El corazón de cristal

El corazón de cristal

El corazón de cristal

El corazón de cristal. Rocío Cumplido González, escritora española. Cuentos infantiles de princesas. Historias de amor para niños.

Entre las estrellas corre una leyenda, que todas las hadas cuentan cuando bajan a la tierra. Una noche una pequeña hada con el pelo naranja, me contó esta historia de la que todos hablan.

Hace muchos años hubo un reino llamado Amartrás. Era un reino hermoso lleno de flores de distintas formas y colores. Los árboles, eran altos y fuertes y la hierba, ¡oh esa hermosa hierba! ¿Sabes? en otoño olía a cereza.

Pero un día no se sabe muy porque una malvada bruja lanzó un hechizo que sumió al reino de Amartrás en una lluvia eterna. Como la lluvia no paraba, el trigo no brotaba, las flores no se abrían y las manzanas se podrían.

-Odio esta lluvia, odio que la tierra siempre este mojada y odio a esa malvada bruja.- decía Carlo, mientras intentaba secar el pelo a su caballo. Carlo, era sólo un joven campesino en el reino de Amartrás; pero odiaba a la bruja más que cualquiera.

Siempre estaba diciendo cosas malas sobre ella, aunque no la conocía. Bueno, en realidad es que nadie la había visto nunca, ni siquiera sabían como se llamaba. Así que cuando la reina se enteró de que Carlo era quien mas resentido estaba, eligió al muchacho para que la ayudara a romper el hechizo. Para ello, el joven Carlo tendría que encontrar las cuatro partes de un corazón de cristal roto. Este corazón perteneció a la princesa Clara, la cual desapareció del reino cuando la maldición fue lanzada.

Carlo partió hacía el Norte hasta las montañas heladas. El valiente muchacho escaló la montaña con las manos desnudas y allí encontró el primer trozo. Cuando lo cogió, el pedazo de corazón de cristal empezó a brillar y sus manos se calentaron, entonces sintió como de él emanaba la bondad y la compasión hacia los niños, hacia los ancianos y hacía cualquiera que necesitara ayuda.

Después Carlo se dirigió hacía el Sur, donde se encontraban las playas de arena de purpurina. Allí una sirena guió al joven muchacho hasta una cueva bajo el mar. En aquel lugar encontró el segundo trozo del corazón de cristal. Cuando lo cogió, el trozo de cristal se iluminó y una canción se empezó a escuchar alrededor. Era la voz de la princesa Clara cantando una nana. Su voz era tan dulce, tan hermosa y tan calida que al joven Carlo se le saltaron las lágrimas.

A continuación, siguiendo el amanecer hacia el Este, Carlo llegó hasta el Volcán de la verdad, donde un dragón custodiaba el tercer trozo del corazón de cristal. El dragón le entregó a Carlo el trozo de cristal y como siempre este comenzó a brillar. Entonces, reflejado en él apareció la sonrisa de la princesa. Era una sonrisa sincera, de las que te hacen sonreír a ti también aunque no sepas muy bien porque.

Mientras viajaba hacia el Oeste, Carlo no dejaba de pensar en la princesa Clara. Sin conocer su aspecto se había enamorado de ella: de la pureza de su sonrisa, de la calidez de su voz y de la bondad de su corazón.

Su último destino era el bosque oscuro. En este lugar los árboles eran tan grandes que siempre parecía ser de noche. Carlo dejó que sus sentimientos por la princesa le guiaran en la oscuridad y no tardó mucho en encontrarlo. Dentro del hueco de un viejo árbol estaba el último trozo del corazón de cristal. Era el pedazo más pequeño que había encontrado y parecía tan frágil. Cuando Carlo lo cogió éste apenas brillaba y se pudo escuchar como alguien lloraba. Eran las lágrimas de la princesa Clara. Reflejado en el cristal el muchacho pudo ver como la princesa lloraba en su cuarto desconsolada y cuanto mas lloraba la princesa, más y más llovía en el reino de Amartrás. Fue en ese momento, cuando Carlo se dio cuenta de que nunca existió de verdad una bruja malvada. Que en realidad, la lluvia que caía sin parar en el reino eran las lágrimas de la princesa Clara. Al parecer, hace mucho tiempo la princesa estuvo enamorada; pero las cosas no salieron como ella esperaba.

De vuelta en el reino de Amartás. Carlo y la reina juntaron los cuatro tozos. El corazón ahora unido comenzó a brillar con mucha intensidad; pero después no pasó mucho más. Entonces Carlo, sin saber muy bien porque; cogió el corazón de cristal, le dio un beso y le susurro:

– Seca tus lagrimas mi princesa, pues gracias a la calidez de tu voz y al brillo de tu sonrisa, para mi será como si el sol saliera cada día.

Entonces, de repente la lluvia paró, las nubes se despejaron y el sol por fin volvió a brillar sobre el reino de Amartrás.

En muy poco tiempo las flores volvieron a cubrir los verdes prados y el trigo crecía fuerte y sano en los campos.

Al principio, Carlo y la princesa Clara solo eran buenos amigos; pero poco tiempo después la amistad se convirtió en amor. Un amor puro y sincero. Un amor que ahora viaja entre las estrellas en forma de cuento.

Fin

Rocío Cumplido González
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El corazón de cristal. Lecturas para niños de primaria. Historias para aprender. Literatura infantil y juvenil, cuentos que no pasan de moda.

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