El abusón (Andrés, el perrito)

HALCON ANIMADO

El abusón (Andrés, el perrito) es uno de los cuentos de perros de la colección cuentos infantiles con rima del escritor Javier Cerdán Ruiz. Para niños a partir de ocho años.

Paseando por el bosque, Andrés observa
correr a un conejo. – “¡Qué prisa lleva!,”
pensó. Acto seguido, el canto incesante
de los pájaros cesa. – “¡Interesante!,
qué silencio.” Y, de pronto, está volando,
sube que sube. “¡Anda!, ¿estaré soñando?”

Pero un dolor en la espalda le dice,
“no, que no. A ver si el señor me bendice,”
ruega, notando que unas grandes uñas
se le clavan en la piel como cuñas
tensando su piel hasta el infinito.

El rey del bosque antes, ahora es chiquito,
“el gran pino amarillo”. – No te asustes,
aunque digan que soy malo. ¡Embustes!,
yo solo quiero divertirme un rato.
Soy Gerifalte, el Halcón. ¿Qué tal, chato?
¿Me dirás que no te he pegado un susto?
Andrés – Me haces daño, bájame ya, ¡so bruto!,
que tengo miedo y ganas de orinar.
Halcón – Ja, ja, ja….. si acabamos de empezar.

Bueno,….. si quieres, dijo Gerifalte,
abriendo sus garras de color mate.

Andrés comenzó a caer rápidamente
y, lo único que bulle por su mente,
que el gran pino amarillo, en esta espera,
poco a poco volvía a ser el que era.
Además, tiene mucho, mucho frío.
– Hasta aquí hemos llegado, señor mío.

Pero en el último instante, en su espalda
sintió lo mismo de antes, una uñada,
que lo mantiene en vuelo, lo sujeta.
Halcón – ¡Qué bueno, tenías que ver la jeta
que has puesto cayendo! Era alucinante.
¿Te gusta?, ¿a que sí?, ¿ es emocionante?,
¿ lo hacemos muchas veces más, verdad?
Andrés – No, por lo que más quieras, ten piedad,
que tengo miedo, me haces mucho daño,
estoy mareado y tengo que ir al baño.

Gerifalte no hizo caso a los ruegos
de Andrés, y cada vez eran sus vuelos
más y más altos, lanzando y cogiendo
al pobre mientras él se estaba riendo.
Así estuvieron ellos un buen rato,
aunque para Andrés no era nada grato
pero no sabía cómo impedirlo
y, escapar, un milagro conseguirlo.

Pero por fin, se aburrió Gerifalte,
porque en sus uñas, no quedaba esmalte.

Halcón – Ahora, ¿jugamos a otra cosa?, dime.
Andrés – Si, a que se acabe el cuento y tanto rime.
Halcón – No, en serio, que es pronto, ¿qué te apetece?
En el cerebro de Andrés, crece y crece
una idea. Siguen volando muy lento,
planeando. El gran pino amarillento
no crece ni mengua ya su tamaño.
¡Ya era hora, vamos a ver si lo engaño!

Mirando no muy lejos, ve el remanso
donde vive Lucas, el castor. – Ganso.….
sé de un secreto valioso, un tesoro.
Halcón – ¡Ignorante!, que yo Halcón soy. No un loro,
ni avestruz ni nada más, ¿entendido?,
Halcón, Halcón Gerifalte, ¿me has oído?
Andrés – Sí….. es que con tanta subida y bajada
se me ha quedado la boca atontada.

Halcón – Y, ¿qué has dicho de un tesoro?, responde.
Andrés – Pues que sé de uno digno de un vizconde.
Halcón – Ya, ya, y, ¿dónde está si puede saberse?,
Andrés – En aquél remanso que puede verse
allí cerca, ves, no está muy lejano.
Halcón – ¡Ah, bueno!, pues sí, lo tenemos a mano.
Más vale que sea cierto lo que dices
o te rompo de un golpe las narices.

“En aquella casa”, dijo Andrés, cuando
estaban bastante cerca, llegando
ya casi hasta el suelo. – Te suelto, pero
no vayas lejos, sabes que soy fiero.

Con la espalda como la de un proscrito,
Andrés comienza a pegar un buen grito.
¡Lucas, Lucas, sal por favor, sal pronto!
(si resulta que no está, cara tonto
se me va a quedar, seguro). –“Andrés, hola,
entra, que tengo al fuego una perola”.
Andrés – Es que vengo con alguien más. – “No importa,
pasad”. Y entran, pero no ven ni torta
hasta que Lucas abre una ventana
haciendo su cola una filigrana.
“¡Qué mala cara traes, Andrés, ¿qué pasa?”

Y, guiñando un ojo a modo de guasa,
dice: – “Éste es Gerifalte, el Halcón. Desea…..
ver tu tesoro, ese que está en la azotea.”

Lucas comprende muy rápidamente:
“Andrés está a merced de este demente”.
Lucas – Perfecto, dice, pues vamos a verlo.
Gerifalte, dime, ¿puedes olerlo?,
está muy cerca, en aquella salita.
Éste, ya muy nervioso, – “quita, quita”,
y, adelantando a Lucas, entra en la sala
mirándola y tocándola con su ala.

Halcón – Aquí no hay nada de nada, canallas,
ahora veréis. – “Para que no te vayas,”
dice Lucas, cruzando un gran madero
en medio de la puerta. Ja, ja, ja….. pero,
¿qué pensabas, abusón?, ¿hacer lo que
te da la gana? Pues toma alcornoque,
ahora pongo este trozo. Ya estás preso.

Andrés – Muy bueno, Lucas, gracias. Sigo ileso
de milagro. Vaya barbaridades
he padecido. Y, las extremidades,
no las siento por culpa de este loco.

Halcón – ¡Sacadme de aquí, si no, poco a poco,
os saco el pellejo a tiras, mocosos!
Lucas – Calla, bravucón, cierra el pico, que otros
tan grandes como tú ya hemos vencido.
¿Qué?, dime, ¿te gusta tu nuevo nido?
Está hecho especialmente para fieras.
Andrés, él no saldrá hasta que tú quieras.

Andrés – ¡Qué bien! Pues yo, creo, que una temporada
muy larga estará. Así no hará nada
a los que son más pequeños. Es malo,
mucho, merece llevarse un buen palo.

Lucas – Pensará en alguna forma de escape.
Si se pone tonto, le traigo un rape,
que es horrible y tiene la boca grande.

Cantaron a coro:

Ande, ande, ande,
la/ mari/morena,
ande, ande, ande,
la hemos he/cho/ buena.

Ande, ande, ande,
la/ mari/morena,
ande, ande, ande
este hoy/ no/ cena.

Pues sí, allí dejaron a Gerifalte,
bien cerrado para que a nadie asalte.
Pues no está bien que por ser tan robusto
abuse de los que puede. Si un susto
se lleva, quizás cambie. Ya veremos,
seguiremos observando, esperemos.

Fin

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