Vida de Musa

Vida de Musa

Vida de Musa

Vida de Musa. Cuentos. Cuentos educativos. Cuentos con moraleja. Material educativo. Cuentos de animales.

 

-¡Harta! ¡Estoy harta! Mi cansancio es milenario. ¿Cuánto tiempo hace que me
vienen invocando?….No sólo los escritores de estos parajes.
Soy una musa, pero no la única. Somos nueve. Mis hermanas se la pasan de
bien… bailan, cantan, ni se enteran si algún poeta las reclama.
He notado que la falta de inspiración es cada vez más evidente en la
sociedad actual y mi opinión es autorizada. Siglos de vida en el Olimpo lo
confirman.
Ya ni a mis clases de coro puedo ir….Si no es un poeta que necesita de mi
inspiración para escribir un soneto es un novelista al que le faltan adjetivos
para describir a sus personajes.
¡Esto no es vida! Metáforas, rimas, comparaciones…tengo que estar en todo.
A mí también algún día se me van a acabar las ideas. ¿Y entonces? ¿A quién
le van a ir a reclamar?
¿Se imaginan las librerías vacías por escasez de escritores? Las editoriales
no sabrán que hacer sin mí, tal vez cerrarán sus puertas porque no hay nada
nuevo para publicar… ¿Y qué? ¿debo sentir culpa por eso?  ¿Alguna vez los
editores se acordaron de mí?
Como verán, mi mayor atributo es la elocuencia y este manifiesto que hago
público ante ustedes, creo que así lo demuestra.
La única tortuga que la escuchaba dejó de comer sus lechugas y se retiró a
sus aposentos.
-¡Qué fácil es esconderse en el caparazón y hacer oídos sordos a mis
infortunios! Ya me mudé diecinueve veces por sugerencia de Apolo….y me
siguen reclamando…¡Aquí! en este bosque olvidado….¡tan lejos del Parnaso!
Recuerdo muy claramente sus palabras:
“…Calíope…tranquilízate un poco, refúgiate por un tiempo en alguna cabaña
perdida, dedícate a la jardinería, verás como te despeja el contacto con la
tierra….”
¡Qué ingenuo! ¡Es peor, me siguen demandando! Parece que soy
imprescindible….!
Su monólogo se expandía por el monte, retumbando en el pinar que lo
escuchaba.
Margarita, la araña, lo oyó y sin parar de tejer le contó a la lechuza sobre la
nueva vecina.
-Tenga cuidado porque está un poco nerviosa. Necesita distraerse, no le va a
venir nada mal una temporada en este sitio.
-¿Usted cree Margarita? –preguntó la lechuza desconfiada- si en este
bosque no ganamos para sustos….
-Va a descansar su cabeza –respondió la araña simulando no haber
escuchado las últimas palabras del ave- dicen que el trabajo intelectual es
más agotador que el nuestro.
La lechuza pensativa, mientras preparaba scones de naranja sentenció:
-Mire que estos seres divinos, con toda su descendencia, tienen unos líos
que ni le cuento, además son envidiosos y muy vengativos.
Ahora que hago memoria, recuerdo que mis primas siempre cuentan una
historia que cada vez que la escucho me pone el plumaje de punta….
-No me dejen afuera, me encantan los chimentos de familia –dijo el castor
saliendo del río.
-Continúo- decretó la lechuza-  una tarde, las sirenas que cantan de lo más
bonito, desafiaron a las musas en un concurso de canto. Las nueve hermanas
se fueron altaneras a la orilla del mar  y escucharon la música de las
mujeres acuáticas.
Las nueve igual de engreídas, solo hablaban de sus virtudes proféticas,
decían que eran las únicas divinidades de las artes y de las
ciencias…mujeres muy bien preparadas. Tocaban la lira, danzaban y eran las
depositarias de toda la sabiduría del universo.
El castor, impaciente por conocer el final del cuento, se sacudió el agua
mientras decía:
-Yo a las musas no las conozco, pero si me preguntan por las
sirenas…bastante bravas son las chicas. La de naufragios que provocaron…..
La araña tejía inmutable, cansada de los chismes del bosque y
contemplaba orgullosa su labor mientras la lechuza relataba detalladamente
los pormenores del concurso.
-La cosa es que obviamente las sirenas perdieron….y no me van a creer lo
que pasó. Las muy musas les arrancaron las plumas de sus alas, porque estas
jóvenes antes eran seres alados…..¡¡ y las usaron para hacerse nueve
coronitas!!…Las pobres dejaron de cantar por un tiempo, hasta que
superaron la pérdida de sus alas. ¡Abrase visto semejante maldad!
-No crea todo lo que le cuentan –dijo la araña concentrada- todas las
criaturas tienen una segunda oportunidad.
-Si usted lo dice…seguramente detrás de su telaraña la vida se ve de otro
modo.
La conversación entre la lechuza, el castor y la araña continuaba y también
continuaba el discurso de Calíope.
-También aquí me han encontrado, ahora es un pensador que no logra
plasmar en el papel sus brillantes teorías. Y ahí voy yo a hacer mi trabajo.
Una vez realizado, ni gracias me dicen. Ahora que lo pienso, en tantos años
ni un libro me han dedicado. Ellos se llevan el reconocimiento y yo…sigo
trabajando ad honorem al servicio de las artes.
Necesito disfrutar del ocio, cantar en los banquetes para deleite de los
dioses, sin apuro….. ¡Nunca llego al postre porque la lista de escritores a los
que debo visitar cada vez es más larga….!
Dejó de hablar cuando el sonido del agua la hizo recordar un antiguo
manantial que frecuentaba de niña.
-¿Cuánto hace que no converso con la corriente? – se preguntó guiada por
una cascada de reminiscencias que la llevaron a un pequeño río que tomaba
fresco bajo el fresno.
Sumergió sus pies en el líquido elixir, se sintió liviana, sosegada…un bálsamo
de flores silvestres la inundó de bienestar y mansamente se quedó dormida.
Desde el árbol la miraban Margarita y la lechuza que recién terminaba de
hornear los scones. Desde la orilla la observaban el castor y la tortuga.
-Sugiero que la dejemos dormir, con el río como música de fondo tendrá un
descanso reparador…..
-¿Y si los dioses comienzan a buscarla? Seguramente sus hermanas notarán
su ausencia…¿y si nos culpan por haberla retenido en el bosque? –preguntó
la lechuza.
-Cuantas tonterías juntas –dijo la arana disgustada- no va a pasar nada de
eso.
El verde es restaurador, se despertará como nueva y después verá como
sigue sus días…tal vez pueda cambiar su sino. A través de mi tejido
presiento novedades.
La musa dormía, enredada en sueños cristalinos. La voz del agua la acunaba
en un vaivén de frescura y todo era perfecto en ese edén de bosque a media
luz.
Pero ese vergel, de noche, no era el mismo. Lo sabían todas las plantas y
animales que vivían de este lado del río.
-Si no despierta cuando salga la luna, tendremos que hacerlo nosotros –dijo
el castor preocupado- ¿Quién iba a decir que la muchacha dormiría tanto?
-Debemos pretejernos, creo que es hora de llamarla –sugirió la araña en
camisón.
Pero no hubo caso. El castor la empujaba con su trompa mientras la
salpicaba, la lechuza le volaba alrededor y la tortuga le daba mordisquitos
en las manos….nada.
Margarita dirigía las operaciones entre las ramas pero se estaba quedando
sin ideas.
Salió la luna redonda, sigilosa y anunció con su presencia que la naturaleza
debía descansar.
Calíope ni se enteró, bañada por un reflejo nacarado que empezó a cubrir su
cuerpo. Sola en el río, dejó expandir su voz por el monte. Ya no se quejaba,
eran palabras suaves, recién florecidas que su corazón recitaba:
-En esta noche estrellada,
mientras soñaba con hadas
resolví un dilema viejo
que al mundo dejará perplejo:
desde hoy seré escritora
y pasaré muchas horas
escribiendo mis novelas
para alegría de abuelas.
Me inspiraré en el paisaje
que dotará a mi lenguaje
de un estilo vibrante,
mágicamente elegante.

El río dejó de correr, los grillos se callaron y un estruendo de burbujas
emergió de las  profundidades. Primero asomó una pata, después un relincho
y por último una montura cargando al caballero de la maltrecha armadura.
-¡Por fin alguien con sentimiento recita un poema en noche de luna llena! Me
liberé del hechizo que me tuvo confinado ciento diecinueve años en oscuras
profundidades –dijo con voz de cacharro el caballero de la armadura.
Margarita se asomó, le siguieron la lechuza, la tortuga y finalmente el
castor despeinado.
-¿Asi que vos sos el culpable de hacer creer a todo el bosque, que por la
noche la bruja del río prepara sus brebajes? –preguntó la araña indignada-
tantos años creyendo oír su caldero…
-Resulta que ahora, como si nada, el señor devela el enigma que mantuvo a
esta región y a todos sus habitantes temerosos de asomar el pico por miedo
a la hechicera –increpó jadeando la lechuza, mientras de los nervios
mordisqueaba el último scon de naranja que le quedaba.
-Realmente esperaba un mejor recibimiento. ¿Qué labios pronunciaron tan
sutiles palabras alejando de mí tan funesto sortilegio?
-Habla raro ¿será que tanta agua le ahogó el cerebro? –preguntó
desconcertado el castor.
-Últimamente este bosque se ha puesto muy erudito, demasiado intelectual
para mi gusto, serán los tiempos modernos, las nuevas tecnologías…
-Es un hombre sensible, despertó de un encantamiento, está un poco
confundido –comenzó a explicar Margarita.
-Fui yo –contestó Calíope irrumpiendo en ese collage de conversaciones-
recité un poema porque desde hoy toda mi inspiración la volcaré en mis
propios escritos…es una decisión tomada.
-¡Qué mujer con convicción! ¡Qué ideales! Veo que el mundo ha cambiado
bastante –dijo el caballero intentando sacarse la armadura.
-Por algo soy la musa de la elocuencia, haré valer mis atributos. Descansar
me ha puesto los pensamientos en orden.
-La conversación es muy amena pero tengo sueño, es la primera vez en mis
ciento tres años que estoy a la orilla del río a estas horas de la noche.

Mañana me cuentan como sigue la historia –dijo la tortuga y refugiándose en su caparazón dio por terminada la velada.
-Creo que debemos imitarla  -sugirió Margarita guiñando un ojo.
Calíope y caballero, con la noche de telón, se contaron sus respectivas
historias hasta que llegó la madrugada.
La musa invitó al jinete a desayunar, aunque le aclaró que la cocina no era su
especialidad.
-Las mujeres como yo, con una fuerte vocación recién nacida, no pueden
perder tiempo en cuestiones totalmente mundanas. Por si no te conté soy
una divinidad tutelar de las artes….
-A mí me gusta cocinar, es más, horneo unos pasteles de frutilla deliciosos –
respondió el caballero.

Sin vaticinios ni profecías, con melodía de  máquina de escribir,  perfume a
guiso, huerta y glorieta; la cabaña se transformó en un lugar sagrado,
envidiable. Espacio elegido por dos seres que allí fundaron su pequeño
paraíso.

Los animales participaron a su manera, de la pequeña empresa familiar, se
encargaban de atender a los editores que hacían lo imposible por lograr una
entrevista con la nueva revelación de las letras.
Los poetas, novelistas, cuentistas y demás artistas cansados de invocarla,
empezaron a pensar por ellos mismos y tan mal no les fue.
El caballo, que también sufrió los efectos del hechizo, se incorporó a la
fauna del bosque. Sus consejos eran escuchados con respeto. Fue venerado
como el único equino que conoció los secretos del mundo subterráneo y
volvió para contarlos.
Calíope y caballero, ya sin armadura, mientras miraban crecer los tomates,
se dieron la mano y fueron felices…porque los dos habían logrado cambiar el
destino que algún improvisado había escrito para ellos.

Autora: Cecilia Maurig

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