La bruja Dora y su escoba voladora

La bruja Dora y su escoba voladora. Maestra de educación especial y Psicóloga de Argentina. Érase una vez, una malvada bruja que vivía en el bosque. Un día se sentó en una gran piedra con las piernas cruzadas mientras que con la mano derecha sostenía su cabeza inclinada. La ceja izquierda se elevaba respecto de la […]

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La bruja Dora y su escoba voladora. Maestra de educación especial y Psicóloga de Argentina.

Érase una vez, una malvada bruja que vivía en el bosque. Un día se sentó en una gran piedra con las piernas cruzadas mientras que con la mano derecha sostenía su cabeza inclinada. La ceja izquierda se elevaba respecto de la otra, que permanecía en su lugar. La nariz respingada y muy larga parecía salírsele de la cara. Su boca, diminuta y cerrada, no dejaba escapar ni un poquito el aire.

Antes de continuar contándoles esta historia, les propongo un ejercicio: busquen un lugarcito adonde poder sentarse y traten de imitar a la bruja; eleven una ceja, respinguen su nariz con una mano y con la otra sostengan su cabeza inclinada. ¡Ah! Y no olviden hacer sus bocas pequeñitas. ¿Listo? Bien, así se encontraba la bruja Dora, con su escoba voladora, enojada y enfadada. ¿Querrán saber por qué? pues, porque no tenía a quien embrujar. Y Ustedes saben cuál es el oficio de las brujas, hacer brujerías.
Entonces, después de mucho enojarse, patalear, lloriquear y hacer berrinches, la bruja Dora, con su escoba voladora, tuvo una gran idea: decidió hacer burbujas. Ya saben, un poquito de jabón añadido al agua y a burbujear.
La bruja conservaba un libro ancestral que había sido de su tatarabuela, donde figuraba una receta fenomenal para hacer pompas, entonces puso manos a la obra y preparó el siguiente brebaje:
- Cien litros de agua,
- Cincuenta litros de jabón,
- Ciento setenta y cinco gotitas de jugo de remolachas,
- Treinta y cinco sobres de gelatina sin sabor, mucha azúcar y glicerina (para evitar que las burbujas se rompan)

Y es así que, la bruja Dora, con su escoba voladora, se dirigió con el brebaje al bosque. Consiguió un calderín (de esos que suelen usarse para cazar mariposas), le quitó la red y usó el aro para soltar las burbujas al aire. Claro, como debía hacer mucha fuerza y no podía soplar, se le ocurrió conseguir un ventilador. A la cuenta de tres lo encendió y “¡sss sss sss!” miles de pompas de jabón se desparramaron por el bosque. ¡Eran enormes, danzarinas y muy coloridas!
_ “Burbujin burbujera pin pun pan y afuera” _ pronunció la bruja sus palabras mágicas, y las burbujas viajaron en dirección a la aldea vecina “glu! ¡glu!“ Grandes y niños salieron de sus casas para verlas, preguntándose de dónde procederían. Entonces, trataron de alcanzarlas y también de estallarlas cuando de pronto la bruja Dora llegó al lugar con su escoba voladora. De nuevo, dijo sus palabras mágicas _ “Burbujin burbujiola, una burbuja sola”

Todas las burbujas que se desplazaban por el aire se acercaron y se mezclaron hasta formar una sola, que más que una burbuja parecía un burbujón.
Lo terrible fue que todos los aldeanos quedaron atrapados dentro de ella, y treparon y saltaron y la golpearon intentando romperla, pero no lo lograron.
“¡Ja ja ja!”, la bruja Dora, con su escoba voladora, volvió a reír a carcajadas. Ya no estaba enojada ni enfadada.

Sin embargo, la risotada le duró lo que una palmada “¡plas!” Los aldeanos hicieron una esfera humana, se enredaron con pies y manos y bamboleándose de un lado al otro, lograron estirar tanto al burbujón que explotó como un estruendoso cañón “¡bum!” La bruja Dora, con su escoba voladora, salió disparada con la explosión.
Y este cuento se termina con la bruja Dora y su escoba voladora en el norte de la China.

Fin

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