Tilín quiere pintar

ANNA BURIGHEL

Tilín quiere pintar. Cuentos de duendes para niños.

Tilín quiere pintar es uno de los cuentos de duendes para niños de la escritora Liana Castello. Cuento infantil sobre los sueños sugerido para niños a partir de ocho años.

El duende Tilín tenía un sueño y ese sueño era ser pintor. El pequeño no quería pintar paredes, sino cuadros, bellos cuadros.

Cuando le contó su sueño a su familia y amigos, las reacciones fueron muy distintas.

-¡Pero mira qué bien!-Dijo su abuela.

-¡Pero oye qué mal!-Dijo su abuelo.

-¡Vivirá cómo un artista!-dijo la tía.

-¿De qué vivirá?-preguntó el tío- para vivir del arte hay que ser muy famoso y hay que ver si este pequeño tiene talento-agregó.

-Pues que pinte igual-dijo su mamá.

-Pues que no pierda el tiempo-dijo su papá.

A pesar de las diferentes opiniones y reacciones, era tan fuerte el deseo del duende de ser pintor, que comenzó a estudiar.

Su madre, quien siempre lo alentaba, lo llevó a una academia de pintura.

Tilín estaba emocionado, su corazón latía rápidamente, se sentía feliz. Ingresaba a ese mundo de pinceles, colores y lienzos que tanto le gustaba y lo que era mejor: aprendería a pintar para convertirse en el más grande de los artistas visto jamás.

-Bueno pequeño antes que los pinceles deberás tomar los lápices-dijo un severo profesor con grandes bigotes y un gesto serio-Primero aprenderás a dibujar, luego a pintar-agregó.

Tilín tomó todos los lápices que había en la mesa, como si pudiera usar todos al mismo tiempo.

-De a uno-dijo el profesor muy serio-probemos con una fruta, dibuja una fruta pequeño, la que quieras.

Tilín puso manos a la obra y se dispuso a dibujar. Al cabo de un rato y con mucha ansiedad, entregó a su profesor su dibujo.

El maestro tomó el dibujo y lo miró durante un largo rato. Lo alejó de su vista, lo acercó, lo volvió a mirar.

-Mira pequeño esta manzana no se ve muy bien que digamos-dijo.

-Es que es una pera-respondió el duende.

-Pero parece una manzana-Insistió el profesor.

-Pero sigue siendo una pera-insistió también Tilín.

-Probaremos con otro tema y otra técnica-propuso el maestro.

Al cabo de varias clases, el profesor quiso hablar con la mamá de Tilín.

-Lamento decirle que su hijo no tiene talento para la pintura, no creo que sea conveniente que siga asistiendo a las clases.

-¿Por qué?-preguntó la mamá entre asombrada y triste.

-Ya se lo dije, no tiene talento-contestó el profesor.

-¿Y por qué no puede aprender a pintar igual? Tilín tiene vocación, un gran deseo de pintar ¿no es eso suficiente para que tome clases?

Con su gesto serio y sin siquiera una pequeña mueca de tristeza, el profesor le dijo:

-Acá no hay espacio para los que no tienen talento.

Y por mentira que les parezca, la mamá se alegró, no porque su hijo no pudiese seguir tomando clases, sino porque lo haría en otro lado, donde le dieran el lugar que Tilín merecía.

No fue fácil decirle al pequeño que no podría seguir en esa academia, que había que cambiar por otra. Sin embargo a Tilín no le disgustó la idea, él quería pintar y lo haría donde fuese y cómo fuese.

Al cabo de un tempo, encontraron un taller de arte. Allí los esperaba Aurora la profesora. Ella trató de que Tilín pudiese pintar algo, lo que fuese que le conformase, que las personas se dieran cuenta de qué era. No lo logró. El pequeño ponía todo su esfuerzo, pero las cosas no salían como la maestra quería.

-Que insista-decía su abuela.

-Que desista –decía su abuelo.

-Buscaré otros maestros-decía la mamá.

-No te será fácil-contestó el papá.

Sin embargo, entre tanto supuesto fracaso y supuesta falta de talento, había algo maravilloso que eran ni más ni menos que la vocación y las ganas del duende y el apoyo y confianza de su madre.

Y buscaron y buscaron y finalmente encontraron.

La escuela de Teodoro era diferente a cualquier otra. Ya desde que entraron, el duende y su madre notaron que había más color que en las otras y una especie de energía mágica que se contagiaba en el ambiente.

Teodoro escuchó atentamente a la madre de Tilín y todas sus desventuras en las otras escuelas de arte y cuando terminó de escuchar dijo:

-Eres muy bienvenido Tilín, sé que juntos, encontraremos dónde está tu talento, pues que lo tienes, lo tienes, te lo aseguro.

Teodoro dejó que Tilín creara a su manera, libre. No le pidió que dibujara una fruta, o una figura humana, tampoco un paisaje. La consigna fue que dibujase lo que le naciera del corazón.

Fue así, que tanto el duende como Teodoro descubrieron que el pequeño pintaba los más bellos arcoíris que se hubiesen visto jamás. Sus colores eran únicos, sus formas también.

Nunca, nadie, había logrado pintar arcoíris tan bellos, ése era el gran talento de Tilín.

El pequeño embelleció su vida y la de los demás con arcoíris multicolores que a todos alegraban.

Ahora ya nadie dudaba de su talento y muchos aprendieron que todos, absolutamente todos, en algún lugar del corazón, tenemos un talento único y digno de ser visto. Aprendieron también que no hay que abandonar los sueños y que si bien algunos no nos acompañaran a soñarlos, muchos otros sí.

Tilín es feliz, pinta arcoíris y la vida para todos nunca, jamás, tuvo tanto color.

Fin

Todos los derechos reservados por Liana Castello.

Ilustración: Anna Burighel

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Tilín quiere pintar es uno de los cuentos de duendes para niños de la escritora Liana Castello. Cuento infantil sobre los sueños sugerido para niños a partir de ocho años.

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