La araña Castaña

La araña Castaña. Kike el Duende, escritor español. Cuento infantil. -¡Aaahhhhhhhh!- ¡Una araña a cinco centímetros de mi nariz! Os presento a la nueva inquilina de la luna, es una pequeña araña a la que llamamos “La araña Castaña”. A mí no me gustaban las arañas, por eso, cuando el pasado jueves la descubrí haciendo […]

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La araña Castaña. Kike el Duende, escritor español. Cuento infantil.

-¡Aaahhhhhhhh!- ¡Una araña a cinco centímetros de mi nariz! Os presento a la nueva inquilina de la luna, es una pequeña araña a la que llamamos “La araña Castaña”.

A mí no me gustaban las arañas, por eso, cuando el pasado jueves la descubrí haciendo puenting en una esquina de mi habitación, cogí inmediatamente una escoba. A latir más fuerte se puso mi corazón cuando ella, a mí, no me prestó ninguna atención.

En ese preciso instante Luna me llamó, la araña se asustó y en su minúsculo escondite ¿qué iba a hacer?, pues se escondió.

-Te quería decir, Anaïs, – me habló Luna – que tenemos una nueva amiga, llegó esta mañana y es una pequeña araña. Le ofrecí cuatro sitios para vivir: Una escalera vieja que en la cara oculta tengo apartada. Un oscuro rincón a donde no puede ir el sol. Cualquier cráter que ella escogiera para que se escondiera si quisiera. Y por último, tu habitación.

-No me lo digas Luna lunera, ¡ha escogido mi habitación!

-¿Y cómo lo sabes, acaso ya os habéis encontrado?

-Bueno, digamos que me tropecé con ella. Te lo cuento y así puedo decir que ya te lo habré contado. “Me desperté y como siempre, después de desperezarme, me levanté, me acerqué a la ventana para ver qué día hacía y…-¡Aaahhhhhhhh! – ¡Una araña a cinco centímetros de mi nariz! Cogí la escoba para acabar con su vida pero tú, mi queridísima Luna, apareciste recién levantadita de tu cuna “ El caso es que después de que Luna me diera unas buenas explicaciones durante el desayuno, ya me convenció de que tenemos una nueva compañera, quiera yo o no quiera.

Ya no le tengo miedo porque ya no le tengo miedo. Me confesó que le gustaría aprender a bailar pero, por tener tantas patas, siempre termina a trompicones y a gatas. Me acosté una noche con una sola cosa en la mente: – he de enseñar a bailar a nuestra querida amiga, la araña, porque es un poco patosa y no se aclara -.

Después de mucho pensar se me ocurrió una manera de enseñarle a bailar. Con ocho patas sé que es difícil pero creo que con esta idea aprenderá. Al día siguiente la llevé al bosque y cogimos, ni más ni menos que ocho pequeñas castañas. Al volver a casa le até una castaña debajo de cada pata y sin darse cuenta, para no perder el equilibrio, ya estaba muy contenta bailando una canción lenta. Vestida con un hermoso traje y una diadema de plata, bailaba por todas las esquinas aunque a veces se le escapaba alguna pata.

Desde entonces todos le llamamos “La araña Castaña” Ya no le gusta hacer telarañas, al contrario, si alguna encuentra, se la guarda para hacerse alguna bufanda o una pequeña bata. Bailando recorre la luna y con una escoba de broma barre todos los rincones para que no haya porquería y no aparezcan ratones.

En fin, te cuento por ejemplo, que la araña Castaña se levanta un poco tarde porque se queda por las noches a contar estrellas fugaces, no atrapa mosquitos para comer y con todos hace las paces. Cuando hace mucho calor nos aparece en bikini y nos dice que le apetece un trago fresco. Se acuesta en una tumbona a la sombra de la sombrilla de un paragüero, que como dice la canción, solo se utiliza de septiembre a enero.

Después se lava la cara con agüita moviendo muy rápido las dos primeras patitas, con las segundas se seca y con dos más, que ya son seis, se coloca las castañas en su propios pies, y…a bailar se ha dicho. Baila durante todo el día y nos hace recados, te la puedes encontrar en cualquier esquina escondida o también a tu lado. Se duerme sentada o tomándose un gran helado. Muchas veces se pasea por la tierra, así que si la ves, no le tengas miedo, dale saludos de mi parte y fíjate en sus pies.

Ya sabes cómo reconocerla, no hace telarañas y pasea bailando sobre ocho castañas, sobre todo por las mañanas. Dile entonces, sin presentarte ni nada:

-  ¡Hasta luego, araña Castaña!

Fin


La araña Castaña

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