EL Ángel

Cuentos infantiles sobre estatuas

EL Ángel es uno de los bellos cuentos infantiles sobre estatuas y ángeles que cobran vida escrito por Mariela Burlando, un fantástico cuento para disfrutar en familia.

El mármol blanco parecía brillar más de lo usual, surgían de él, pequeños destellos de luz, dándole a la estatua un aspecto casi humano. Juan Diego de la Puebla, lo observaba con detenimiento en su estudio, sus enormes alas desplegadas, las facciones perfiladas e infantiles, las líneas de los rizos y bucles del pelo, sus ojos parecían estar atentos a todo lo que ocurría a su alrededor y toda esta combinación de elementos daban la sensación de que a ratos, pareciera cobrar vida, que flotara.

Se sentía orgulloso de lo que había logrado, una vez terminando, la escultura del Ángel, sería enviada la próxima semana, para ser exhibida en el Museo Nacional, en la Exposición Anual. En ese instante se dio cuenta, cuan agotado estaba, llevaba más de tres semanas trabajando sin descansar para ultimar los detalles y así culminar un trabajo impecable y sinceramente lo había alcanzado, por eso ya era tiempo de tomarse un largo baño, una rica y suculenta cena, en fin un merecido descanso. Ya se encargaría mañana, del embalaje y traslado de la escultura, Apagó la luz y salió de la estancia a realizar los planes que tenía en mente.

Llovía copiosamente en la ciudad y los truenos y rayos hacían relucir aún más el brillo de aquel ángel, quien poco a poco fue cobrando vida y se movía a su voluntad, con cada trueno y rayo que venía desde el cielo. Una vez salido de su estado inmóvil, comenzó a tener diálogos consigo mismo.
Y dijo, -para si- “si Juan Diego piensa que me va a llevar, a ocupar un puesto más en ese museo”.
-“Está equivocado, mucho lo siento, pero yo no pienso ir allí”-. -“Mi cometido divino es servir de guía, a la gente que camina por la ciudad”-.
-“!! OH ¡¡ y que hermosa se ve desde el estudio, con todo su ruido y colorido, los atardeceres, las noches con sus brillos, los ruidos de los coches, las voces de los transeúntes, en fin mi sitio está allá afuera, y no en ese lugar frío y lúgubre”.-
-esgrimió el ángel-.

Y terminado este último monólogo, decidió partir, en busca de un lugar apropiado para él. Salió e hizo un gran recorrido, no fue fácil la búsqueda, la lluvia no ayudaba, los rayos y los truenos, eran intenso, aquello parecía un diluvio. Pero el ángel no se amilanó en su objetivo, por el contrario, sacó fuerzas para seguir volando. De pronto observó entre unos edificios antiguos el lugar apropiado.

Una hermosa plaza circular, con un obelisco mediano, que remataba en un seguro mástil; con pequeños bancos donde la gente podía descansar, los carros bordearían la plaza, y no tendrían que ir tan de prisa, tenía prestancia, ese era su lugar.

Se ubicó allí majestuoso, desplegó sus enormes alas, y a pesar de la lluvia se sintió a gusto. Ya instalado comenzó a sentir las ráfagas de aire, que se unieron a la copiosa lluvia y los truenos, esto lo obligo a recoger sus alas y a aferrarse al mástil con fuerza, para no ser derribado. No estaba dispuesto a caerse y volverse añicos y mucho menos regresar al estudio.

Fueron horas de interminable de lucha, sus alas poco a poco perdían fuerza y su caída parecía inminente, agotado, se enderezo, para al menos disfrutar la sensación de que estuvo allí por un rato guiando a la ciudad y cuando creyó que todo estaba perdido, poco a poco como pudo, extendió sus alas y en ese preciso surgió un rayo del cielo que lo petrificó en aquel lugar, y allí permanece hasta los actuales momentos.

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