinco minutos desde que nuestro amigo entrara al edificio.

Los que estaban fuera esperando que el perro saliera le parecían horas. Todos pensaban que el bueno de Labrador había muerto, la mamá de los chicos seguía llorando desconsoladamente. Cuando de pronto, por una ventana salía una sombra negra como una flecha. “Era Labrador”

__ ¡Ahí viene el perro! Miren, está vivo y trae algo en la boca.

Todos se acercaron para ver que traía entre sus fuertes dientes.

El animal puso con mucho cuidado su preciada carga en el piso y se quedo parado al lado de ella. Cuando revisaron la manta vieron con asombro que Labrador lo que traía era al pequeño bebé envuelto.

__ ¡No puede ser! ¡Es un milagro! Ese perro ha salvado la vida de mi hijo. Decía la mamá de los niños llorando.

Nuestro salvador estaba con algunas quemaduras en sus patas y lomo.

__ ¡Qué perro tan valiente! (El que así hablaba era el jefe de los bomberos que muy asombrado no sabía si pasarle la mano al perro o ver al bebé que sonriendo y lleno de tizne se reía con su mamá, sin saber el peligro tan grande que había corrido si no llega a ser por el bueno de Labrador)

Mientras tanto el perro era acariciado por todas las demás personas que allí se encontraban.

Un niño como de unos diez años le trajo agua, el pobre perro no paraba de toser.

El paramédico de la ambulancia ayudaba a dar oxigeno a muchas de las personas que estaban con falta de aire por el humo aspirado en el lugar.

Al ver al canino dijo:

__Tráiganlo aquí, bien se merece que se le de un poco de oxigeno y le vea las quemaduras porque se a portado como todo un héroe.

Todos gritaban y decían:

__ ¡Si, que lo atiendan, si no es por él, el niño de Natalia hubiera muerto!

Caía la noche, lo que quedaba del edificio era polvo y humo, desolador estaba el lugar, muchos tendrían que ir a un albergue y tratar de ver cómo se las arreglarían al otro día y los venideros.

Labrador había sido curado y los bomberos se lo llevaron con ellos a la estación. Estaba feliz, estaba donde quería estar. “Dentro del cuartel de bomberos”

Labrador pensaba: Qué feliz soy, todos me miman y me respetan, soy uno más de ellos, ya no seré ese perro que deambulaba por las calles sin un lugar donde vivir, de ahora en adelante trabajare como bombero, ese era mi sueño.

En ese momento Ramón se acercaba donde estaba el perro acostado y le dijo.

_ Sabes, eres un perro valiente y arriesgado. Lo que no hicimos nosotros lo hiciste tú con valor y esfuerzo. Podrás quedarte aquí para siempre.

Así pasaron las semanas y Labrador ya estaba sano de sus quemaduras.

Ese día había mucho movimiento en la estación. Los bomberos reían, iban de un lado a otro y preparaban en la parte de enfrente una tarima.

Darían una gran fiesta, ponían globos y cintas.

¿De quién será la fiesta? No he escuchado nada, así que no sé para quien estarán preparando este festejo. Seguro será para alguno de los bomberos que cumple años. Esperemos a ver qué sucede más tarde. Eso era lo que Labrador pensaba.

Entrada la tarde, el jefe de bomberos mandó a salir a todos al patio y algunos de los vecinos cerca de la estación fueron también para ver el gran acontecimiento que allí se iba a dar.
Labrador se hecho en una esquina y desde allí no se le escapaba lo más mínimo.

De pronto subió el jefe de los bomberos a la pequeña tarima que improvisaran y mandando a callar a todos dijo.

__Hoy es un día especial para todos nosotros en esta unidad, vamos a poner la medalla de héroe destacado al bombero más arriesgado y valiente de la estación. ¡Queremos que todos los aquí presentes presten atención!

Y sacando de una cajita la medalla con una cinta roja azul y blanca dijo.

__Un pasó al frente bombero Labrador.

El perro no lo podía creer, estaba confundido. ¿Había escuchado bien? ¿Lo habían llamado a él? Ramón llamo al animal y le dijo.

__ ¡Arriba Labrador, no te hagas esperar, es contigo!

Enseguida el perro fue hacia donde el capital y subiendo a la tarima se sentó para que le pusieran en su grueso cuello la medalla de héroe.

Todos aplaudían y daban vivas a Labrador.

El bombero alargo su mano y el perro levantando su pata delantera la puso arriba de la mano del jefe de los bomberos.

Todos los demás aplaudían en muestras de alegría, soltaron los globos y acariciaban al perro que muy contento y feliz se paseaba por toda la estación con su medalla al cuello.

Fin

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