Esperando a Diego. Capítulo III. Cuentos de niñas

NURIA BELTRAN

Esperando a Diego capítulo III es un cuento de la colección cuentos de niñas de nuestra escritora Ana Matías sugerido para niños a partir de nueve años.

Capítulo III – Llega Blanca

El castigo que la profesora de matemáticas le había puesto a Marta se estaba convirtiendo en toda una aventura. Estar de encargada de la biblioteca iba a ser mucho más divertido de lo que ella había pensado. Allí estaba ella, con una princesa que se había escapado de un cuento, y que le estaba pidiendo ayuda desesperadamente porque no era feliz.

– ¿Pero entonces qué tienes que hacer? ¿Meterte en el cuento de la bruja para hablar con ella?- Marta no había terminado de hacer la pregunta cuando alguien abrió la puerta.

– ¿Alguien me está llamando?

Marta y Celia se quedaron atónitas cuando miraron hacia la puerta y vieron que había llegado Blanca.

– ¡Eres la bruja Blanca!- Celia no pudo contener su alegría.

– Sí, soy Blanca, ¿y vosotras quiénes sois?

– Yo soy Marta, y ella es Celia, es la princesa de un cuento. Lo que ha pasado es que ha habido un terremoto, y ella se ha caído de su cuento, bueno, se ha escapado, y tu cuento también se ha caído, pero tú sigues dentro…

– ¿Pero de qué estáis hablando? ¿qué lío es este?- Blanca no entendía nada.

– Un lío que hay que arreglar, porque soy la encargada de que todo esté en orden en la biblioteca.- Marta trataba de ir al grano.

– Celia, ¿cómo es eso de que te has escapado? ¿Qué hay tan terrible en tu historia para que hayas huido?- preguntó Blanca.

– Pues resulta que vivo en un cuento muy antiguo, en uno de esos en los que el único objetivo de una chica es casarse con un chico y tener hijos, no podemos hacer nada más, tenemos que hacer eso queramos o no, y además me tengo que casar con un chico que han elegido para mí, un príncipe azul, que es mi amigo Daniel, y que por cierto tampoco quiere casarse conmigo…Lo que pasa es que escribieron el cuento sin preguntarme lo que yo quería, ni a mí, ni a Daniel. Y el que lo escribió decidió que los padres de Daniel y los míos hicieran un pacto cuando éramos pequeños, por el cual tendríamos que casarnos al hacernos mayores…

– ¡No puedo creer que todavía existan esos cuentos tan antiguos! ¡Madre mía! Celia, cariño, no me extraña que estés tan triste… – Exclamó Blanca, mientras se acercaba a darle un abrazo a Celia- No te dejan vivir tu vida, por eso estás así… Esto hay que arreglarlo.

– Tienes que ayudarme Blanca…

– ¿Entonces qué hay que hacer?- preguntaba Marta- A Celia le han dicho que necesitaba energía, y hemos pensando que era la energía del terremoto, que ha escapado por eso.

– Sí, eso ha sido la puerta de escape para ella.

– Y me dijeron que debía buscarte a ti, y a una tal Alicia.- Añadió Celia.

Blanca estaba apuntó de encajar todas las piezas, y así se lo explicaba a Celia y a Marta.

– El primer paso ya está hecho, gracias al terremoto has salido del cuento. Al fin y al cabo un terremoto es eso, una energía que se genera en la tierra, y es cuando se sacuden ciertas cosas, ¡en este caso a Celia le ha venido de perlas! Lo siguiente es que en tu cuento te entiendan, que no te juzguen , que te dejen vivir tu vida, a tí y a todos los demás, porque aunque tú eres la protagonista del cuento, seguro que los demás que viven en tu Reino están pasando por situaciones parecidas, ¿verdad?

– ¡Claro! Allí no tenemos libertad para hacer nada, sólo podemos hacer lo que nos mandan, ¡no nos dejan elegir!

– Mira Celia, necesitamos algo imprescindible para que todo cambie, hay algo en lo que yo puedo ayudarte, por eso te dijeron que me buscaras, ahora lo vais a entender las dos. Las brujas fabricamos muchas pócimas, pero cada una somos expertas en una pócima secreta que nadie más conoce. La mía es la que tú necesitas en este momento, por eso te dijeron que me buscaras, porque necesitas la pócima que sólo yo fabrico, no hay ninguna otra bruja que sepa cómo hacerla…

– ¿¿ Cuál es??- Preguntaron Marta y Celia a la vez.

– Es la pócima de la empatía.

– ¿Empatía?- contestó Celia- Yo no sé qué es eso.

- ¡Yo sí! – Se apresuró a decir Marta- Esa palabra nos la ha enseñado Teresa, en la clase de lengua, es ponerse en los zapatos del otro, ¡lo tengo apuntado en mi cuaderno!

– ¡Exacto Marta! Es ponerse en el lugar del otro, entenderle, no juzgarle… Por eso se dice que es como ponerse “en los zapatos del otro”, es pensar en cómo se siente la otra persona, ser capaz de escuchar a las personas, y tratarlas como a ti te gustaría que te trataran.

- ¡Chicas, por favor! ¡¡Eso es imposible en mi cuento!! Eso no va a pasar nunca, allí nadie escucha a nadie, ni se tienen en cuenta los sentimientos de los demás…- Celia parecía decepcionada.

-Por eso estoy yo aquí, para ayudarte con mi pócima, lo vamos a conseguir, ya verás, ten fe.

-Pues ya puedes tener kilos y kilos de pócima para que haga efecto…- Celia seguía pensando que aquello iba a ser difícil.

-Jovencita, te recuerdo que soy bruja, y puedo hacer tanta cantidad de pócima como necesitemos, no te preocupes. Y tú, Marta, ¿no te has preguntado por qué estás aquí?

-¿Yo? Yo no me lo pregunto, porque ya lo sé.- Contestó Marta.

-¿Ah sí? ¿Lo sabes?- Contestó Blanca sorprendida.

-¡Claro que sí! Mi profesora de matemáticas me castigó, porque es una antigua, como los del cuento de Celia. Igual le llevo un poco de pócima de la tuya, para que se sienta como yo, aburrida… Es que sus clases son un rollo.

Blanca se echó a reír y le dijo:

– Pequeña… No estás aquí sólo por eso…Estás aquí porque tú vas a ser la persona que va a reescribir el cuento de Celia, eres el enlace entre nosotras.

– ¿¿ Yo?? ¿Por qué yo? ¿No lo haría mejor otra persona?

– Yo tengo que ocuparme de que la empatía haga efecto, así las cosas empezarán a cambiar, y Celia y todos los demás podrán elegir su camino, y tú serás la que lleves las palabras al libro, escribirás lo que ellos decidan. ¿Por qué crees que has sido tú la primera persona con la que

Celia se ha encontrado? Las casualidades no existen…

– Yo creo que te estás equivocando. A mí me gusta mucho escribir, pero imagínate que escribo algo mal, y por mi culpa le pasa algo malo a Celia…

– Marta, eso no va a pasar, te lo aseguro, y cuando Alicia esté cerca lo entenderás…

– Alicia es el hada que tenemos que buscar, ¿verdad?

– Bueno, mejor dicho, Alicia es la que nos va a encontrar a nosotras. Lo hará en el momento adecuado, y por sorpresa, como siempre hace. – Contestó Blanca con una gran sonrisa que hacía pensar que la llegada de Alicia sería muy agradable- Y ahora creo que lo mejor es que vayamos a mi casa, yo tengo que preparar la pócima, y además tenemos que organizar bien todo.

– ¿Y cómo vamos a tu casa? – preguntó Marta.

– No nos llevarás volando en una escoba, ¿verdad? Lo siento, pero a mí eso me da miedo, y además seguro que me mareo…- Añadió Celia.

– ¡Ja, ja, ja! Celia, ¡cómo se nota que vives en un cuento muy antiguo!, las brujas ya no viajamos en escoba, sólo en ocasiones especiales. Hace tiempo que conducimos coches, motos y cualquier medio de locomoción que nos pongan delante. Pero ahora necesitamos llegar pronto, así que utilizaremos la magia, que para algo soy bruja. Ahora dadme la mano, cerrad los ojos, y dejaos llevar…

Continuará…

Ilustrado por Núria Bertran

Capítulo II

Esperando a Diego capítulo III es un cuento de la colección cuentos de niñas de nuestra escritora Ana Matías sugerido para niños a partir de nueve años.

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