El guardián de los sueños – Capítulo VI

elizabeth segoviano

El guardián de los sueños – Capítulo VI

El guardián de los sueños – Capítulo VI – El momento más oscuro es antes del amanecer.

Desde lo alto del espeso follaje en un árbol, el gran búho recobraba la conciencia, pero sus ojitos no lograban distinguir más que un mar de sombras con grotescas muecas simulando algún tipo de sonrisa.

En ningún rincón había un solo atisbo de luz y se preguntó si acaso eso era todo, si la batalla estaba perdida y si el mundo que había conocido sucumbiría ante aquel maléfico hechizo que no tenía sentido … el búho se entristeció y comenzó a llorar, sus lágrimas se deslizaron a través del plumaje en su rostro y cayeron entre las hojas; el ave notó que sus lágrimas resplandecían, reflejando alguna luz, la oscuridad pareció arreciar igual que un viento invernal, lo que hizo a las lágrimas brillar como un puñado de estrellas … entonces lo escuchó fuerte y claro, el sonido inconfundible de la maltrecha armadura de Aldebarán todavía ofreciendo batalla, a pesar de que las maléficas sombras habían encajado sus negras garras en su blanca piel, sin importar si mientras lanzaba otra estocada los horribles colmillos de aquellos seres se hundían más y más, Aldebarán seguía luchando.

En aquel momento el búho pensó que debía ser igual de fuerte que Aldebarán y no rendirse, si había tanta oscuridad tratando de detenerlos debía ser porque los seres mágicos no estaban lejos. Entonces levantó presuroso el vuelo, sintiendo como las sombras le arrancaran las plumas de las alas y trataran de tirarlo, ignoró los macabros sonidos burlones que emitían, solo le importaba encontrar la luz de los seres mágicos.

Volando a todo lo que le daban sus alas el búho cruzó el retorcido sendero que desembocaba en un bosque diferente, uno lleno de luces, colores y vida;

– ¡Buuhoo, auxilio! ¡en el nombre de Aldebarán guardián de los sueños, ayuda buuhoo!

– ¿Aldebarán? –dijo una voz clara y melodiosa que parecía surgir de entre las nubes-

– Si buuhoo, el guardián de los sueños, está siendo atacado junto con su protegida en el sendero oscuro ¡ayuda!

– ¿Sin armadura? … ¡imposible!

– Buuhoo la pequeña nos hizo una armadura, buuhoo

– ¡imposible! ¡que locura! … –luego de un momento en silencio resonó en el ambiente el profundo llamado de un caracol de mar invocando a los seres mágicos- ¡Elfos prepárense! ¡luciérnagas, libélulas vayan con las hadas arqueras! ¡dos líneas de ataque por los flancos! jinetes del viento conmigo, hadas de la luna en la retaguardia, guardianes de las estrellas en las catapultas ¡vamos! ¡por los sueños, por todo lo que es pequeño, inocente y bueno! ¡vamos por el honor del reino de las hadas, por la luz dentro de todos, por Aldebarán!

– ¡POR ALDEBARÁN! –se sumaron miles de voces de seres mágicos, insectos y animales

Ante los atónitos ojos del búho, miles de criaturas pequeñas aparecieron abarrotando el cielo, había elfos montados sobre colibríes, diminutas y menudas hadas con relucientes arcos y flechas de plata a lomos de libélulas, abejas y luciérnagas, había mariposas con monturas esperando a que cientos de duendecillos alistaran sus espadas, a lo lejos aparecieron decenas de seres luminosos cargando sacos cuidadosamente atados en las catapultas, había cervatillos, ardillas, lobos, pájaros de todo tipo, una familia de osos … todos con armaduras refulgentes.

El búho no podía creer que todos esos seres estuvieran dispuestos a unirse a la batalla, pero algo interrumpió su contemplación, una decena de hadas lo rodeaba confeccionándole una cota de malla tan ligera como sus plumas, también un casco que brillaba como hielo pero que era cómodo y abrigador, después volvió a resonar el caracol de mar y al grito de ¡ALDEBARÁN! Aquel incontable ejército comenzó a marchar hacia el oscuro sendero retorcido, y al frente por fin descubrió a la criatura detrás de todas las órdenes, un elfo de gran estatura (comparado con las hadas) de barbas azules trenzadas y a juego con su larga cabellera enfundado en una armadura dorada y un casco con cuernos de toro, el gran búho supo que era el guardián de la estrella de Aldebarán y con renovados bríos también se unió a la marcha para volver a darle batalla a las sombras.

En el fondo del retorcido sendero plagado de oscuridad, Aldebarán cubría el cuerpo inconciente de Soleil sintiendo que sus fuerzas menguaban con cada segundo, sin embargo en ese momento en que todo parecía demasiado oscuro resonó un caracol, el sonido se alzó sobre los gruñidos, chillidos y aullidos de las sombras, luego la inconfundible voz de su amigo búho y después todo fue un mar de luces y voces que clamaban su nombre.

– ¡ALDEBARÁN NO PELEA SOLO!

– BUUHOO EL GUARDIÁN NUNCAESTÁ SOLO BUUHOO

– ¡ALDEBARÁN, ALDEBARÁN, ALDEBARÁN!

Una lluvia de flechas encendidas con un polvo mágico hizo un cerco alrededor del oso y Soleil, las sombras que intentaron traspasarlo chillaron terriblemente y desparecieron, dos filas de elfos a lomos de aves y lobos comenzaron a repartir golpes de espadas de plata, los cervatillos envestían con sus cuernos protegidos en cotas de malla a cuanta grotesca criatura encontraran envuelta en sombras, sobre el viento viajaban seres luminosos lanzando bolas de un fuego color violeta que encendía a las sombras como si fueran paja, y detrás de ellos llegaron unas catapultas en las que lanzaban sacos de polvo de estrellas que al ser lanzados al aire se encendían y al caer perforaban toda oscuridad, Aldebarán se incorporó y comenzó a golpear lo que quedaba de aquellos seres con su escudo de atrapa sueños y pronto aquel sendero que antes parecía un abismo de oscuridad estaba iluminado como la vía láctea .

Por encima de los árboles aún se levantaba una gigantesca criatura sombría que gruñía y enseñaba los colmillos, pero que se fue desvaneciendo lentamente en la bruma de la mañana.

– ¡Buuhoo vencimos!

– Al menos por ahora –dijo el elfo- habrá otro ataque … esas sombras están enfurecidas.

– ¿Pero porqué? –preguntó Aldebarán mientras cargaba en brazos a Soleil quien seguía inconciente-

– Mi señor –el elfo hincó una rodilla en el suelo en señal de respeto y todas las demás criaturas luminosas se quitaron sus cascos e hicieron lo mismo- guardián por favor perdónenos por haber tardado tanto en ir a su encuentro, había mandado a un grupo de elfos a buscarle pero jamás regresaron … yo … yo no puedo creer que hayan llegado hasta aquí, su voluntad es muy fuerte, al igual que la de su pequeña protegida … sin duda alguna las estrellas les concedieron su gracia.

– Un poco de suerte, un poco de fuerza, pero sobretodo amor, mi señor elfo, el amor que Soleil siente por su abuela, por sus amigos, por sus sueños, por el mundo bueno que conoce su corazón, esa fue la luz que nos guió … pero no entiendo ¿porqué tanta oscuridad? ¿porqué tanta saña contra una niña que nunca ha hecho ningún mal?

– Para averiguarlo mi señor Aldebarán, necesitamos a Soleil, debemos llevarla a al castillo de Mizar, nuestro padre, el elfo más poderoso y sabio que existe, sabrá encontrar la respuesta.

– Andando, no podemos esperar más mi señor elfo.

– Aldebarán, su viaje ha sido largo, la pelea ha mermado sus fuerzas, permítanos llevarlos a Mizar con el honor, el respeto y el lujo que merecen …

– No hay necesidad, puedo llevar a mi pequeña …

– Buhoo ¡pero estás herido! Y Soleil también, deja que los lleven, no seas testarudo, buhoo

– Su amigo el valiente búho tiene razón mi señor guardián, además llegaremos más rápido si nos permiten llevarlos.

– … está bien mi señor elfo … pero también llevarán al búho ¿verdad?

– Por supuesto.

El elfo guerrero silbó una bella tonada y en un segundo estaban frente a él una deslumbrante carreta de oro tirada por unicornios, cubierta con delicadas sedas y llena de almohadas que parecían nubes, de su interior bajaron cuatro hadas que ayudaron a recostar a Soleil al tiempo que le cantaban los más dulces y tiernos arrullos que jamás se hayan escuchado, luego subió el búho quien no aguantó la curiosidad y se echó sobre los almohadones de un salto para descubrir que en verdad eran nubes, esponjosas, vaporosas, cálidas y al contacto olían a lluvia, a pasto recién cortado, a rosas y lavandas, a moras y vainilla, aquellas fragancias envolvieron al búho quien de inmediato se quedó dormido, Aldebarán sonrió y también subió a la carreta y dos hadas se ocuparon de retirarle la armadura destrozada y remendar los cortes que tenía en la piel.

El oso no quería perder ningún detalle del viaje, pero la calidez de las almohadas, el canto de las hadas, los tenues perfumes que despedían, el suave vaivén de la carreta y el tremendo cansancio pudieron más y cerró los ojos para sumergirse en un sueño esperanzador en donde se veía en la habitación de Soleil sentado ante su mesa de juguete vistiendo un elegante chaleco de terciopelo púrpura mientras tenían una fiesta de té rodeados de aves, hadas y sus juguetes. Era como si ninguna preocupación u oscuridad hubieran existido nunca, el guardián sonrió y en ese momento una melodiosa voz resonó claramente en su sueño, la voz decía : “así será … tu sueño, como todos los sueños son posibles, si vienen del lugar más puro de tu corazón, ellos tocarán la luz del amanecer” …

Aldebarán sintió renovadas sus fuerzas y lentamente abrió los ojos para toparse cara a cara con el gran elfo de Mizar quien tenía las manos llenas de una luz hermosa que se estaba derramando sobre el oso como si fuera el agua de una dulce cascada.

Continuará…

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Elizabeth Segoviano © Copyright 2013 TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

Ilustración de Elizabeth Segoviano

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