El hada conciliadora – Capítulo II

Cuentos infantiles de hadas

El hada conciliadora – Capítulo II es uno de los cuentos infantiles de hadas de la escritora Liana Castello. Cuento infantil sobre duendes sugerido para niños a partir de ocho años.

Capítulo II

-¡Te dije que no exageraba! ¡Te lo dije! ¿Has visto? ¿Has visto?-Gritó Din a Don.

-¿Has visto? ¿Has visto? –lo burlaba Don-Repites todo además de exagerar. Si he visto ¿Y qué?

Ha de haber sido tu culpa, tú llenas esos registros-contestó enojado Don.

-¡Ambos llenamos estos registros! ¡Cobarde no quieres aceptar que este error también es tu culpa!

El hada madre no podía creer cómo discutían sus ayudantes. Había tratado siempre de que se llevasen bien y no lo había logrado. Su corazón sufría porque jamás podían entenderse.

-Escuchen por favor-intervino el hada madre-acá no hay culpas, sino responsabilidades que no es lo mismo. Este error es también mío pues soy yo quien designa las misiones y controla los registros que ambos llenan.

-¡Es un descuido imperdonable de nuestra parte hada madre!-se excusaba Din.

-Imperdonable, imperdonable ¡pues tampoco será para tanto! ¡Imperdonable de tu parte es que hagas este escándalo, no se ha terminado el mundo!-gritaba Don.

-Bueno basta por favor, basta los dos. Ambos tienen razón en cierto modo, es un error que jamás debió suceder, pero no vamos a desesperar por ello y mucho menos discutir como lo están haciendo.

-A decir verdad, nosotros no necesitamos tragedias para discutir, lo hacemos siempre-Aceptó Din.

-¿Qué dices? ¿Qué dices? ¡Tú discutes siempre!-contestó Don.

-¡Ahora eres tú el que repite! Ay miren al señorito duende repitiendo todo. Si repites lo que yo digo es porque sabes que tengo razón-retrucó Din.

-¿Tú razón? ¿Crees que estoy loco? Antes que darte la razón hago con mi gorrito una rica sopa-contestó Don.

-¿Sopa?-río Din- Ni un mísero té sabes hacer ¡por favor no me hagas reír!

-¡Bueno basta se agotó!-Dijo fuerte el hada madre.

-Precisamente es el problema-intervino Din-se han agotado las virtudes y las misiones.

-No me refiero a eso-respondió muy preocupada el hada-me refiero a otra cosa.

-¿Qué se agotó también entonces, los tecitos tal vez?-preguntó Don- ¿agua quizás? ¿La galleta? ¿El jabón? ¿Qué se agotó?

-Mi tolerancia a estas discusiones, esto no puede seguir así.

-¿Vio que grave era hada madre? Nos quedamos sin virtudes, sin misiones y usted sin tolerancia ¡una desgracia!-dijo Din

-Desgracia es tener que escuchar tus lamentos-dijo Don.

-Por hoy es suficiente-dijo el hada madre y tan triste y preocupada la vieron que ninguno de los dos duendes se animó a decir palabra-Déjenme sola, veré que hago, este asunto es mi responsabilidad.

Y así Din y Don se fueron calladitos, algo muy extraño en ellos dos. La situación era realmente preocupante: una hadita recién nacida esperaba saber qué misión tendría en la vida y eso era algo muy importante.

Una vez sola, el hada madre se sirvió un rico té, se sentó en su silla, acomodó cada uno de los libros en su escritorio y comenzó nuevamente a controlar los registros: Amables, Atentas, Consideradas, Cariñosas, Dedicadas, Protectoras, Prudentes… El tiempo pasaba y el hada, preocupada, corroboraba que era cierto, que todas las misiones habían sido encomendadas.

Algo debía hacer, la solución no era quedarse en el problema y lamentarse por el error cometido. Quiso servirse más té y sin querer, tiró al suelo uno de los bellos libros.

Cuando lo fue a recoger vio que había quedado abierto en la parte que correspondía a las letras C y D. Pensó que eso era una señal, que por algo había quedado abierto en esas letras y no en otras.

De pronto recordó a Din y Don y sus eternas discusiones. Se dio cuenta que, por más esfuerzos que había hecho, jamás había logrado que los duendes se entendiesen y respetasen sus diferencias.

Y como el hada madre era un ser muy sabio, pensó que de esa grave situación que vivían producto de un error, podían hacer algo bueno con ella. Tomarla como una oportunidad y no como una desgracia.

Volvió a revisar una vez más y aún con más cuidado, todas las virtudes que comenzaran con la letra C y descubrió algo que la maravilló.

Contiuará…

Todos los derechos reservados por Liana Castello.

Ilustración de MARIA GRANADERO
[email protected]
web Art Maria Granadero

Capítulo I

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