La bailarina de zapatillas celestes

La bailarina de zapatillas celestes

La bailarina de zapatillas celestes

La bailarina de zapatillas celestes. Cuentos para adolescentes y niños.

Cuento corto sugerido para niños a partir de los diez años.

Carla, era una pequeña niña a la que le encantaba bailar.

Año tras año rogaba a su madre que la apuntara a clases de ballet, pero su madre siempre lo dejaba para el año siguiente.

Un día iban por el centro comercial, Carla se paró en una tienda especializada en antigüedades, y allí en el escaparate se enamoró de una preciosa caja musical rosa. Estaba abierta, y en ella se veía un pequeño espejito, y en medio una linda bailarina con brazos erguidos, con la cabecita inclinada a la derecha, y sobre unas preciosas puntas de danza de color celeste.

Carla, se quedó totalmente boquiabierta, era la caja de música más bonita que había visto nunca, y era de una bailarina, su sueño, danzar y danzar sobre unas puntas.

Corriendo, avisó a su madre que se encontraba mirando otro escaparate.

– Mamá, mamá, tienes que venir a ver esto, es preciosa, es la caja de música más maravillosa que he visto.

Su madre la miraba con dulzura, y cogió su pequeña manita y acompañó a Carla, y allí estando las dos de la mano, vio la hermosa caja musical, con una fantástica bailarina en el centro de la misma.

Desde dentro la dependienta, había observado en todo momento a la pequeña Carla, y salió de la tienda para invitarlas a qué entraran.

– Buenas tardes, ¿ desean alguna cosita de mi tienda?

Carla, miró a su madre con ojos muy abiertos, su madre conocedora de esa mirada respondió:

– Nos gustaría ver la caja de música de la bailarina

La dependienta acompañando a sus futuras clientas, las siguió dentro del establecimiento. Cogió la hermosa caja musical, la puso sobre el mostrador, le dio cuerda por detrás de la caja y una linda melodía envolvió la tienda, mientras la dulce bailarina giraba sobre sí al compás de la música, era maravilloso observarla, tan elegante, tan esbelta, con un traje de plato blanco con lentejuelas sobre la parte superior, una tiara brillante sobre su pelo recogido en un minúsculo moño de bailarina, todo su cuello despejado, y sus hermosas puntas celestes.

Las tres estaban encandiladas por aquel bello danzar, Carla estaba realmente emocionada

– Mamá , mamá por favor cómpramela, cómpramela, necesito esa cajita con la dulce bailarina, es mi sueñoooo.

La madre miró a la dependienta – ¿Me podría decir su precio?

La dependienta las miró, y dijo: No está en venta.

Carla, al escuchar esas palabras no pudo contener las lágrimas, pero la dependienta prosiguió:

– No está en venta, porque no la vendo, se la presto.

Carla, no entendía lo que quería decir la dependienta: – Ésta es una caja de música muy especial, no es como otras que hayáis conocido, ella elige a quién debe tenerla, y en este caso te ha elegido a ti pequeña.

Carla y su madre no podían salir de su asombro.

Dependienta: Esta bailarina ayuda a quién lo necesita. Carla enseguida le dijo: Pero, ¿nosotras la
necesitamos ?

– Dependienta: Según la bailarina sí, así que os la daré, ya vosotras sabréis cuando debéis devolvérmela.

La madre muy agradecida, y también sin entender cuanto estaba sucediendo, le dio las gracias a la dependienta, la cual envolvió la linda cajita y a Carla se la entregó.

Carla, estaba profundamente dichosa con su regalo, o mejor dicho préstamo, no entendía nada, pero realmente se sentía muy feliz, y su cajita era mágica.

Cuando llegó a casa, Carla cuidadosamente empezó a quitar el papel que envolvía a su especial cajita. La abrió despacito, le dio cuerda y aquella melodía cubrió la habitación, que linda música, y su preciosa bailarina de zapatillas celestes sobre sí comenzó a girar.

Carla, maravillada por sus movimientos, empezó a observar la linda cajita, buscando algún tipo de explicación a las palabras de la dependienta. Más nada diferente pudo observar sobre la misma, así con su música empezó a bailar ella también al compás, como si fuera ella también una gran bailarina.

Mientras iba danzando a lo largo de toda su habitación, se aproximó a la puerta de su dormitorio, y la melodía comenzó a cambiar, Carla se paró en seco, estaba en la puerta del dormitorio y la música era diferente, se quedó muy fijamente mirando a la bailarina, pasó el umbral y la bailarina cambió su postura de brazos, los bajó un poquito y parecía que estaba señalando algo, Carla no salía de su asombro, era verdad, su cajita de música era mágica, era especial.

Carla, sin dejar de mirar a la bailarina prosiguió a caminar dónde indicaba, mientras, la música no dejaba de sonar, y ya hacía unos minutos que Carla no le daba cuerda. Se fue aproximando al dormitorio de sus padres, y cuando estaba próxima a la puerta del mismo, la música nuevamente cambió y la postura de su bailarina también, subiendo su brazo derecho, y parecía como si la estuviera invitando a entrar.

Carla así lo hizo, una vez dentro la melodía no cambió, pero su bailarina con sus pequeñitos brazos le iba indicando dónde se tenía que dirigir.

Finalmente tanto la música como la bailarina dejaron de sonar y bailar, frente al armario del dormitorio de sus padres.

Carla dejó suavemente la cajita sobre la cama, y abrió el armario, nada diferente podía ver, así sin esperarlo la caja volvió a sonar, y la bailarina posó en plano una de sus puntas, y dirigió los dos bracitos por encima de ella señalando la parte superior del armario.

Carla desde su posición no podía ver mucho, así que se alejó, se puso a la altura de la cajita y desde allí, pudo ver que asomaba el extremo de un baúl que parecía oculto entre mantas.

Dentro del armario había una pequeña banqueta para acceder a la parte superior, la cual le estaba terminantemente prohibida a Carla por parte de su madre, pero sabía que ella se encontraba abajo cocinando, así que, subió cuidadosamente y cogió el pequeño baúl que no pesaba mucho.

Se sentó en la cama, al lado de su cajita, y lo abrió delicadamente.

Carla estaba muy nerviosa, no sabía lo que iba a encontrar, y al abrirlo vio multitud de fotografías, recortes de periódicos, carteles, etc. de bailarinas sobre diferentes escenarios, carteles anunciando distintos espectáculos por el mundo, España, Francia, Rusia, América, etc., etc., Carla estaba totalmente anonadada, ¿Por qué su madre tenía todas esas fotografías de bailarinas?, ella creía que a su madre no le gustaba el ballet, por ello creía que su madre posponía año tras año que Carla bailara.

Fue observando con detalle, cada una de las múltiples fotografías que allí se encontraban, y se paró a mirar una de ellas en la que se apreciaba con nitidez la cara de tres bellas bailarinas, Carla abrió y cerró sus pequeños ojitos como si no fuera real lo que estaba viendo, y allí en medio de esas bailarinas estaba ella, estaba su madre.

Multitud de preguntas sin respuesta empezaron agolparse sobre Carla, su madre ¿Bailarina?, ¿Cuándo? ¿Por qué no le había dicho nada a ella ? Si sabía, que en casa tenían muchísimos CD de música clásica, pero que nunca escuchaban, y siempre Carla se había preguntado por ellos.

Así que, Carla sin más dilación, y con mezcla de sentimientos de rabia y emoción, fue en busca de su madre con el pequeño baúl. La madre al verla no pudo evitar que se le cayeran los cubiertos que estaba utilizando, y sin darse cuentas sus lágrimas bañaron su rostro.

Carla, se dio cuenta, que había desenterrado algo que a su madre le producía un tremendo dolor, más ella necesitaba conocer aquella historia, necesitaba explicaciones, necesitaba que su madre le contara.

La madre de Carla con ternura la miró, sabiendo que había llegado el momento en el que tenía que desenterrar sus fantasmas.

– Mi niña amada Carla, lamento que te hayas enterado de esta manera, no me sentía con el valor suficiente para hablar de ello. Siempre has querido que te apuntara a clases de danza clásica, y no creas que no quería hacerlo, pero conozco muy bien ese mundo, es bello y profundamente sacrificado, he sido primera bailarina, he viajado por todo el mundo y he disfrutado de la danza en toda su inmensidad, pero también he sufrido por ella, por las horas que le he dedicado, los días que estaba fuera de viaje sin ti, alguna que otra lesión, y siempre, siempre exigiéndome más y más en cada actuación para que fuera perfecta.

Carla, no pudo evitar las lágrimas al escuchar aquella bonita y triste historia. Pero el día que tú naciste cambiaste mi vida, mi prioridad, mi orden, lo intenté, intenté compaginar mi vida de bailarina con la de madre, y poco a poco veía que me distanciaba de ti, así que finalmente me decidí por lo que realmente era mi vida, y eras TÚ.

Así rompí por completo con aquella vida de perfección, de ensayos, de sacrificio, de viajes y me dediqué por entero a ser la mejor mamá del mundo para Carla.

Carla, se arrojó a los brazos de su madre y comenzó a besarla.

– Mamá, eres la mejor madre del mundo entero, eres mi mamá, te quiero con locura, y me entristece que dejaras tu sueño por mí.

– No, Carla, mi sueño eras, eres y seguirás siendo tú, no hubiese cambiado nada de mi vida por todos los momentos que he compartido a tu lado. Y si tu sueño es ser bailarina, te apoyaré incondicionalmente y seré la mujer más feliz.

– Carla: ¿Sí mamá?, ¿podré apuntarme a Ballet?, no hay nada que desee más.

– Está bien Carla, el próximo lunes te apuntaré a ballet.

Comenzaba la semana y Carla estaba profundamente emocionada, por la tarde irían al estudio de Ballet para que Carla comenzara sus clases, y allí su madre le acompañaría a cumplir su sueño.

Llegó la tarde y cuando iban a entrar al estudio, un largo suspiro se le escapó a la madre de Carla, todo seguía igual, allí estaba el estudio dónde tantas clases, ensayos, y alegrías le habían acompañado, y allí después de diez años se volvía a encontrar con su sueño, y con el sueño de su amada hija.

Carla, ya iba a entrar a su primera clase de ballet, cuando su madre la llamó:

– Carla, quiero que disfrutes inmensamente este momento, y quiero que lo hagas con este pequeño regalo, y al mismo tiempo que lo decía, su madre le entregó unas preciosas zapatillas de ballet de color celeste, como las de la bailarina de su caja de música, Carla al verlas, abrazó fuertemente a su madre, y le dijo.

– Mamá, muchas gracias, ya sé por qué tenemos que devolver la caja de música con la bailarina, mi sueño, se ha hecho realidad.

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Fin

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