La estrella y el hombre

Hace tiempo hubo un hombre que encontró, una noche, a una estrella dentro de una cajita de cristal.

La estrella le daba luz y calor, le daba compañía pero siempre que el hombre quería abrazarla, la estrella le quemaba los brazos y las manos, entonces él tenía que alejarse para curar sus heridas.

Pero sabía que la estrella le miraba desde lejos, y los dos querían estar juntos. Mucho tiempo, él tuvo heridas en sus brazos y ella le lastimaba sin quererlo.

Un día, el hombre, cansado y triste, vio el cielo y al fin puso atención a las otras estrellas. Entendió que las estrellas están lejos para no lastimar a las personas, y aunque estén allá arriba también están dentro de nuestros ojos cuando las miramos, y juntos, aunque por un instante, podían estar. Tomó una decisión.

La estrella descansaba en esa cajita de cristal desde la que veía al hombre. Él tenía que tomarla en sus manos y subirla al cielo. Le dolería mucho las quemadas, pero no había otra forma. Cuando tomó a la estrella en sus brazos, ahora fue ella quien le dio el abrazo, gesto que le ardió en el alma más que en el cuerpo al hombre, puesto que estaba triste de tener que dejarla ir. La subió tan alto como pudo y entonces la estrella, con lágrimas, se posó en su lugar junto con sus compañeras.

El hombre siempre que es de noche sale de su casa y siempre ve hacia donde mismo. Busca a su amada estrella y sabe, en el fondo, que habrá un día en el que puedan estar juntos; tal vez cuando ella se convierta en mujer y puedan vivir a su lado, o cuando él se convierta en estrella y pueda estar en el cielo con ella.

Fin

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