Estrellas de Circo

Estrellas de Circo. Vladimir Barriga Cuentas, escritor boliviano. Historias fantásticas de circo.

Había una vez un circo que llenaba de alegría y diversión, con música y humor, risa y emoción….. Esa era la letra de la canción con la que el Circo del Sol iniciaba una nueva función. La ciudad de Santa Gracia era la afortunada, en esta ocasión, de albergar en su plaza principal a uno de los espectáculos más lindos del mundo, el inigualable circo.

Una carpa multicolor secundada por enormes vagones ilustrados con payasos, leones, magos, y demás personajes que tenían la noble misión de entretener a un público, día a día, más reacio a reírse a causa del estrés de la ciudad capital. Las noches de circo eran para gritar de emoción, a lo lejos las destellantes luces intermitentes embellecían el paisaje que hacía armonía con las risas de pequeños y grandes que muy contentos abandonaban el espectáculo.

En el mismo, los participantes realizaban su mayor esfuerzo para agradar a la concurrencia. El más cotizado era el acto principal, generalmente al final de la función, era el más aplaudido y el más esperado. Durante mucho tiempo la fortuna de cerrar el espectáculo la habían tenido los leones, los tigres de bengala y el tigre blanco quienes junto a su domador encantaban a un público sorprendido y temeroso ante lo que podría pasar si un día, por accidente, las jaulas que los separaban de los animales salvajes se viniesen abajo.

Y así sucedió, fue una noche, cuando los leones se aprestaban a retirarse del escenario, que una de las jaulas se vino abajo. Fue más el susto que el daño, ya que de inmediato el diestro domador con el aguerrido personal de apoyo del circo lograron controlar a los feroces animales y para fortuna de los presentes no hubo ningún lesionado.

Lo sucedido trajo importantes consecuencias, una desconfianza general se había contagiado entre los habitantes de aquella ciudad por lo que al circo sólo le quedaban dos caminos, el retirarse e ir a buscar un nuevo destino o el de cambiar el acto principal de su espectáculo.

– Nos vamos- decía el presentador a sus compañeros de trabajo. La decisión ya había sido tomada cuando se percataron por la televisión que la noticia ya había sido difundida a nivel nacional y ahora todo el país sabía lo ocurrido aquella noche.

– Era de esperarse, la televisión sensacionalista siempre está a la caza de esos temas- aseveraba Cachunchas quien oficiaba de domador en aquella función del circo.

Un camino se cerró, sólo quedaba el de cambiar el acto principal del show. El descender del sol y el fulgor de las estrellas anunciaban la presencia de la noche y la hora de comenzar el espectáculo.

– Serán los acróbatas que hoy tendrán el lujo de despedir la función- anunciaba el dueño del circo. El espectáculo tuvo que continuar. Ritmos contagiantes con osadas bailarinas envueltas en plumas daban inicio al show. A su turno los payasos no tuvieron problema alguno al arrancar verdaderas carcajadas a los asistentes. El malabarista consiguió hacer sus maniobras con diez aros. La cuerda floja no le fue desleal al equilibrista.

En su tiempo, los aplausos fueron para el hombre de goma quien sorprendió a todos con su destreza, ya que fue capaz de adentrarse en un cubo de unos cincuenta centímetros. Casi inadvertido paso el mago, Mandrake, quien como no tenía mucho tiempo simplemente realizó el tradicional truco donde divide a una asistente en dos.

De esa manera la función continuó con los demás artistas hasta que el presentador con brío y entusiasmo anunció a los trapecistas del circo, son los amos de los cielos, los hombres del aire. Su presentación se desarrollaba en el marco de la perfección hasta que de pronto, justo a final de su rutina, cuando los señores del aire se alistaban para realizar el doble salto mortal, ocurrió un incidente. La cuerda que sostenía al trapecista recibidor literalmente se había roto y este cayó estrepitosamente llegando a la red de protección que, afortunadamente, siempre era utilizada por los trapecistas.

La suerte estuvo con ellos ya que el acróbata no salió lastimado y el público no se había percatado con exactitud de lo acontecido. Sin embargo, fue el temor que inundo el espíritu de los trapecistas que se rehusaron a continuar en la función con la dura misión de ser el acto principal del circo.

El cometido tenía que pasar a otra mano, la decisión no fue fácil ya que todos los artistas preparaban sus mejores galas dignas de ser admiradas en el cierre de función.

– Me gusto el mago- opinaba el dueño del circo. Es así como el mago fue el elegido. Mandrake, eufórico, se puso a preparar sus mejores trucos. La rutina iba a comenzar con la aparición de la varita, luego el truco de la caja mágica donde la ilusión permite partir a la asistente en dos, no podía faltar la aparición de pañuelos y para terminar el truco de la levitación, el show esta completo pero le sobraba tiempo por lo que para el gran final estaba reservada la aparición del conejo en el sombrero.

Ante la decisión del mago, alzaba vuelo, iracunda, la paloma quien había sido relegada.

– El truco de la aparición en el sombrero me corresponde a mí- mascullo la paloma.

– Ya lo sé- continuó el mago. -Pero últimamente han ocurrido varios incidentes y considero que es más seguro tanto para mí como para el público hacer aparecer un conejo y no una paloma.

La ambición a ser protagonista central del show había invadido a la paloma, lo que no le daba quietud y pensando que la oportunidad de su vida podía desaparecer, decidió atacar al conejo. Cuando una vez más la hora del espectáculo estaba cerca, en el camerino del mago estaba a punto de ocurrir una tragedia. La paloma sostenía en su pico un cuchillo que lo había tomado del camerino del apache, el lanza llamas del circo.

– ¿Qué harás con ese cuchillo, paloma?- Asustado, pregunto el conejo

– Te llego tu hora y contigo no seré tan buena- respondió la paloma

– ¿A qué te refieres?- prosiguió el conejo

– Vengo esperando este momento por años, tú sabes que mi más grande sueño es ser la estrella del circo y hoy lo puedo conseguir. Sólo tú tienes que quitarte de mi camino sino te haré algo como hice con el domador, ¿Acaso no te diste cuenta que fui yo quien desajustó la jaula?, ¿No te percataste que yo afloje la cuerda para que el trapecista cayera?, todo lo hice con una sola intención, la de ser estrella del circo.

En ese instante el conejo, temiendo por su vida, logro escabullirse y fue donde el mago a contarle todo lo que la paloma le confesó. Mandrake no le dio crédito y pensó que era la timidez del conejo que le hacía obrar de esa manera.

– Si tú no quieres realizar el último truco sólo tienes que decírmelo y no inventar cosas. No queda otra, será la oportunidad de la paloma- manifestó el mago. Sorprendentemente el circo se encontraba más lleno que de costumbre, probablemente debido a que era domingo, día de descanso que las familias aprovechan para salir de paseo.

Las butacas más apetecidas eran indudablemente las de la primera fila. Ahí se encontraba la familia Albornoz, una de las más adineradas de la ciudad, que en esa ocasión habían llevado literalmente a toda la familia, ya que inclusive estaba presente Melenas, el perro de la familia que de melenas no tenía nada ya que era un feroz perro de raza alemán.

El espectáculo se desarrollaba con absoluta normalidad, todos los artistas encandilaban a los presentes. El gran final estaba reservado para Mandrake, el mago. Boquiabiertos, así se encontraban los espectadores luego del acto de levitación. El mago tomó su galera – nada por aquí, nada por allá- y con unos pases mágicos y las palabras mágicas coreadas por todos los niños y niñas que se encontraban en el público, de repente, apareció una blanca paloma acompañada de estruendosos fuegos artificiales que matizaban el truco.

Cuando todos se disponían a aplaudir al mago y a la paloma; Melenas, asustado por la pirotecnia, invadió el escenario destrozando todo a su paso y en un abrir y cerrar de ojos devoró a la paloma. El humo que invadió el escenario comenzó a disiparse y el público se puso de pie para aplaudir al perro, ya que pesaron que el mago había logrado convertir a la paloma en perro. La función llegó a su fin, el público se fue muy contento y satisfecho por el magnífico show que acababa de presenciar.

– De la que me salve- pensaba el conejo al percatarse de lo sucedido con la paloma.

Mandrake contento por el éxito que había alcanzado con su presentación se olvido de lo acontecido con la paloma, es más, la desgracia de la paloma fue el éxito del mago y para la siguiente función solicitó al dueño de Melenas que lo vuelva a traer ya que será parte importante del show.

La presencia de Melenas estaba confirmada, ahora el mago se aprestaba a convencer al conejo para que sea él quien finalice la rutina.

– De tal padre, tal hija- decía el conejo cuando volvía a contar la confesión de la paloma y las intenciones de Mandrake a Matías, dueño del circo. Matías, desconcertado, escuchaba al conejo.

– Ya sospechaba que algo de eso sucedía- manifestó Matías, quien decidió suspender al mago y retomar a los tigres de bengala como el acto principal.

En tanto, el conejo acompaña a los payasos en una nueva rutina que trataba de concientizar a los niños sobre el buen trato a los animales, de esa manera poco a poco, el conejo y los demás artistas se convirtieron en auténticas estrellas de circo.

Fin

Imprimir Imprimir

Comentarios