Al pie de la letra

Al pie de la letra. Gladys Herrera Patiño, escritora. Cuento perteneciente al proyecto Cuentos para Crecer. Cuentos sobre niños y medicamentos.

Esta historia que os voy a contar empieza con la “A”

—Abre la boca. Eso… muy bien. Ahora, di “A”.

—Aaahhh…

—Lo que me imaginaba. Tienes amigdalitis.

—¿Es muy grave? —No te preocupes. En una semana estarás bien. Te vas a tomar este medicamento cada ocho horas.

De la “A”, esta historia saltó a la “D”. “D” de Desorden.

—Javier, son las tres. ¿Te tomaste la pastilla de las dos?

—¡Ay! no, mamá.

—¿Alguien me puede decir la hora?

—Son las diez y media.

—¡Otra vez olvidé tomarme la pastilla!

 

No sabía por qué, pero mis amígdalas me dolían cada vez más. Si seguía así, no iba a estar bien para la final del campeonato.

—¿Tomaste el medicamento que te receté?

—Sí, doctor, todo.

—¡Qué raro! ¿Lo tomaste cada ocho horas como te indiqué?

—Más o menos, doctor.

—¿Qué quiere decir “más o menos”?

—Yo me lo tomaba, doctor… pero cada ocho horas no. A veces cada diez o doce horas, y a veces me tomaba dos pastillas al mismo tiempo, porque me daba cuenta de que no me había tomado la anterior.

—Bueno, pues esa es la razón por la cual estás igual o peor que la primera vez que viniste. La infección se hizo resistente al medicamento que te di. Ahora necesitas otro medicamento distinto. Pero esta vez, vas a seguir mis instrucciones al pie de la letra.

 

A estas alturas, la historia siguió con la “P”.

“P” de Puntualidad.

Para eso, nada mejor que un reloj despertador. Estuviera donde estuviera, y fuera la hora que fuera, debía levantarme a tomar mi medicamento.

—Perdón, profesor, ¿puedo salir a tomar mi medicamento?

—No te retrases.

—Perdón, profesor, yo también debo tomar un medicamento, ¿puedo salir?

—¿También?

—¿Otro? ¿Más?

—Sí, profesor, ¿puedo salir?

¿Con qué letra creéis que continuó esta historia?

Pues con la “L” de Locura.

 

Todos aprovechaban la situación para salir de clase.

—¡No más desorden! Si alguien debe tomar un medicamento, antes de iniciar la clase me presenta la receta médica. ¿Entendido?

Muy pronto mis amígdalas volvieron a la normalidad, y mi curso también.

 

Esta historia finalizó con la letra “F”.

Porque esta vez el medicamento sí Funcionó.

Fin

Autora: Gladys Herrera Patiño

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