Peluchin

Peluchín. Elvis Eberth Huanca Machaca, escritor peruano. Cuento sobre una mascota especial. Vivo en Tacna, una pequeña ciudad del sur del Perú, mi casa está ubicada en las afueras de la ciudad, justo debajo de las faldas del cerro Intiorko. Cuando camino hacia mi casa, atravieso el viejo mercado de la pampa. Y para llegar […]

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Peluchín. Elvis Eberth Huanca Machaca, escritor peruano. Cuento sobre una mascota especial.

Vivo en Tacna, una pequeña ciudad del sur del Perú, mi casa está ubicada en las afueras de la ciudad, justo debajo de las faldas del cerro Intiorko. Cuando camino hacia mi casa, atravieso el viejo mercado de la pampa. Y para llegar hasta la escuela tengo que tomar en la esquina, la ruta ocho.

En la escuela estoy aprendiendo el valor de la lectura, y lo difícil que son las matemáticas, ya siento que pronto seré todo un adulto, un adulto como lo es mi papá. Tengo muchos sueños y metas, y siempre que puedo me la paso mirando por la ventana del salón, soñando en que quizás yo podría volar por encima de las nubes…

Sería tan lindo volar, yo pienso que todas las personas de este mundo tenemos alas, pero solo que no nos damos cuenta de que están ahí, y por eso, olvidamos usarlas. Aquí en Tacna, todo es de un mismo color, el color de la tierra, la única forma de que las plantas crezcan es, echándoles agua, el color del cielo es como el color del mar.

Todos los días me levanto junto al canto de las aves y el gallo Poncho de la vecina. Los inviernos aquí son muy fríos, y los veranos ni que decir, son muy, muy calurosos, a veces, hay días en que el sol sale con fuerza, y hay días en que las noches son muy, muy heladas, nunca llueve, a las justas garúa.

Para muchos, quizás sea el peor lugar del mundo, pero para mí, es el mejor lugar del mundo, porque es aquí a donde pertenezco. Todos tenemos un lugar al que pertenecemos, y en el que debemos construir nuestra felicidad, y este, es mi lugar. Tengo un hermano pequeño, llamado José, el es la persona más fácil de engañar, de todo el mundo…

Sé que está mal, pero a veces me aprovecho de su inocencia. Pienso que para mi edad soy un niño normal, pero, hay algo que me hace distinto a los demás niños de mi edad, y es que, no tengo conmigo a mi mamá. Mi madre siempre está en cama, es una persona muy delicada y enfermiza, no me gusta verla sufrir tanto, ruego todos los días a Dios, porque ella pueda mejorar, y estar bien, yo daría todo lo que tengo, porque ella se cure.

Recuerdo que una vez, yo, mi hermano y mi papá, una noche de luna llena, nos arrodillamos en el patio, y empezamos a pedirle a Diosito, que no se lleve a mí mamá. Creo que él nos escucho, porque nos permitió estar un tiempo más con ella. En fin, yo y mi hermano, nos la pasamos solos los dos todos los días. Esta, es una época que jamás olvidaré, lo que pasó en estos tiempos, es algo que nunca olvidaré, pero este fue el tiempo en que mi padre se convirtió en mi superhéroe favorito.

Papá trabajaba día y noche en una panadería, y yo era su verdugo, porque yo era el encargado de que el despertara, y él, a pesar de todo el trabajo que hacía, siempre tenía tiempo para jugar con nosotros, ayudarnos en las tareas, y incluso encargarse de la casa. Espero un día convertirme en un buen adulto, uno igual que mi papá, cada vez que la profesora decía que queremos ser cuando crezcamos, todos decían en coro, policía, doctor, abogado.

Pero mi caso era distinto, porque yo quería convertirme en alguien superior a Superman o a Batman, quería convertirme en mi papá. Yo y mi hermano dormíamos en la misma cama, cuando hacía frío, juntamos nuestros pies, y siempre nos pasábamos jugando, debajo de la sabana, inventando un nuevo mundo y nuevas criaturas, en nuestro mundo los humanos podían volar, y siempre todo acababa con un final feliz.

Todo era diversión y gritos, cuando mi padre jugaba con nosotros, había veces que se quedaba dormido. Pobre se esforzaba mucho. Lo verdaderamente malo, era que yo y mi hermano éramos niños muy extraños, esa era la razón, por la que no teníamos amigos, recuerdo que una vez mi padre, intento enseñarme a volar una cometa, que hicimos con plásticos y pegamento, pobre de él, yo era tan malo… Que en todo el día, no fui capaz de que la cometa volará… Pero en vez de enfadarse me dijo, mañana lo intentaremos de nuevo, muy bien hijo.

Peluchín, es de color café claro, tiene los ojos muy profundos y una pequeña mancha blanca en el cuello, el día de mi cumpleaños número ocho, mi padre lo dejó debajo de mis sabanas, yo y mi hermano al ver a este pequeño cachorro, mejor dicho al sentir sus suaves y heladitas lamidas en nuestros pies, nos levantamos extrañados, y cuando lo vimos, gritamos de felicidad, siempre habíamos querido tener un perrito.

Y ahora al fin lo teníamos, este tenía que ser el mejor cumpleaños de toda mi vida. Es tan suavecito como el algodón, mi padre nos dijo, que se lo encontró en su camino, y por más que él le botaba, él le siguió y siguió, hasta su trabajo, y cuando mi padre salió, El Peluchín lo estaba esperando ahí afuera, mi padre muy conmovido por la tenacidad de este pequeño héroe, lo recogió y lo metió en el bolsillo de su casaca.

Era tan pequeño que calzaba en esa casaca. Peluchín fue el mejor regalo de mi vida, en todo el día, yo, y él, no nos separábamos, mi hermano y yo, hacíamos turnos por cargarlo, es que el pequeño era tan adorable que se hacía querer. Incluso hasta mi madre se levanto de la cama, y no dejo de sonreír. Por esta razón, este es el mejor día de toda mi vida, desde que ese pequeño llego a la familia, todo cambio, para bien.

Pienso que quizás el sea nuestro ángel. Mi madre me contó, que los ángeles cuando vienen, se llevan toda nuestra tristeza, y esconde nuestras lágrimas, en un lugar en el que nunca las encontremos y solo nos dan felicidad y alegría, por esa razón, estoy empezando a creer que nuestro Peluche, es en realidad un ángel.

Quizás el no era de alguna raza en especial, pero se veía que era de una digan y noble casta de perros, por la valentía y el coraje que mostraba, cuando El Manchas vino a casa, nuestro valiente guardián, le dio pelea, y con aullidos que ni parecían ladridos, logro echar al invasor, no hay duda que el gato gigante de Doña Amelia, tenía un nuevo rival en nuestro Peluchín.

Si Peluchín, era el perro de mi papá, entonces Peluchín, tenía que ser un Súper perro, puesto que era la mascota de un digno Súper Héroe. Hoy mi maestra, la Señorita Pilar, nos dijo en clase, que ella es la encargara de que seamos hombres del futuro, y que la maestra de mi hermano tiene el mismo trabajo.

Entonces… ¿Quién era el encargado de educar y convertir a Peluchín en un perro del futuro? Todo el día me la pase pensando en eso, de nosotros tres yo era el mayor, así que debería ser yo quien esté a cargo de formarlo. Después de todo, eso es lo que hace una familia, ayudarse unos a otros.

Estaba decidido, desde hoy yo sería el maestro de Peluchín. Para empezar, Peluchín, no era un buen alumno, menos uno ejemplar, como todo niño que recién descubre el mundo, el solo estaba interesado en comer y en jugar. Y hacia eso durante toda la clase, era increíble, pero el amaba el timbre de receso, aun más que yo. Y para empeorar todo, cada vez que pasaba alguien, se iba detrás de esa persona. También no era muy refinado con su higiene.

- Peluchín, lo lamento mucho, pero si sigues así este año reprobadas y te convertirás en un alumno repitente.

Los días pasaban y pasaban, y Peluchín termino convirtiéndose en mi mejor maestro, me enseño a reír siempre, a que la vida siempre te da sorpresas, siempre que piensas que todo ha acabado, entonces pasa algo que lo cambia todo, el me enseño sin decirme ninguna palabra, lo hermosa que es la vida. Peluchín, ya sabe ladrar y morder también, el nos cuida todos los días en que papá no está, y gracias a este pequeño mi papá puede tener más tiempo para descansar y cuidar a mamá.

Muy pronto Peluchín empezó a crecer y crecer junto con nosotros, el era como un amigo, como un buen amigo, más que eso como un hermano, como parte de nuestra familia pequeñita. Pero a pesar de que crecía, seguía siendo aquel pequeño, que llego un día a mi cama. Mamá cada día se sentía más y mas fuerte, ya jugaba con nosotros, y nuestra pequeña familia, empezaba a levantarse, no hay duda que el Peluchín era un súper perro, o quizás ¿era un ángel?…

Su sola compañía, hacía que sea una razón de reír en mi familia. Gracias, gracias por llegar a nuestras vidas, deberás muchas gracias Peluchín, cuando pienso en todo lo que pasamos no puedo dejar de llorar, te quiero Peluchín, y gracias por existir…

Fin


Peluchin

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