Mi gran amor

pareja besándose

Mi gran amor

Mateo venía escuchando rock de los años ochenta, mientras conducía su auto por la Panamericana Sur, cuando de pronto vio a una muchacha que iba caminando sola. Le pareció extraño, pues el pueblo más próximo quedaba muy lejos.

Entonces, detuvo el carro y le preguntó si necesitaba un aventón. Ella le dijo que sí. Su nombre era Rosaura, su auto se había quedado sin gasolina un kilómetro atrás. Era muy bella, así que no le fue difícil a Mateo ofrecerse a llevarla hasta su casa. En el viaje conversaban sobre sus gustos musicales. Mateo había encontrado a su alma gemela, es más, a pesar de ser un rockero apasionado, estaba sorprendido que Rosaura conociera tanto del género y le nombrara títulos de canciones casi inéditas para él. Así transcurrió todo el viaje, hasta que llegaron a casa. Quedaron en verse al día siguiente a las ocho de la noche.

Mateo, puntual, la recogió, fueron a cenar y luego a pasear por la playa. Él se sentía muy feliz pues Rosaura era simpática y deseaba continuar viéndola.

De pronto, mientras observaban el mar, ella sintió mucho frío y las lágrimas corrían por sus mejillas, ante lo cual Mateo le ofreció su casaca, además de un abrazo y un beso tierno. Al parecer, el amor había llegado a los corazones de los dos jóvenes.

Al día siguiente, el joven enamorado fue presuroso a la casa de su amada; sin embargo, cuando ella salió, tenía el rostro desencajado y parecía como si no lo viera. Mateo le hablaba, pero ella no le hacía caso. No entendía. Así que decidió esperar fuera de la casa.

De pronto, salió Rosaura con la casaca de Mateo; él al verla la llamó, pero Rosaura no le hacía caso. Mateo ya no solo estaba desesperado, sino que hasta molesto. “Si ya no quiere saber nada de mí, que me lo diga”, pensaba.

Empezó a seguirla, extrañado por su indiferencia, por las calles por donde ella iba. Hasta que Rosaura llegó a un panteón y se dirigió a una lápida. Allí lloró desconsolada. Mateo le decía que se calmara, que su familiar estaba descansando, que él siempre estaría a su lado, hasta que alcanzó a reconocer una fotografía y una inscripción donde decía “Mateo Jara (1972 -1990)”.

Habían pasado trece años desde su muerte. Rosaura nunca olvidaría la fecha en que se conocieron y cuando se declararon su amor por primera vez, sin darse cuenta de que con ello todos los años atraía a su novio desde la muerte.

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Fin

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