Caramba

Había una vez, hace muchos, muchos años, un perro bueno que parecía malo. Todos lo llamaban Caramba, pero a él no le gustaba ese nombre: quería llamarse Guau. Los otros perros se reían de su capricho, le decían que todos los perros hacen guau, que todos los gatos hacen miau y que todas las vacas dicen muuu. Pero a Caramba, que era bueno y parecía malo, no le importaba si los pájaros cantan piii, piii, o las ovejas hacen bee, bee, él sabía que cuando ladraba guau, guau era como si gritara su verdadero nombre.

En la casa donde vivía Caramba lo cuidaban mucho, le ofrecían agua fresca todos los días, lo bañaban con shampoo y le daban de comer cosas ricas, siempre a la misma hora y Marta, la nena que lo cuidaba, le decía:
— Caramba… ¡A comer!
— Guau… Guau –respondía enojado y entonces empezaba la pelea de todos los días.
— Pero Caramba… ¡No te enojes! –le pedía Marta
— Guau… Guau. –respondía Caramba.

Así seguían un buen rato, Marta retándolo en broma y Caramba explicándole que su verdadero nombre era Guau.
Pasaron algunos años y Caramba seguía triste porque nadie lo llamaba como él quería, hasta que un día todo cambió. Ya no le daban agua tan fresca, lo bañaban sólo de vez en cuando, le daban de comer a cualquier hora aunque lo que no cambió, fue que siguieron llamándolo Caramba.

Al principio no sabía el por qué de esos cambios, hasta que una mañana vio a Marta salir al patio con su hermanito, que era muy chiquito y a Caramba le sorprendió ver que no se paraba, que no sabía caminar. Cuando los vio Caramba, de alegría, gritó: guau, guau. Quería conocer al pequeño y saludarlo, pero el nene empezó a llorar y Marta se metió adentro de la casa.

De nuevo triste y solitario, Caramba, se resignó a la soledad y aprovechó que ya empezaba el invierno, para quedarse en su cucha pensando en cómo hacer para que todos lo llamaran Guau.
Un día, con lindo sol de primavera, vio acercarse a Marta y a su hermanito caminando hacia él. Caramba salió de la cucha para saludarlos y con gran alegría les dijo a los dos:

— Guau… Guau. –en verdad quería decir “me llamo Guau”
Y el hermanito de Marta lo miró como a un amigo y señalándolo con su manito dijo:
— Guau… Guau.

Caramba se sintió feliz al escuchar su verdadero nombre y más feliz los días siguientes porque desde ese momento, los padres de Marta y ella misma, quién sabe por qué, empezaron a llamarlo Guau.

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Fin

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