El guardián de los sueños – Capítulo VII

ELIZABETH SEGOVIANO

Cuento infantil de hadas en idioma español sugerido para niños lectores de 9 a 12 años.

Capítulo VII – Confía en mi

El castillo de Mizar es una maravilla increíble, la estructura esta hecha de agua que cambia de color según la hora del día, pero que al tacto es dura como el acero, desde el interior pueden verse la luna y las estrellas, al igual que las luces del alba y del atardecer, todo al mismo tiempo, dentro habitan aves que nunca han surcado el cielo de la tierra y que cantan con una voz similar a la de un violín, los largos pasillos que llevan a salones majestuosos están sembrados con cerezos, jacarandas y girasoles, siempre en flor, en algunos pasillos es primavera, en otros verano, y en los últimos se ve volar el follaje multicolor de los árboles en otoño, y más lejos los pasillos nevados del invierno son igual de bellos, con riachuelos sobre los que se puede patinar y copos de nieve que danzan con un viento frío pero agradable que huele ligeramente a chocolate y vino especiado.

Cada salón tiene una hermosa chimenea labrada en rocas de un antiguo volcán y el fuego que crepita en ellas fue traído desde él, el fuego de Igne, que permite ver los momentos más felices en las vidas de quienes miran las llamas. En el castillo existen varios salones que son de mayor importancia, el salón de Véritas, que alberga todos los pergaminos de la sabiduría élfica y angélica, el salón de la Stella Eterna, que contiene millones de recipientes con los rayos más puros de cada estrella que ha existido y se lleva el cuidadoso registro de las estrellas que nacen o mueren. Otro salón muy especial es la inmensa biblioteca de cristal de Sognos, donde los elfos guardan celosamente los pergaminos entregados por los escribas humanos que los ángeles han elegido para que creen los sueños más hermosos, originales y divertidos que hayan existido y cada pergamino es leído por un ángel guardián a los niños que están a su cuidado para hacer de sus sueños algo único que pueda convertir su realidad en magia pura. Y por último, el salón más grande de todos, el gran salón de Io que alberga una réplica exacta de un mítico lago llamado Akilá; las aguas púrpuras y cristalinas de ese lago fueron traídas desde más allá de las estrellas y en ellas puede verse el reflejo de las almas y corazones de todo el que toca el agua, sus anhelos, miedos, sueños, esperanzas, su pasado, su presente y, de ser necesario, su futuro, se dice que las mágicas aguas de Akilá tienen el poder de limpiar el alma más oscura, sanar corazones destrozados, e iluminar la mente más perdida, dicen que una sola gota ahuyenta cualquier miedo y que quien se baña en sus aguas puede sentir todo el amor del universo. En el grandioso salón de Io las lunas de todas las galaxias iluminan el techo con tenues rayos plateados, ahí también se encuentra una larguísima mesa redonda hecha de un hielo rosado que no se derrite , en ella hay asientos de plata para todos los ángeles, elfos y hadas que existen, también hay lugares de honor para invitados especiales y los días de fiesta y reuniones importantes son celebrados en ese bello lugar.

La carreta de oro que llevaba a Soleil, Aldebarán y al búho pasó por el puente levadizo y la entrada se selló al instante bajo una cascada de agua impenetrable, y en la entrada ya los esperaba el gran elfo Albornoux, el guardián y regidor del castillo de Mizar y del reino de todos los seres mágicos.

Albornoux hizo una reverencia a los recién llegados y de inmediato tomó a Soleil en sus brazos.

– Debemos apresurarnos mi señor Aldebarán, ahora que Soleil está profundamente dormida hay que llevarla al lago de Akilá, entonces sabremos como es que se ha desatado tanta oscuridad, síganme.

– ¿Soleil va a despertar Albornoux? –preguntó preocupado el oso-

– Claro que si, en cuanto sepamos como ha ocurrido esta tragedia, podremos solucionarla, no me cabe duda alguna Aldebarán, ustedes son unos guerreros poderosos, nunca antes alguien había podido cruzar el sendero oscuro, no sin una armadura mágica, forjada en nuestro fuego sagrado de Igne, pero ustedes pudieron luchar con esos seres oscuros porque el fuego en sus corazones es puro, completamente puro y desinteresado, así que ahora que ya se encuentran aquí se que podremos reestablecer el orden y el balance entre luz y oscuridad, y todos los que han sido afectados por esto regresarán a la normalidad.

Cuando llegaron al salón de Io a orillas del lago Akilá, Albournoux se sumergió con la niña en brazos, el agua del lago comenzó a mecerse suavemente y las olas que bañaban a Soleil se convirtieron en burbujas que mostraban su vida, el sabio Albournoux entonces pronunció unas palabras y de entre todo el mar de burbujas una se fue haciendo más grande y clara, la que mostraba el momento en el que todo había cambiado, la lluviosa tarde en que la nena había ayudado a un hada, el hada que había desatado a cientos de oscuras criaturas, al verla Albournoux y el resto de las hadas exclamaron al únisono ¡¡¡DARKLERYTH!!!

– ¿Quién es Darkleryth? –interrumpió Aldebarán-

– ¿Buhoo es una bruja buhoo?

– Es peor que eso querido búho, es un hada de grandes poderes, pero también es muy rebelde, no le gusta obedecer órdenes ni tampoco le gustaba estudiar, tiene dones naturales, pero sin una guía apropiada ha confundido la magia élfica con los antiguos hechizos de las brujas, estoy seguro de que no tenía la intención de desatar la oscuridad, pero es lo que ha hecho … debemos encontrarla …

– Buhoo .. ¿puedes hacer que la burbuja sea más grande mi señor elfo?

– Claro … ¿la has visto antes?

– ¡buhoo! ¡buhoo! ¡buhoo! ¡Aldebarán es el pájaro raro que dejamos en mi nido cuando nos conocimos!

– ¡Claro! Era ella, era un hada ¡la misma!

– ¿Porqué la dejaron en el nido del búho, mi señor guardián?

– Yo la encontré, estaba herida e inconciente, la habían perseguido unos murciélagos horribles, enormes … muy parecidos a esas sombras que nos atacaron en el camino oscuro.

– ¿la oscuridad atacó a Darkleryth? … no puede ser …

– ¿porqué no buhoo? La oscuridad ha atacado a todos buhoo

– Porque no debería atacar a quien la ha invocado … eso significa que la oscuridad misma se ha revelado … necesitamos traer a Darkleryth, solo ella puede deshacer el hechizo, pero hay que hacerlo pronto de lo contrario pronto la oscuridad será más fuerte que la magia de ella y nada podrá detenerla …

– Yo iré a buscarla –se apresuró Aldebarán-

– Buhoo, yo iré contigo buhoo

– Si, mis dos señores irán, pero no irán solos y desarmados –dijo Albournoux, esta vez yo los voy a proteger, Aldebarán ve a la armería, te daremos la armadura que necesitas, la que ha sido hecha para ti, la armadura de tauro, la estrella que te protege, a ti, mi señor búho también te daremos una armadura, una hecha por las manos del elfo Onir, el elfo amo de los aires …

Aún no acababa de hablar Albornoux cuando las aguas del lago de Akilá se agitaron y se oscurecieron mostrando el presente de Soleil, ella seguía combatiendo, pero en sus sueños, estaba luchando contra las sombras para alejarlas de su abuelita y de sus amigos, pero dentro de sus sueños Aldebarán no podía protegerla.

– ¡Soleil! … ¿qué hago Albornoux? ¿cómo la protejo?

– Hay que llevarla con Vermalion, el ángel los sueños y las estrellas, rápido síganme al gran salón de Stella Eterna.

Una vez dentro del gran salón el ángel Vermalion recostó a la niña y tomó de los altísimos estantes de amatista cien frascos que contenían la luz de estrellas recién nacidas, la luz más pura del universo, y los vertió todos sobre Soleil, esta luz, decía el ángel, la protegerá en su valiente empresa, Soleil ha decidido quedarse en sus sueños a luchar Aldebarán, y nosotros debemos hacer lo mismo, pero no la dejaremos sola, mientras hablaba, el ángel destapó otro frasco, y bebió un sorbo de la luz de Orión y se convirtió en una resplandeciente nube vaporosa que se infiltró en los sueños de la niña ¡confía en mí Aldebarán, nadie lastimará a Soleil!

Albornoux entonces guió al guardián y al búho a la armería en donde ya les tenían listas sus magníficas armaduras y una espada de plata lunar para el oso, esta vez ninguna oscuridad iba a pasar sobre ellos.

CONTINUARÁ…

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Elizabeth Segoviano © Copyright 2013 TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

Ilustración de Elizabeth Segoviano

Cuento infantil en idioma español sugerido para niños lectores de 9 a 12 años.

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