Brenda la curandera. Historias de amor

Brenda la curandera. Historias de amor

Brenda la curandera. Historias de amor

Historias de amor. Cuentos de romances para niños.

Lectura sugerida para niños a partir de nueve años.

En lo profundo de un bosque, vivía un anciano con sus tres hijos, los dos jóvenes eran fuertes y robustos, ayudaban a su padre talando árboles y cortando leña, para más tarde venderla por los pueblos de los alrededores.

La más pequeña era una chica muy espabilada, a las que las gentes del lugar, requerían de vez en cuando, pues todos sabían que Brenda era una muy buena conocedora de las hierbas y plantas, que curaban a hombres y animales.

Un día acertó a pasar por allí el hijo del duque, y Brenda en cuanto lo vio, se enamoró de él.

Sabiendo que su amor nunca sería correspondido, suspiraba día y noche por el dueño de sus amores.

Se sentaba cada tarde, para verlo regresar de sus cacerías.

Y acaeció que un caluroso día de verano, estando como siempre esperando, para verlo de lejos, vio venir varios caballos, y a lomos de uno de ellos, le pareció ver, al hijo del duque.

Corrió a su encuentro, el escudero le dijo: que se había puesto a morir, al poco tiempo de beber agua de un pozo.

Brenda los condujo hasta su humilde casita, y en un camastro le dio acomodo.

Cuando la luz dio sobre el rostro del joven, pudo comprobar el color que estaba tomando su piel, le miró a los ojos y leyó en sus pupilas, qué era lo que estaba atacando y dañando aquel cuerpo, que ahora yacía, en su cama.

Buscó en la alacena, cogió un mortero y comenzó a triturar hojas de tejo y dientes de león.
Hirvió el agua, que tomó, el color del barro, después se lo dio a beber a pequeños sorbos.

Su madre le había enseñado, el arte de conocer las hiervas y poder curar con ellas.

El joven duque deliraba, la fiebre le subió, y Brenda enfrió unas gasas en el agua del río, con ellos envolvió el cuerpo de su amado.

Luego encendió un fuego en una marmita, cerró las ventanas, y se quedó a solas, todo el día y toda la noche velando sus sueños.

A la mañana siguiente, el joven duque abrió los ojos, pidió agua, sintiendo cómo la vida le volvía al cuerpo, Brenda corrió a su lado y el duque al verla le dijo: ¿cómo te llamas linda muchacha, a quién debo agradecer que me encuentre de nuevo en el mundo de los vivos?

Brenda es mi nombre señor, y yo soy quien ha velado por su salud.

El hijo del duque, quedó prendado de la hermosura y buen corazón de aquella muchacha.

Una vez repuestas las fuerzas con unas viandas que la chica preparó, el joven se disponía a despedirse de la curandera.
Brenda le dijo:

-Señor prometedme, que de ahora en adelante mandará a hervir el agua antes de tomarla, y cuando estuviere por aquellos parajes, cuando sintiera sed, bebería de un río o arroyo, de un agua que fluyera, y no de la que estuviese quieta. Cuidaos de comer carne que no esté lo suficientemente, hervida o asada. Debéis mandar, lavar toda fruta, y verdura antes de comérosla, pues os pueden traer algún mal.

No malgastéis energías innecesarias, disfrutad del aire fresco de la mañana, y cuidaos del frío de la noche.

Y tomando sus manos entre las suyas le dijo:

-Mi madre me enseñó que el cuerpo es el templo del alma, y tenemos el deber de cuidar de ambos, cada vida es sagrada, un milagro inexplicable que está sucediendo día a día, sucede cada vez, que un hombre y una mujer se aman.

-No sólo eres bonita, también posees el don de la palabra- le dijo complacido.

Agradeció la ayuda que desinteresadamente le había prestado, llevándose a sus dos hermanos, como guardia personal, y a Brenda la llevó a palacio para presentarla a sus padres, cómo su futura esposa.

Brenda pudo enseñar el arte de curar, con la ayuda de su esposo, y para que no se perdieran esos conocimientos, mandó al escribano que se recogiera en un libro, todo aquel saber de su encantadora mujercita.

Fin

Cuento sugerido para niños a partir de nueve años.

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