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Camilo Gruñón es uno de los cuentos con valores de brujas para niños de la escritora Dolores Espinosa sugerido para niños a partir de siete años.

A Camilo Gruñón lo llamaban así porque pasaba el día de queja en queja, de protesta en protesta y de enfado en enfado. Para Camilo Gruñón nada estaba bien nunca jamás de los jamases.

-Estas chuches están poco dulces -gruñía, aunque fueran las mejores golosinas del mundo.

-Este chocolate no está caliente -protestaba, aunque se quemara la lengua al tomarlo.

-Estos juegos son muy aburridos -se quejaba, aunque todos sus amigos se lo estuvieran pasando en grande.

-¡Este lápiz no está bien afilado! -se enfadaba, aunque la punta pinchara.

Cuando llegaba el verano se quejaba porque hacía mucho calor, cuando llegaba el invierno de que hacía mucho frío, en primavera y otoño porque ni fú ni fá… Y así con todo.

En el mismo rellano que Camilo vivía la señora Maruja, la bruja. La señora Maruja, la bruja, era una señora muy simpática y amable pero estaba más que harta de escuchar las quejas, los gruñidos y los enfados de Camilo Gruñón.

Cierta tarde en que la señora Maruja -la bruja- bajó al parque a leer su libro de hechizos, encontró a Camilo haciendo lo que siempre hacía: quejarse.

-¡Qué juego más aburrido! -decía.

-¡No me gusta esta pelota! -gruñía.

-¡Otra vez bocata de chorizo! -se quejaba.

Y así una y otra vez, una y otra vez.

Entonces, Maruja -la bruja- cerró su libro, se levantó, fue hacia Camilo Gruñón y le dijo:

-¡Niño gruñón y quejica! ¡Niño molesto y tristón!

A partir de este momento, cada vez que te quejes, gruñas o protestes, de tu boca saldrá un sapo grandón. Luego, se dio media vuelta, cogió su libro y se marchó. Durante un rato, Camilo Gruñón se quedó callado, calladísimo y con cara de mucha sorpresa pero, al rato, volvió a jugar como si nada. Hasta que abrió la boca para quejarse… Y no pudo.

-¡Este parque no… blurp! -dijo. -¡Croac! -dijo el sapo feo y grandote que salió de su boca.

Camilo Gruñón, asustado, se tapó la boca con las dos manos y salió corriendo.

Estaba en casa, cenando, cuando Camilo Gruñón, empezó de nuevo a quejarse:

-¡La sopa está… blurp! -dijo. -¡Croac! -dijo el sapo feo y grandote que cayó en su plato de sopa. Los padres de Camilo Gruñón se asustaron mucho hasta que Camilo les contó lo que pasaba.

-¿No vais a hacer nada? -preguntó Camilo.

-La verdad es que lo tienes merecido -dijo su madre.

-Igual así aprendes -dijo su padre.

-¡No, no vamos a hacer nada! -dijeron los dos.

Y Camilo, enfadado y enfurruñado, se fue a su cuarto:

-¡Pues menudos padres que… blurp! -dijo -¡Croac! -dijo el sapo feo y grandón que cayó sobre su cama. Camilo Gruñón se tapó la boca, quitó al sapo de la cama y se acostó pensando que lo mejor era irse a dormir y, sobre todo, no abrir la boca.

Al día siguiente, Camilo siguió venga a quejarse y venga a gruñir y venga a protestar por todo. Y los sapos vengan a salir de su boca.

El colegio de Camilo Gruñón fue invadido por un montón de sapos que daban saltitos por las clases, el recreo y hasta por el despacho de la directora. En la casa de Camilo había sapos hasta bajo las almohadas. Y en el parque los niños tenían que ir apartando sapos para poder jugar. Aquello era un desastre.

Por suerte, al segundo día, la cantidad de sapos bajó. Al tercero, bajó aún más. Y al cuarto. Y al quinto. Y al sexto.

Y, de pronto, al séptimo, no apareció ningún sapo. Camilo Gruñón había empezado, por fin, a dejar de quejarse, de gruñir y de protestar por todo y a darse cuenta de que sus padres se enfadaban menos con él, sus profesores lo trataban mejor, sus compañeros ya no salían huyendo cuando lo veían y empezaba a tener muchos más amigos.

Después de un mes, la señora Maruja -la bruja- volvió a ir a casa de Camilo a pedir un poco de azúcar.

-Me cuentan que ya no eres tan gruñón, Camilo. Eso está muy bien -le dijo.

-Gracias a su hechizo, señora Maruja -dijo Camilo-. Pero ya me lo puede quitar.

-¿Mi hechizo? -rió la bruja-. Mi hechizo hace tiempo que desapareció, Camilo.

Y la señora Maruja, la bruja, se marchó con su tacita de azúcar riéndose a carcajadas. Camilo Gruñón, había dejado de ser un gruñón… ¡y sin ningún hechizo!

Fin

Camilo Gruñón es uno de los cuentos con valores de brujas para niños de la escritora Dolores Espinosa sugerido para niños a partir de siete años.

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