Marble quiere volar

Marble quiere volar. Escritora de México. Cuentos de animales.

La pequeña Marble era una ratoncita muy inquieta por naturaleza, siempre metiendo sus bigotitos por aquí, por allá, por acuyá y también más allá; hacía preguntas todo el tiempo y ni todos los libros, ni el sabio búho, ni sus papás podían saciar su inmensa curiosidad, por lo que muchas pero muchas noches, Marble se la pasaba mirando pensativa la luna y las estrellas preguntándose que habría allá arriba, si acaso existían los extraterrestres, si las estrellas podrían hablar, qué había al otro lado de la luna, cómo se sentirían las nubes, si de verdad eran esponjosas, porqué el cielo era azul, porqué los atardeceres eran de tantos colores, como se vería una nube de tormenta cara a cara, en dónde nacían los relámpagos o si el viento se convertía en hielo por encima de las montañas, pero sobre todo Marble se preguntaba si algún día ella podría surcar el cielo como lo hacían las aves.

Así que Marble, cansada de sólo imaginarse las cosas, le pidió a su amigo el sabio búho que la llevara en sus espaldas a recorrer el inmenso cielo azul, y su amigo, al ver ésa carita de ratoncita tan tierna, con su mirada brillante y bigotes graciosos, no pudo negarse, así que se inclinó y dejó subir a sus espaldas a la pequeña, y así comenzaron el vuelo, pero el viento era tan recio que Marble apenas podía sostenerse, sus bracitos no aguantaban más y  … ¡¡¡puff!!! … ¡se soltó y comenzó a caer cada vez más rápido como si fuera una roca! Cuando su amigo el buhó se dió cuenta de lo que pasaba se apresuró a recogerla, pero Marble ya había sido interceptada por un imponente y hermoso cóndor que por casualidad paseaba por ahí, tomó con suavidad a la ratoncita con sus garras y la bajó con delicadeza sobre el césped.

– ¿Acaso se te ha caído la cena amigo búho? –preguntaba el cóndor–
– No es mi cena, es mi amiga.
– ¿Tu amiga? … bueno … he visto cosas más raras. ¿estás bien ratona?
– Si –decía nerviosa Marble– gracias por salvarme.
– Deberían tener más cuidado … y dime, a todo esto ¿qué hacías sobre la espalda del búho?
– Pues … verá, yo quería saber que se siente volar.
– Jojojo –se reía altivo el cóndor– los ratones no pueden volar … y creo que ya lo habrás notado… comer, roer, cavar agujeros ¡éso es lo que los ratones deben hacer! Mira chiquita, sólo las criaturas que tienen alas pueden volar, y tú no tienes … ¡comer, roer, cavar agujeros éso es lo que los ratones pueden hacer! –decía el cóndor mientras emprendía el vuelo–.
– No te preocupes Marble –explicaba el búho– podemos hacer otro intento … quizá si te aseguro a mi espalda para que no te caigas.
– … quizá mañana … –decía nuestra amiguita pensativa y cabizbaja–.

Así llegó Marble a casa, con las palabras del cóndor resonando en su cabeza y se sentó a tomar la cena sumamente callada, pero al fin rompió el silencio preguntando si los ratones solamente podían comer, roer y cavar hoyos, a lo que su mamá ratona respondió acariciando sus bigotitos y diciendo : mi pequeña ratita “ tú serás cualquier cosa que desees si tan sólo lo crees”.

Aquella noche Marble se fué a la cama con las palabras de su mami, y comenzó a soñar, soñaba que se elevaba del piso y podía ver su hogar desde las blancas nubes.

A la mañana siguiente, nuestra ratoncita se puso a construir un globo que pudiera levantarla, comenzó a juntar paja para tejer una canastilla y a recoger cuerdas para sujetarla; mientras ella hacía su trabajo pasaron todo tipo de animales preguntándole porqué hacía todo ése esfuerzo, el topo dijo que era en vano, un ratón no pertenecía a las alturas, la gallina se rió y dijo que aquello era imposible, que nunca se había visto un ratón volar porque no era normal, un perro que pasaba le dijo que antes que ver un ratón volar el iba a maullar, luego vino una paloma se rió hasta que le dolió la barriga y se puso a revolotear alrededor de Marble para hacerla enojar, pero la ratoncita no se enojaba, a todos les respondía lo mismo “yo puedo ser cualquier cosa que desee, si tan solo lo creo”. Y siguió trabajando, cuando porfín estuvo listo su globo, su amigo el búho lo llevó a la cima de una colina para hacerlo despegar, sin embargo apenas y se levantaba ligeramente del piso, se mecía demasiado y el globo comenzó a desinflarse, todos los animales se rieron y se fueron, sin embargo Marble no estába triste, su experimento no había funcionado, pero no significaba que no pudiera volar, así que se quedó en la colina, sacó su cuaderno de dibujo y se puso a planear algo más.

Al cabo de una semana ya todo mundo estaba acostumbrado a reunirse en la colina para burlarse de los intentos de Marble de volar, pues todos sus experimentos fallaban, pero éso a nuestra amiga no le importaba, porque sabía que en muchas ocaciones para llegar a una respuesta correcta debía haber muchas respuestas equivocadas, y seguía repitiendo en su mente “puedo ser cualquier cosa que desee si tan sólo lo creo”. Pero al pasar de los días Marble comenzó a desanimarse y una tarde se quedó en su colina pensando que quizá el cóndor tenía razón y sólo quellos que habían nacido con alas podían volar. El atardecer comenzaba a teñir el cielo lentamente cuando la ratoncita vió acercarse a su mamá ratona y al búho con una caja enorme adornada con un vistoso moño rosado.

Nunca olvides mi pequeña –decía la mamá– que puedes ser cualquier cosa que desees si tan sólo lo crees, abre tu regalo.

Dentro de la caja Marble encontró un hermoso par de alas hechas de finísima seda violeta zurcidas a un ligero armazón de madera y en cada alita estában bordadas con letras doradas las plabras “sueña, cree, vuela” entonces Marble se puso las alas, le ajustaban a la perfección, subió a la cima de la colina y emprendió tremenda carrera cuesta abajo gritando ¡voy a volar! … y cuando llegó al final del camino … … … ¡MARBLE VOLÓ! Comenzó a aletear ganando altura y surcó el cielo con sus nubes de colores y le dió vuelta a la primer estrella que reía, y reía con ella, y vió su querida luna brillar sobre sus alas y sintió el viento acariciarla y vió su casita desde arriba y vió también a todos los animales que observaban incrédulos como una ratoncita podía volar, y en su camino se topó con el cóndor, quien apenado le dijo : ”ratita soñadora, perdóname por haber sido tan cruel, pues ahora me doy cuenta de que aún naciendo sin alas todos pueden volar”. Y Marble se enfiló hacia las estrellas gritando: “¡pueden hacer cualquier cosa que deseen si tan sólo lo creen!”

Fin

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