Sueño de una noche de otoño. Cuentos de magos

Sueño de una noche de otoño. Cuentos de magos

Sueño de una noche de otoño. Cuentos de magos

Sueño de una noche de otoño. Escritora mexicana de cuentos infantiles. Cuentos de hadas. Cuentos de magos.

Hacía unos días Melvin encontró en el vivero del abuelo a una pequeña niña, la cual quizá tendría ocho o diez años, ella apareció entre los tulipanes, pero tras desaparecer volvió entre las margaritas. El chico la perdía y volvía a encontrar. Parecía estaban jugando.
– ¿Quién eres? ¿Cuál es tu nombre?, preguntó el niño rubio de cabellos un tanto largos, un tanto greñudo cuando se veía a primera instancia, vestía con capa larga y traía puesto un sombrero de ala ancha algo grande; en la mano llevaba un extraño bastón el cual brillaba por momentos de la parte superior.

La pequeña era en extremo ágil, aparecía acá y allá, se movía con facilidad, incluso parecía traer alas de mariposa o luciérnaga entre sus largos cabellos; sí, era ágil como luciérnaga, sólo le faltaba esa luz verde que las caracteriza, sin embargo parecía estar rodeada de brillos, los cuales resplandecían con la luz de la luna.

– ¿Te llamas Melvin, cierto?, preguntó la niña en medio de una carcajada.

– ¿De qué te ríes?, preguntó el joven.

– Un poco de ti, je, je, je.

– ¡Pues muy mal! Me queda claro no sabes con quién estás hablando, expresó molesto el niño.

– ¡Contigo!

– Por eso, je, je, je.

– Pues soy un aprendiz de mago, un prometedor aprendiz –  dijo orgullosamente.

– Prometedor pero, con racha de mala suerte -respondió la chica.

Al momento Melvin cambió de gesto, se le desencajó el semblante, los ojos se volvieron tristes, ojerosos y la voz se le comenzó a cortar. Parecía que iba a llorar. La niña inmediatamente se acercó hacia él y le dio una palmada en el hombro, a pesar de que la niña era pequeña, el chico sintió un calor agradable, el cual no lo quemó, por el contrario le resultó muy agradable, sin embargo al minuto la chica quitó la mano.

– ¿Porqué lo dices? ¿Qué sabes?, preguntó el chico.

– Lo sé, sólo eso.

– ¿Cómo lo sabes? ¿Quién te lo dijo?

– Lo sé -dijo la niña al tiempo que aparecía y desaparecía de lugar en lugar.

En ese momento el sol se guardó, el vestido de la niña comenzó a emitir una luz titilante, la cual se hizo más fuerte e intensa con el reflejo lunar.

– ¡Y tú, ¿cómo te llamas? -preguntó Melvin.

– Eso no importa, mejor convídame algo, tengo hambre, mucha.

– Hay cereal.

– Eso no me gusta, mejor dame un poco de miel, mantequilla y leche de oveja.

– Hay miel y mantequilla, pero esa leche no… jamás la he probado. ¿de dónde eres?, dijo Melvin ante tal atrevimiento.

– ¡Ahh, está bien! Entonces dame la miel y mantequilla – respondió la chica.

Ante tal respuesta

Melvín salió corriendo mientras la niña se movía de orilla a orilla, de arriba a abajo, como abeja, aunque era un tanto más grande, era una especie de ser fantástico, que se movía por aquí y por allá, al tiempo de brillar en su entorno, bajo la luz de la Luna. Cuando Melvin llegó con los víveres la pequeña comenzó a comerlos y degustarlos. Los disfrutó, sin prisa, pues era como degustar un exquisito manjar, lo era para ella. Hasta terminar la última cucharada de miel, en ese momento, la niña relamió sus labios y limpió la cuchara hasta dejarla como nueva.

– ¿Entonces sueñas con que te llamen Merlin, ese es tu sueño?

– Sí, pero últimamente no he tenido suerte, los hechizos y fórmulas secretas no me salen.

– Quizá estás soñando demasiado grande, a lo mejor tu sueño es ambicioso.

– Mamá siempre me ha dicho que sueñe y se me dará.

-Cierto, pero también puedes comenzar por algo pequeño, será más fácil.

– Divide ese gran sueño en varios pequeños, ellos pueden convertirse en el gran sueño.

– Sí pero yo deseo ser como Merlín.

– Ya tienes la primera parte, al menos te pareces, a él ja, ja, ja. Esos cabellos largos y el sombrero te dan un aire al gran mago.

– Cierto, aunque la apariencia no lo es todo – dijo Melvin un tanto decepcionado.

– Eso es cierto, pero tú tienes más que eso, conoces la vida de este gran mago y siempre logras todos los hechizos, bueno la mayoría de las veces lo logras, has leído mucho acerca de hechizos y magia, es más, tienes ese gran bastón, además de la barita, tienes mucho de él.

-Lograba los hechizos, ahora mismo no es así – Melvin se limpió los ojos y dio media vuelta.

La chica apareció, como por magia frente al muchacho, mientras él volteó la cara y comenzó a cortar unas ramas secas del vivero.

-Me gusta este lugar, dijo la chica, al tiempo que apareció junto a los Tulipanes, las Margaritas, Campanitas y la Hiedra. Ahora estaba ahí, ahora no, al tiempo brillaba como si tuviera brillantina en el vestido. En verdad resultaba atractiva, dulce y simpática ante sus ojos.

Resultaba que la presencia de la joven siempre resultaba agradable ante los demás; a Melvin, le gustaba todo lo que ella le inspiraba: paz, fuerza y ánimo para continuar. Era increíble, por momentos parecía mayor, era como si comenzara a crecer de momento, ahora semejaba como una niña de de unos once o doce años. Continuaron platicando, de los proyectos y sueños, él era quien habló  todo el tiempo. Contó con pasión todo acerca de la magia y trucos.

-Desde pequeño he soñado fervientemente, tal como he soñado que me ocurran cosas extraordinarias. El mundo de la magia y la fantasía siempre me han llamado la atención.

Con la platica y el paso de los minutos, ahora horas, la chica le parecía cada vez más familiar, todo el tiempo pensaba dónde la había visto pues le parecía conocida, era como uno de esos seres fantásticos que aparecen en los cromos.

– No dejes de soñar, siempre hazlo pero empieza por sueños fáciles, cortos, posibles -sugirió la chica con voz amable.

-Comenzaré a hacerlo… aunque me será un tanto difícil, sobre todo al principio.

Al cabo de un rato el chico cayó dormido, su rostro reflejó paz, se quedó profundamente dormido. Mientras tanto la chica respiró una y otra todos los aromas de las flores, contempló y acarició. Al llegar las primeras luces de la mañana el abuelo se dirigió al vivero.

Cuando el chico despertó, se encontró frente a frente con el rostro de la chica. Entonces comenzó a narrar el sueño nocturno. Fue un bello sueño de éxito como Mago, en él todo el público le nombró el Gran Merlín.

-¡Bravo Mago Merlín¡

-¡Gran Merlín!

Y así todos le llamaron en el sueño, al tiempo de hacerle reverencias y dar aplausos.

-Bueno me voy, dijo presurosa la joven -se despidió, al sentir los pasos del tío.

-¿A dónde vas? – preguntó Melvin.

-A seguir mi camino – respondió la chica.

-¿Pero cómo te llamas? – preguntó el mago.

-Mi nombre es Mab.

En ese momento entró el abuelo al vivero.

-¿Mab, la reina de las hadas? – dijo ella rápidamente.

-Quién es, con quién hablas,-preguntó el tío. Dónde está esa hada traviesa, quiero conocerla, dicen que si te dicen su nombre tendrás el control sobre ellas.

-Con ella, aquí está -respondió el chico, al tiempo de sólo ver un pequeña mariposa brillante desaparecer en medio de la inmensidad del bosque.

-Ellas ayudan a soñar, tú estabas soñando, vaya muchacho fantasioso, es sólo mitología Celta.

Fin

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