Los tres chanchitos de por allá

Los tres chanchitos de por allá. Alicia Esaín, escritora argentina. Cuentos clásicos infantiles. Versión libre del cuento Los tres cerditos. En la Costa Brava supieron vivir tres lindos y rosados chanchitos. El único problema en la vida era uno que los tres compartían, pero no por ello menos terrible e importante: el lobo los tenía […]

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Los tres chanchitos de por allá. Alicia Esaín, escritora argentina. Cuentos clásicos infantiles. Versión libre del cuento Los tres cerditos.

En la Costa Brava supieron vivir tres lindos y rosados chanchitos. El único problema en la vida era uno que los tres compartían, pero no por ello menos terrible e importante: el lobo los tenía en la mira para carnearlos.

De sólo verlos por ahí retozando en el barrial después de la lluvia se relamía de gusto y desfilaban ante él jamones, bondiolas, largas ristras de chorizos y plateadas bandejas con lechones al horno.

Lechones cuyas caras eran precisamente las de los tres redondos puerquitos de esta historia y a los que los ojos de hambre del lobo y sus ganas de cazarlos los tenían bastante preocupados. Para que él no pudiese atraparlos, decidió cada uno hacerse una casa que le sirviese de refugio y protección.

El más chico estaba muy apurado. Lo esperaban sus amigos para jugar un partido de fútbol. Juntó unas cañas, algo de paja y poco más. Se armó una choza.

El segundo, por su parte, tenía que ir a cantar a un concurso organizado por un circo que había en el pueblo. Como andaba apurado, también construyó una choza, pero con algunas ramas y troncos.

El mayor, que era un cerdo pensador y responsable, decidió edificar una casa de ladrillos. Le pidió unos planos a Carlitos, su amigo arquitecto y al poco tiempo tuvo lista una hermosa vivienda con todas las comodidades y hasta una parrilla…Él era vegetariano y la parrillada de verduras estaba muy de moda, además.

Muy consciente del peligro que representaba el lobo para los tres, les advirtió a sus hermanos:

-Ojo con el lobo y sus ganas…Con esas chozas que se han hecho no se salvarán de su ataque.

- ¡No te aflijas!- le respondió el menor y se fue soñando con hacer muchos goles… Que se los gritara Víctor Hugo Morales… ¡Que se los pasasen por televisión!

-¡No te aflijas!- le contestó el segundo y se fue ensayando bajito esta canción:

Yo soy un chanchito argentino,

no me importa ese lobo asesino,

lo que dicen que hace es un cuento …

no me arruina este lindo momento.

Cuando terminó el partido de fútbol el deportista volvió a su casa muy feliz, ¡había hecho cinco goles! ¡Hasta uno de tiro libre y dos de penal! Como era chanchito ni soñaba con bañarse.

Cuando llegó, se recostó sobre un colchón de pasto seco y se puso a tomar unos mates. Después del primer amargo, comenzó a sentir que todo se volaba… ¡Era el lobo que soplando y soplando más fuerte que el viento Pampero le llevaba lejos las cañas que formaban su choza!

Entonces, desesperado, el pequeño se fue a la casa del mediano, quien justo llegaba del circo muy satisfecho… ¡Había ganado el concurso de canto! Traía un trofeo dorado y además, le habían prometido que grabaría un disco de cumbias… ¡Sería famoso!

Eso si no hubiese llegado hasta allí justo en ese momento el lobo… Sus soplidos fuertes de viento Pampero derribaron la choza de ramas y troncos como si fuese de papel. ¡A correr, chanchitos! Y corriendo salieron el pequeño y el mediano hasta la casa del mayor sin perder un solo minuto.

En ella los esperaba él, que rápidamente los hizo pasar. Enseguida cerró muy bien puertas y ventanas y se fue a la parrilla a encender el fuego. El lobo, por su parte, sopló todo lo que pudo, pero ni con el Pampero, el viento Norte y la Sudestada juntos pudo derribar la casa de ladrillos tan bien construida. Así que se cansó como un perro o como un lobo fracasado y decidió asomarse a la chimenea de la parrilla para ver si por ahí lograba entrar y cazar a los tres chanchitos…

¡Mejor no lo hubiese hecho! ¡Se cayó sobre las brasas y se le quemó todo el pelo! Aullando como un lobo loco, tuvo que soportar que se riesen a carcajadas los tres chanchitos mientras lo salvaban del fuego…y eso no fue lo peor: le hicieron prometer que nunca más los atacaría, por un lado.

Y por el otro algo increíble: lo dejaron vivir con ellos hasta que el pelo le creció nuevamente. No querían que otros se burlasen de él… Cuando pudo salir, muy agradecido, era un lobo albañil, sabía jugar al fútbol y cantaba aquello de… Ya no soy más un lobo insaciable, con los chanchos soy bueno y amable, me como un chupetín…

A lo que le fue difícil acostumbrarse fue a la parrillada vegetariana. ¡Pero no tuvo más remedio!

Fin


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