Un ángel sin alas – Capítulo VI

Un ángel sin alas

Un ángel sin alas – Capítulo VI. Liana Castello, escritora argentina. Cuento infantil en capítulos.

Capitulo VI

Partió el angelito a playa con la esperanza de encontrar finalmente sus alitas. Al llegar se encontró con una gran tortuga marina que tomaba solcito.

 

– Buenas tardes tortuga, por casualidad ¿has visto un par de alitas?

– Aletas, se dice aletas mi querido.

– No busco aletas, busco mis alitas ¿las has visto?

– ¿Aletas de pez? No pareces un pez querido mío – dijo confundida la tortuga.

– No parezco porque no soy. Soy un ángel y no tengo mis alitas ¿las has visto?

– No, realmente no he visto alitas, aletas veo todo el tiempo cuando entro en el mar y dime ¿si no tienes tus alitas, no puedes nadar?

– No es eso, soy un ángel y los ángeles tienen alas, no entiendo por qué yo no. Tal vez se las llevó la marea.

– Mira hijo si has perdido tus aletas … digo tus alitas ¿por qué pensar que la responsabilidad es de la marea?

– El mago Tito me dijo que la marea suele llevar y traer muchas cosas, tal vez se ha llevado mis alitas.

La marea escuchó las palabras del ángel y no le gustó que pensaran que era ella se había llevado las alas. Molesta, impulsó olas de gran tamaño sobre la costa, las cuales arrasaron con todo lo que había en la cosa, incluidos la gran tortuga y el angelito.

Cuando las olas se retiraron el angelito se dio cuenta que la tortuga estaba con sus cuatro patas para arriba y que eso era muy peligroso para ella. Intentó levantarla, darla vuelta, girarla, pero nada. Su fuerza no era suficiente. ¿Cómo haría entonces para salvarle la vida?

– Hijo si haz de hacer algo, hazlo ya por favor, no me siento del todo bien.

De pronto, el angelito se dio cuenta que la fuerza la debía obtener de su generoso corazón y de sus ganas de ayudar.

Suavemente entonces, tomó a la tortuga por su caparazón y la dio vuelta. No es común ver a una gran tortuga marina sonreír, pero ese día en la playa se vio una gran sonrisa.

– Gracias hijo, muchas gracias ¿cómo podré pagarte semejante favor?

– No me debes nada, es un placer haberte ayudado. Lo único que necesito son mis alitas, pero evidentemente aquí tampoco están – respondió el angelito.

– Si buscases aletas en vez de alitas sería más fácil querido, pero bueno si quieres busco en el fondo del mar, nunca se sabe.

– Gracias, de todos modos algo me dice que no están, seguiré caminando ha sido un placer.

– El placer ha sido mío, créeme. Que encuentres tus aletas… digo, tus alitas.

La tortuga se adentró en el mar y el angelito siguió caminando.

De pronto, se dio cuenta que alguien lo seguía.

Continuará…

Capítulo I

Capítulo II

Capítulo III

Capítulo IV

Capítulo V

Un ángel sin alas. Literatura infantil y juvenil, cuentos que no pasan de moda. Lecturas para niños de primaria. Historias para aprender leyendo.

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