Una rara enfermedad. Cuentos de hadas

Una rara enfermedad. Cuentos de hadas

Una rara enfermedad. Cuentos de hadas

Una rara enfermedad. (Dos meses después de “La gran expedición de las hadas”) Julieta Roel, escritora argentina. Cuentos infantiles en capítulos. Cuentos de animales para niños. Cuentos de hada.

Capítulo 1: “Así comenzó”

Una libélula había recorrido varios países ese año. Estaba volando tranquilamente cuando de repente le empezó a picar la nariz y… -“¡¡¡Aaaachuuus!!!”, estornudó la pobre libélula. Siguió volando y, en cierto momento se cruzó con otra de su misma clase, y paró para charlar.

Una vez que se despidieron, la otra libélula siguió su camino. Estaba volando cuando de repente….

-“¡¡¡Aaaachuuus!!!”, estornudó fuertemente. Continuó su viaje hasta que se cruzó con otra libélula y paró para charlar. Cuando se despidieron, la otra siguió su camino, pero de repente…

-“¡¡¡Aaaachuuus!!!”, estornudó ella también. Y así siguió la cadena de charlas y estornudos, hasta que una de las tantas libélulas contagiadas llegó a un bosque no muy grande, en el que habitaban insectos, pocos animales y muchas hadas…

Capítulo 2: “¿Qué sucede?”

Dentro del bosque… Era primavera, estación alegre, en la que las flores crecen y el sol brilla, primavera, la estación preferida de Florcita Silvestre. Ella, como cada día de sus tres meses favoritos, se levantó temprano para observar el amanecer sentada en el pasto bien cuidado de su bonito jardín.

Se dirigió hacia el gran Roble para desayunar junto con sus amigas. Sin embargo al llegar allí no había nadie, ni siquiera las hadas cocineras, las más madrugadoras del bosque. Flor pensó que quizás todavía era muy temprano y decidió esperar un poco más. Pero pasaron los minutos y las horas, y nadie se presentó en el Roble.”¿Habrá alguna fiesta y no me enteré?”, se preguntó Flor. Decidió averiguarlo.

Capítulo 3: “¡Qué raro!”

El árbol en el que se festejaban las fiestas era llamado “antiguo conocedor”, ya que era muy antiguo y debía conocer miles de historias sobre las hadas. Era siguiendo el camino bordeado por las casas-árboles de las hadas o, como ellas le llamaban, “la ruta principal”, ya que era el camino por el que se podía llegar a casi todos los árboles del bosque.

Flor siguió ese camino y, al encontrarlo desierto, pensó que había acertado con su idea, pero cuando llegó lo encontró tan desierto como el Roble y el camino. Confundida, decidió ir a la casa de Sallie, de quien se había hecho muy buena amiga después de la expedición de la que ambas habían participado.

Cuando llegó a la casa de su amiga, tocó la puerta varias veces antes de que Sallie, con voz ronca, le dijo, sin abrir la puerta, que lo lamentaba pero no podía recibirla ya que estaba muy enferma. Flor regresó a su casa más confundida que antes. Dibujar a veces le aclaraba las ideas, así que tomó su atril, sus lápices y puso manos a la obra…

Capítulo 4: “Una carta lo aclara”

Cuando terminó había dibujado casi todo el bosque, pero aún seguía confundida. Alguien interrumpió sus pensamientos tocando impacientemente el timbre. Flor corrió a abrir. Una vaquita de San Antonio entró agitada en la casa de Florcita, se posó sobre la mesa y extendió sus alas.

Flor pensó que sólo era traviesa y juguetona y que pronto se iría volando, pero la mariquita se quedó quieta sobre la mesa. Le hizo señas a Flor con la cabeza como si le pidiera que se acercara. Florcita estaba maravillada y su sorpresa fue aún más grande cuando, al acercarse al bichito de San Antonio, que seguía con sus alas extendidas pudo ver que los puntitos de sus alas ¡¡formaban letras!! El mensaje completo (que Flor transcribió en una hoja), decía:

“Querida Florcita Silvestre: Como ya te habrás dado cuenta, hoy no hay nadie en el bosque, y no es porque están todos en una fiesta. ¡¡Estamos todos enfermos!! Es una enfermedad muy rara. Lila, la cuidadora de las libélulas, fue la primera en contagiarse, y la enfermedad se expandió en la fiesta de cumpleaños de Aguamarina, a la que le encanta el agua. Por suerte (porque si no te hubieras contagiado) no pudiste asistir a la fiesta, ya que era tu turno de lavar las alas de las mariposas. El punto es que, ya que eres la única hada sana en el bosque y eres muy valiente, por favor ayúdanos a encontrar la cura. Ésta se halla en un misterioso bosque. Pronto te enviaré más información sobre él. Por ahora no visites a nadie para no enfermarte. Si aceptas esta misión, dile a Lulú (la vaquita de San Antonio) que me lo comunique. Muchas gracias Reina Corona Real”

Florcita recordó cuán triste se había sentido por no poder asistir a esa fiesta, pero en ese momento se alegró por no haber ido. A Flor le asombró como la Reina, con magia, había escrito tanto sobre las pequeñas alas de la mariquita. Pero sin dudarlo, le dijo que le comunicara a Corona que aceptaba su misión.

La vaquita de San Antonio se fue volando con tanta rapidez como había entrado. Flor se quedó algo alegre porque la Reina confiaba en que ella podía encontrar la cura, pero también un poco preocupada, por la enfermedad y por ese misterioso bosque que Corona mencionaba… Ansiosa, Flor se sentó dispuesta a esperar que la Reina le enviara más información sobre su misión, pero cuando pasaron dos minutos se aburrió de estar tan sola, y, como tenía mucha hambre, desayunó en su casa.

Capítulo 5: “Otra sorpresa”

Recién había acabado su desayuno cuando tocaron a su puerta. Florcita corrió a abrir. Un pequeño bolso seguido de un sobre, una brújula y un collar entraron volando y se posaron sobre la mesa. El sobre se abrió y una carta que estaba en su interior se desdobló y se ubicó en la mesa. Flor estaba muy sorprendida.

Tomó la carta y la leyó: Florcita Silvestre: Te mando estos objetos para que te ayuden en tu búsqueda. La brújula te servirá para guiarte, el collar te ayudará a descubrir el camino hacia la hermosa “Almadelbosque”, la flor curativa que debes buscar. En el bolso hay una linterna, alimento, un libro con las instrucciones de lo que debes hacer y mucho abrigo (el bosque es MUY frío). Te preguntarás qué bosque, pues el bosque de los árboles altos, cuyo nombre ignoramos, el que visitaste hace más de un año, allí tienes que buscar. El resto de la información la encontrarás en el libro. Por favor “léelo” antes de partir. De hecho, debes partir mañana. Nuevamente, muchas gracias. Reina Corona Real.

-“¡¡¡Mañana!!!”, se dijo Flor.

–“¡Es muy pronto!

Capítulo 6:”Más magia…”

Nerviosa, y pensando cómo lograría leer ese enorme libro para el día siguiente, tomó el librote en sus manos y, con un suspiro, se sentó en una cómoda silla, lista para pasar el resto del día leyendo. Sin embargo, al abrirlo, ¡¡¡una mágica voz comenzó a leerle su contenido!!! Al llegar a la parte en la que decía cómo llegar al bosque, aunque Flor ya lo sabía, un mapa en tres dimensiones sobresalió de la hoja.

Sobre el mapa, se marcó con una cruz roja el lugar donde se encontraba el bosque. Y el libro siguió hablando, hasta que, a las cinco de la tarde, antes de lo que Flor esperaba, terminó de leer, mejor dicho de escuchar, las enormes instrucciones. Luego el libro se cerró y salió volando una de sus hojas hasta las manos de Flor.

Allí estaban, tan sólo en diez puntos, los pasos que debía seguir. Florcita pensó que Corona podría haberle entregado en lugar de TODO el libro, esa hoja, pero al leerla con más atención notó que allí sólo estaban los pasos más importantes, pero en el libro había otros que podrían serle de gran utilidad.

Capítulo 7: “Lo sabe todo”

Tomó su nuevo bolsito hecho con pétalos de distintas flores de su jardín y contenta comenzó a colocar las cosas en su interior, pero se acordó de que debía usar el bolso que le había dado Corona. Un poco desilusionada ya que quería estrenar su carterita, miró el regalo de la reina. Era negro y parecía viejo. A Florcita nunca se le hubiera ocurrido usar algo así. Pero cuando lo tomó en sus manos, el feo bolso desapareció y en su lugar apareció una pequeña carta que decía:

“Tranquila, usa tu bolso” Reina C. Real

Luego se esfumó en el aire al igual que el horrible regalo de la reina. Flor se alegró y siguió empacando. Corona adivinaba todo lo que ella hacía y pensaba.

– ¿Cómo lo sabrá?-se preguntó.

–Bueno, por algo es la reina-se dijo.

Capítulo 8: “Problemas de vestuario”

Al otro día Florcita se levantó más temprano que usualmente, desayunó muy bien y subió a su habitación a cambiarse. Pero al observar una y otra vez sus atuendos se dio cuenta de que, por primera vez en su vida, habían pasado más de dos minutos y seguía sin saber que ponerse, porque el bosque era muy frío, pero mientras volara hacia allí haría calor, ese era un gran dilema. Flor decidió ir a la tienda “Ropa Mágica”, su tienda favorita.

Miró su reloj, le quedaba bastante tiempo, así que se vistió con lo primero que encontró y salió volando hacia la tienda. “Ropa Mágica” era una tienda especial ya que, cuando comprabas algo, no pagabas con pedacitos de corteza de árbol, como normalmente, sino que las hadas tenían la opción de dejar un atuendo viejo para que en la tienda lo renovaran y lo vendieran mientras la clienta se llevaba uno nuevo o bien podían llevar hojas, pétalos y otras cosas, a modo de pago, para que María Alfiler y Macarena Costura, las dueñas de la tienda, fabricaran nuevos conjuntos.

Flor era una clienta que pasaba frecuentemente, por eso era buena amiga de María y Macarena. Florcita llegó al negocio pero, por supuesto, allí no había nadie. Comenzó a buscar entre la ropa el conjunto adecuado y pronto lo encontró. Era un hermoso vestido azul marino con manas largas celestes y algo parecido a unas calzas también en color celeste. Flor se lo probó. ¡Le quedaba perfecto!

En la vidriera vio unos hermosos y cómodos zapatos azules. Colgó su ropa vieja (de hace más o menos dos semanas) en una percha y se marchó de la tienda feliz. Cuando estaba volando reconoció en su nuevo vestido a uno viejo, verde y feo que había dejado en la tienda hacía un mes. “María y Maca convierten lo más feo en algo hermoso”, pensó Flor.

Cuando llegó a su casa se puso el collar de Corona, revisó una vez más la carta de la reina para asegurarse de que llevaba todo y cuando estuvo lista tomó su bolsito, respiró profundamente, abrió la puerta y se dirigió hacia la aventura…

Capítulo 9: “Comienza la aventura”

Flor se acercó al jardincito de su casa y se despidió de sus flores. Estaba muy apenada porque tendría que dejarlo sin cuidados quizás por varios días, ya que nadie podría cuidarlo en su ausencia al estar todos enfermos. Por suerte unos días atrás Rocío Templado, el hada del tiempo, había pronosticado algunos chaparrones para esa semana, aunque Flor esperaba que no sucediera lo mismo en el bosque al que debía ir pero, como nunca se sabe, por si las dudas había empacado un pequeño rollito de hojas que al extenderse formaban un paraguas.

Seguía despidiéndose de su jardín cuando un alegre pájaro azul con una cartita en su pico se posó en su jardín y le entregó el mensaje que simplemente decía: “Ya es hora, debes partir. Te deseo mucha suerte” Reina C. Real Florcita tomó aire y comenzó a volar hacia el bosque. Cuanto más se alejaba de su bosque comenzaba a hacer más frío y Flor, que cada tanto miraba hacia atrás, cuando lo hizo, su hogar era tan solo un punto lejano.

Volvió a mirar hacia delante y casi se choca contra un enorme árbol. Había llegado a donde indicaba la cruz en el mapa, sin embargo Flor tuvo que revisarlo varias veces para convencerse de que era el lugar correcto, ya que era muy distinto al bosque en el que se había perdido hacía más de un año atrás. Después de revisar el mapa unas veinte veces, decidió entrar. Al primer paso todo oscureció…

En cuanto se adentró un poco más el frío le impidió moverse. Temblando sacó una abrigadísima campera de su mochila y se sintió apenas lo suficiente mejor como para poder seguir volando. Todavía no estaba muy segura acerca de si estaba en el lugar correcto, pero algo la animaba a seguir…

Capítulo 10: “Un gran descubrimiento”

Ese algo eran todas sus amigas, la reina, los animales y hasta las plantas enfermas. También quería que el bosque volviera a ser el lugar alegre, divertido, lleno de mariposas y hadas, como lo era antes de la enfermedad. Pensando en todos ellos y en que estaba en sus manos que se curaran, siguió avanzando tratando de no prestarle atención ni al frío ni al misterioso bosque. Y así siguió caminando durante el resto del día.

Cuando llegó la noche (aunque en el bosque el día era igual de oscuro que la noche), Flor se acurrucó en las raíces de un árbol y se tapó con algunas mantas hechas con hojas que llevaba en su mochila ¡Recién ahí lo reconoció! , ¡Ese era el árbol en e l que había dormido hacía más de un año!

Y, al igual que ese recuerdo, otro llegó fugazmente. Flor se acordó de que, hacía ya algún tiempo, había leído una historia acerca del misterioso Bosque de los Opuestos, ¡y todo encajaba perfectamente con ese bosque!, en el libro decía que en el Bosque de los Opuestos en invierno y otoño hacía calor y en verano y primavera hacía frío, ¡exactamente igual que lo que sucedía con el bosque de los árboles altos, en el que Flor se encontraba!

Florcita lanzó un grito de alegría que asustó a varias lechuzas y asustó a otros animales. Por eso la última vez que visitó el bosque hacía calor, porque era otoño, pero en ese momento hacía frío porque era primavera, todo tenía sentido. Flor se durmió pensando en que estaba en un bosque que era su viejo amigo.

Capítulo 11: “¡A caminar!”

A la mañana siguiente Flor se levantó muy tempranito. Ya no sentía tanto frío pero si tenía mucha hambre. Sacó de su mochila una bolsita que decía: “Alimento para 5 o 6 días” y la abrió. En su interior se encontraban dos sándwiches de semillas de amapola, dos mini-pastelitos de moras frescas, tres tarritos con pedacitos de frutas y vegetales de los huertos de las hadas y una pequeña semillita de girasol, la golosina preferida de las todas ellas.

Florcita tomó un sándwich y lo comió, mejor dicho, lo devoró. Estaba riquísimo, pero le dio mucha sed. Flor se acordó ¡de que había dejado su cantimplora sobre la mesa de su casa!, el arroyo que había visto la última vez estaba ya muy lejos. A Flor no se le ocurría que hacer hasta que una gotita de rocío cayó sobre su cabeza. Exprimió un pedacito de pasto y bebió el rocío que alivió su sed. El líquido que no bebió lo sirvió en la mitad de una cáscara de nuez que reservó para el resto del viaje.

Tomó su bolsito y continuó caminando. Aunque ya sabía dónde estaba, a Flor el bosque le pareció oscuro y terrorífico.

Capítulo 12: “Todo se apaga pero algo brilla…”

Flor estuvo caminando el día entero y cuando cayó la noche paró a dormir al pie de un gran árbol. Al amanecer Florcita desayunó, tomó su bolsito y siguió su largo viaje hasta que, una vez más, cayó la noche y Flor paró para dormir. Y así, igualmente, fue el cuarto día hasta que el quinto día… Florcita estuvo caminando y caminando todo el día.

Cuando ya había comenzado a oscurecer Flor encontró un claro en el bosque y allí se sentó a descansar. Estaba comiendo un pastelito cuando su collar ¡comenzó a vibrar! Florcita casi se atraganta de la sorpresa. El collar empezó a elevarse en el aire y a brillar. Se dirigía hacia un grupito de árboles altos.

Flor, aterrada, lo siguió. Consultó su brújula. ¡La aguja se movía para todos lados como loca! De repente se detuvo, ¡ahora señalaba hacia el grupito de árboles! El collar seguía moviéndose delante de los árboles hasta que éstos últimos comenzaron a apartarse formando un camino algo angosto.

Al final se veía una gran roca y sobre ella una preciosa flor brillaba. Florcita lo supo al instante, ¡esa era la flor ALMADELBOSQUE! Fue siguiendo al collar por el camino. Le resultó raro que no hubiera ninguna trampa ni dificultad para atravesarlo, pero pronto se dio cuenta de que sí había trampas…

A los cinco pasos Florcita comenzó a sentir más calor que el que hacía en su bosque en pleno verano. Se quitó la campera, el buzo, el chaleco y todo su abrigo hasta terminar vistiendo el vestido que llevaba puesto en su bosque en los días calurosos, y aún así tenía calor. De repente comenzó a sentir más frío que en la primera parte del camino del bosque y otra vez a ponerse el abrigo y luego calor, frío, calor, frío, calor, frío…

Flor decidió quedarse con el nuevo vestido que había comprado en la tienda “Ropa Mágica”. Pero los cambios de temperatura ya la habían mareado tanto que fue necesario que se sentara a descansar. Quiso beber un poco de rocío, pero le quedaban tan sólo dos gotas, por eso decidió guardarlas. Cuando se sintió mejor continuó caminando hasta que llegó a la roca sobre la que se encontraba la flor ALMADELBOSQUE.

Era realmente hermosa. Sus pétalos parecían de oro puro y su tallo era tan bonito como la luna. Muy cuidadosamente Flor la tomó entre sus manos, pero la volvió a dejar. Debía leer que era lo que tenía que hacer. Abrió el libro y leyó: “Colocar la flor ALMADELBOSQUE cuidadosamente en el pasto. Regarla con dos gotitas de rocío, comenzará a hacerse pequeña. Molerla con una piedra (con movimientos suaves) y colocar el polvillo que se obtenga en un recipiente. Este remedio cura la hormiguitis (causada por las hormigas), la maripositis (causada por las mariposas), la libelulitis (causada por las libélulas)… ¡Esa era la enfermedad, libelulitis!

Flor pensó que tenía mucha suerte ya que poseía la cantidad justa de rocío. Siguió todos los pasos y colocó el remedio en la cáscara de nuez. Dos días más tarde logró salir del bosque y vio el sol una vez más. La vuelta fue mucho más fácil que la ida.

Capítulo 13: “El regreso a casa”

Cuando llegó a su bosque fue corriendo a ver a la reina y le entregó el polvillo. Una semana después todas las hadas estaban sanas otra vez y Corona anunció que esa noche habría una gran fiesta en agradecimiento a Flor por haberlas curado. En la fiesta Flor fue tratada como una verdadera reina, pero al día siguiente

-¡¡¡Aaaachuuuus!!!-estornudó Florcita.

Fin

 

Cuentos de hadas. Literatura infantil y juvenil, cuentos que no pasan de moda. Lecturas para niños de primaria. Historias para aprender.

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