Qué buena es la teta. Cuentos de bebés

Qué buena es la teta. Cuentos de bebés

Qué buena es la teta. Cuentos de bebés

Qué buena es la teta.  Eugenia Suárez diseñadora gráfica, docente, ilustradora, escritora infantil. Cuentos de bebés.


– ¿Mamita ya viene? – preguntó Camila tironeando del buzo de su papá.
– Si mi amor, ya vas a ver … en un ratito va a venir con tu nuevo hermanito Tomi – le respondió la mamá con ternura.
Camila se tranquilizó un poco, se sentó en el sillón de la sala de espera, y tratando de no aburrirse empezó a recorrer con su vista unos cuadritos que estaban colgados en la pared.
Camila pensó que eran muy lindos, pero no entendía por qué en un lugar como ese había cuadritos de animales.
– Papi ¿eso qué es? – le preguntó a su papá, esta vez parada frente a los cuadros que, aunque estaban un poco altos, podía verlos muy bien.
– Cami, esa es una vaca amamantando a su ternero – le respondió el papá.
– Ah …. ¡Qué bien que el ternero tome la teta parado! – dijo Camila exaltada.
– Si, si … ja, ja, ja – se rió el papá.
– Papi ¿y aquel? – le preguntó esta vez tratando de estirarse lo más que podía para poder llegar a otro de los cuadros.
– Esa es una gata amamantando a sus gatitos – le explicó el papá.
– ¡Uy! – dijo Camila – le da la teta a tres gatitos a la vez ¿cómo hace? –
– Bueno – le respondió el papá – los animalitos son diferentes a los humanos, y tienen la suerte de poder hacerlo –
– Pa… ¿y en aquel? ¿por qué hay una chancha dándole la teta a un chanchito y a un perrito? – preguntó Camila muy intrigada.
– Bueno, a veces cuando una mamá no puede, otra ofrece su teta para que el cachorro se pueda alimentar y crecer bien – le aclaró el papá.
– Papi ¿yo también tomé la teta de mamá cuando era cachorro? – le preguntó Camila asombrada.
– Ja, ja … si mi amor, cuando eras bebé ¡la exprimías a tu madre!. Es que la teta es el mejor alimento para los recién nacidos – le explico el papá.


En eso estaban cuando la puerta vaivén se abrió y apareció su mamá con un bebé tan arropado en brazos que en verdad ni se veía.
– ¡Hola mis amores! – dijo la mamá lagrimeando.
– ¡Hola mi amor! – le dijo el papá antes de besarla.
Pero Camila no se acercó a saludarla, el tema de la teta la tenía muy preocupada. ¿Cómo podía ser que no recordara haberla tomado?
– ¡Vení Cami, vení! – la llamó el papá – venía a ver a tu hermanito.
Camila se arrimó despacito, ella lo había esperado tanto.
– Miralo – le dijo la mamá mientras le acomodaba la hebillita del pelo – este es Tomás, tu hermanito ¿me vas a ayudar a cuidarlo?
Camila lo miró. Era muy chiquito, dormía, y estaba rosado y medio arrugadito.
– Sí mami … ¡yo le doy la teta! – exclamó Camila con felicidad.
– ¡Ja, ja, ja, ja! – el papá y la mamá estallaron en carcajadas.
– No, no mi amor – le dijo el papá mientras se agachaba a su lado para explicarle – las únicas que le pueden dar la teta a los bebés son sus mamá … cuando vos seas grande y tengas hijos, lo vas a poder hacer -.
Camila lo miró frunciendo el seño.
– Pero ¿y si esa chanchita le dio al perrito? – dijo señalando el cuadro de la chancha.
– Si Cami, porque puede pasar que la mamá no pueda darle, entonces otra mamá le presta su teta para que el recién nacido pueda amamantar, y crecer sano.
– Ah … – dijo Camila, más tranquila pero aún muy pensativa.
Salieron los cuatro del hospital. La mamá cubriendo al bebé, y el papá con un gran bolso en una mano, y tomando a Camila con la otra.
Una vez en el auto, el bebé empezó a llorar.
– ¡Guaa, guaa, guaaaa! – exclamaba.
– Bueno, bueno – le decía la mamá.
– ¿Qué le pasa, qué le pasa mami? – se asomó rápidamente Camila que estaba sentada en la parte de atrás.
– Tiene hambre, por eso llora – le respondió la mamá mientras se desabrochaba la blusa para comenzar a amamantarlo.
Camila miraba sin pestañar.

– ¡Yo también tengo hambre! – dijo de golpe – ¡compartime la otra teta por favor mami!
– No, no, ja, ja, ja! – otra vez los padres se largaron a reir.
– No, no Cami … vos ya estás grande – le explico en papá – ahora comés otras cosas, Tomi es un bebé, es chiquitito, no puede masticar por eso toma la teta. Además le hace bien estar pegado a su mamá, porque recibe su calor.
Pero a Camila no la convenció mucho esa explicación.
– ¿Pero si la gata le daba a tres gatitos a la vez? – preguntó.
– Bueno Cami, los animales son un poco diferentes a nosotros. La gata tuvo tres gatitos y como tienen muchas tetitas los puede alimentar a todos juntos.
– Ah … – dijo Camila rascándose la cabeza.
El resto del viaje camino a su casa, fue tranquilo. Tomi tomó la teta varias veces en el trayecto; mientras que Camila se comió un sándwich y un alfajor triple.
Apenas llegaron, el papá los ayudó a bajar y rápidamente comenzaron a relajarse en su cálido hogar.
La mamá puso despacito al bebé en una cuna, mientras Camila, que no le sacaba la vista de encima a su hermanito, se asomaba sigilosa.
Pero en cuanto el bebé estuvo acostado…
– ¡Guaa, guaa, guaa! – otra vez empezó a llorar.
– ¡Otra vez mamita, otra vez! – gritó Camila.
– ¿Otra vez qué? – le preguntó la mamá alzando al bebé.
– ¡Otra vez la teta! Tiene hambre, dásela, dásela! -dijo excitada.
– Ja, ja, ja – se rió el papá – es verdad Cami, tiene hambre – le dijo.
– ¿Por qué te sentás para darle la teta mamita? Dásela parada como la vaca al ternero – le dijo Camila a la mamá mientras esta se sentaba en su sillón dispuesta a amamantar.
Sonriendo la mamá le aclaró – no puedo Cami, las vacas sí, porque son animales y tienen otra forma de amamantar.
– Ah … – dijo Camila, más tranquila, y se sentó a su lado.
Era muy tarde ya, el día había sido muy agotador para todos.
Mientras la mamá le daba la teta a Tomi, a Camila que se había acurrucado a su lado, se le empezaron a cerrar los ojitos. Se resistía a dormirse, pero el cansancio podía más.
Ver a su hermanito tomando la teta, fue la última imagen que tuvo, y se entregó al sueño.

Pero antes, Camila pensó … “cuando sea grande, yo también le voy a dar la teta a mi bebé … pero antes voy a comer chocolate…así le doy chocolatada”.
Y se durmió feliz.

Fin

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