Esperando a Diego – Capítulo II. Cuentos infantiles

cuentos infantiles de hadas y brujas

Esperando a Diego. Capítulo ll es un cuento de la colección cuentos infantiles de la escritora Ana Matías sugerido para niños a partir de nueve años.

Capítulo II – En la biblioteca

Hoy no ha habido mucha gente en la sala de lectura. Son las seis de la tarde, y queda muy poca gente dentro. Hace muy buen día, la gente está paseando, y muchos niños jugando en los parques. Marta ha ayudado a recoger todos los libros y a vigilar que todo esté en orden. Pablo está preparando todo para cerrar la biblioteca, y se lo dice a Marta.

– En cuanto se vayan esos dos niños, cerramos y nos vamos a casa. Ahora voy un momento a secretaria, enseguida vuelvo. Espérame aquí.

– ¡Vale! – Contestó Marta entusiasmada, pensando que se iba a ir a jugar con sus amigos.

Mientras Pablo estaba fuera, se quedó mirando unos libros pequeños que había en una estantería, y pensó que podía coger ideas para su relato de la clase de lengua.

Los dos niños que quedaban en la sala recogieron sus cosas y se despidieron de Marta. Ahora sólo faltaba que Pablo volviera. Mientras tanto, cogió una pequeña escalera y se subió a ella para poder ver bien los libros de la última estantería. Estaba decidiendo qué libro coger cuando notó algo muy extraño, notó que el suelo se movía. Se quedó inmóvil y asustada unos segundos, sujetándose a la estantería.

Se acordó de la clase de ciencias, en la que Teresa les había explicado lo que era un terremoto, y pensó que podía ser eso. Recordó que les dijo que había que mantener la calma, y que muchas veces pasaban en seguida, no habiendo peligro de que pasara nada, ya que a veces eran de muy baja intensidad. Fueron sólo unos segundos de movimiento, aunque a ella se le hicieron eternos.
Bajó de la escalera y se quedó algo aturdida esperando a que volviera Pablo. El suelo ya no temblaba, pero ella seguía asustada, pensando si realmente habría sido un terremoto, si era la tierra la que se había movido …Fuera lo que fuera la sensación que había tenido había sido muy rara.

Miró hacia las estanterías y se dio cuenta de que tres libros faltaban, se habían caído al suelo, y se acercó a recogerlos. El primero se titulaba “la princesa feliz”, el segundo hablaba de una bruja buena, y el tercero sobre hadas. Los estaba recogiendo del suelo, cuando se dio cuenta de que no estaban como ella los había visto cuando estaba subida en la escalera. El de la princesa feliz ahora tenía las hojas en blanco, solamente había dibujos. El de la bruja seguía entero, con dibujos y letras, y el de las hadas había perdido algunos dibujos. Marta se preguntaba qué había pasado.

Ella era la encargada de que todo estuviera en orden, y esos libros se habían estropeado. ¿Un terremoto se había llevado letras y dibujos? Pensó que nadie iba a creerle y que le echarían la culpa a ella. Marta miraba el libro de “La princesa feliz”, y veía que no quedaba ni una palabra escrita en el libro, y los dibujos estaban incompletos, en todas las imágenes faltaba la princesa…

De repente escuchó un susurro detrás de ella. Se dio la vuelta y se quedó boquiabierta cuando vio a la princesa en el suelo.

– Ayúdame a levantarme por favor, ¡qué trompazo me he dado…! ¿Qué ha pasado? ¿Dónde estoy?- Dijo la princesa, mientras Marta seguía sin poder creer lo que estaba viendo.

– …Yo soy Marta…y estamos en la biblioteca de mi colegio…- Contestó Marta con voz temblorosa mientras le ayudaba a levantarse del suelo.

– Yo soy Celia, y soy la princesa protagonista de un cuento. Llevo años intentado escaparme de las páginas del libro, y no sé qué ha pasado hoy, pero parece que por fin lo he conseguido, ¿no?

– Pues yo soy la encargada de la biblioteca este mes, y me voy a meter en un lío si no vuelves a tu libro…- Marta parecía preocupada.

– Pues mira, siento decirte que no voy a volver. ¡Llevo años intentando escaparme y por fin lo he conseguido!

– ¿Pero qué dices? ¡Eres la princesa protagonista! ¡Sin tí no hay cuento! Y además, ¿cómo explico yo esto? Tienes que volver a tu sitio. No entiendo qué ha pasado… Tú has salido del cuento y las páginas están en blanco, sin letras. Hay otro cuento que ha perdido los dibujos… ¡Uf, vaya lío! Menos mal que el de la bruja buena está bien, a ese no le falta nada.

Celia escuchaba a Marta atentamente.

– ¿Y por qué me habré caído del cuento justo ahora?

– Habrá sido porque se ha movido el suelo, creo que ha sido un terremoto pequeño, es cuando los libros se han caído al suelo.

– ¿¿ Un terremoto??¡Eso puede tener sentido! Yo hablé con un mago de mi Reino, y me dijo que para conseguir escapar se necesitaban tres cosas, una de ellas era que se produjera una energía muy fuerte, y eso es lo que produce un terremoto. Ahora voy entendiendo mejor cómo he llegado hasta aquí.

– Pues yo no entiendo por qué no quieres volver a tu historia…

– Pues es muy sencillo. No quiero volver a mi cuento porque a mí nadie me consultó cuándo lo escribió, escribieron mi historia sin contar conmigo, así que lo de que vuelva a mi historia no es posible, ¡porque esa no es mi historia! Es la historia que alguien ha decidido que yo tengo que vivir. ¿Te parece normal que escriban un cuento en el que soy la protagonista sin consultarme nada?

– Pues es que yo no sabía que habían hecho eso…Pero el cuento es bonito, ¿no? Se titula “la princesa feliz”, ¿no estás contenta?

– ¿¿Feliz?? Mira, me tengo que casar con un príncipe azul, y llevar esta ropa tan cursi que me pone de los nervios…

– ¿Y no quieres casarte con el príncipe azul?

– ¡Por supuesto que no quiero! Y ya no sé qué hacer para cambiar mi destino…- A Celia empezaban a salirle lágrimas de los ojos.- Mis padres y los de Daniel hicieron un pacto cuando éramos pequeños.

– ¿Quién es Daniel?- Marta intentaba entender todo lo que Celia le estaba contando.

– El príncipe azul con el que me tengo casar. Nuestros padres lo decidieron porque si nos casábamos se unían dos Reinos, como en las películas antiguas, ¿no has visto tú alguna de esas?

– Sí, las he visto en la tele, y siempre acaban bien al final, así que tú tranquila que esto se tiene que arreglar. Lo que tienes que hacer es hablar con tus padres, no te pueden obligar. Mira, lo mejor es que vuelvas a tu cuento y hables con ellos.

– Ya te he dicho que no voy a volver… Ya he intentado hablar con mis padres y no hay forma de que me entiendan, así que yo no vuelvo hasta que se vuelva a escribir el cuento como yo quiero, ¡que para algo soy la protagonista! Además, ¿por qué todo el mundo os creéis con derecho a decirme lo que tengo que hacer?

– …Lo siento Celia, tienes razón…Yo te decía que volvieras porque pensaba que si hablabas con tus padres se arreglaría… ¿Entonces cuál es la solución? ¿Qué podemos hacer?

– ¿¿ Me vas a ayudar?? – Celia por fin sentía algo de esperanza- Pues te cuento lo que me dijo el hechicero de mi Reino, que se necesitaba una energía muy grande, y la ayuda de una bruja buena llamada Blanca, y un hada llamada Alicia.

– ¿Una bruja y un hada? Pues no vas a creerlo… ¡Mira los otros dos libros que se han caído al suelo, a la vez que se ha caído el tuyo! – exclamó Marta mientras corría a cogerlos.

A Celia se le iluminó la cara cuando vio que la bruja Blanca era la protagonista de uno de ellos y que el otro hablaba sobre hadas.

– ¡Marta! ¡Es la oportunidad de mi vida! Blanca es la protagonista de este cuento…

- ¡Sí! Y en el otro seguro que encuentras a un hada llamada Alicia, yo te voy ayudar a buscarla. Ya tienes lo que te dijo el hechicero que hacía falta para cambiar tu destino…

– ¡No puedo creerlo! Tenemos que encontrarlas, y ellas sabrán lo que hay que hacer para poder escribir de nuevo mi historia. ¡Hoy es mi día de suerte, Marta!

Marta y Celia se fundieron en un abrazo y pensaron que juntas lograrían arreglar todo aquel lío.

Continuará…

Capítulo I  

Ilustrado por Núria Bertran

Esperando a Diego. Capítulo ll es un cuento de la colección cuentos infantiles de la escritora Ana Matías sugerido para niños a partir de nueve años.

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