Una noche misteriosa

Una noche misteriosa

Una noche misteriosa

Una noche misteriosa. Cuentos cortos infantiles

Erase una vez unos niños traviesos que gustaban del aire del campo, limpio, perfumado de mastranto, de las flores silvestres y cargado de tranquilidad.

Una tarde visitaban a la abuela Carmen. Ella los consentía mucho, les hacía arepitas dulces con queso rallado y café con leche por las tardes. Una vez terminado aquel manjar, la abuela les dijo:

-Bueno mis adorados angelitos, ya tengo sueño y es hora de dormir. Ahí tienen dos hamacas calientitas y recuerden, no se vayan a ir al campo, por ahí dicen que sale un espanto.

-¡Ay abuela por favor!- ¿Tú crees en esas cosas? No, eso es puro cuento. Y se rieron a carcajadas.

La abuela les dio la bendición, un besito en la frente y se fue a dormir. Los niños le hicieron creer a la abuela que también se habían acostado a dormir.

Esperaron una media hora y se levantaron sigilosamente y salieron por una ventana.

Corrieron hasta llegar a unos arbustos con la intención de atrapar luciérnagas y asustar a los pajaritos que dormían en los arbustos más pequeños.

Cuando ya habían atrapado varias luciérnagas y espantado muchos pajaritos escucharon un extraño sonido. Era un graznido…buh buh buh… ese sonido les hizo erizar todo el cuerpo.

No había luz de luna, porque todo estaba nublado, luego escucharon otro ruido, una sibilancia…gssss, gsssss, ya iban a comenzar a correr cuando tropezaron con una tortuga, en ese momento vieron unos enormes ojos y unos dientes entre los arbustos.

Se levantaron y corrieron como nunca, soltaron las luciérnagas y llegaron sin habla a casa de la abuela, se metieron por la ventana, se arroparon hasta los ojos y prometieron no salir nunca más de noche a molestar a los animalitos del campo. Mientras tanto allá en los arbustos se reían los fantasmas… digo, el búho, la zarigüeya y la tortuga quienes dieron tremenda lección a los niños traviesos.

Puedes seguir leyendo: Cuentos infantiles

Fin

Imprimir Imprimir

Comentarios