Vaga Lume

Vaga Lume. Escritora de México.

Luciana, vivía a las orillas de la ciudad, era una niña curiosa e inquieta que adoraba atrapar luciérnagas para construir farolas nocturnas. Una tarde cuando caminaba después de la lluvia, descubrió que de una cueva salían luces móviles y pequeñas. “Deben ser luciérnagas” pensó, y se emocionó pues le gustaba el destello de éstas; entonces recordó lo que la abuela Zelda le decía con frecuencia. “Luciana: cuando libélulas creas mirar tu curiosidad debes tragar, pero si en problemas estás las palabras te salvarán.” En los últimos años estos escarabajos comenzaron a desaparecer, la contaminación lumínica hacía casi imposible su apareamiento y cortejo. Los machos, vuelan ya que tienen alas, las hembras no, pero llaman a los machos a través del parpadeo. En vista de que en la actualidad el crecimiento de las ciudades hacia el campo ha impedido su reproducción. Luciana pensaba que era una pena, además de catástrofe.

La chica permaneció unos minutos al pie del cerro antes de comenzar a subir. Cuando iba hacia arriba descubrió que en efecto eran luciérnagas. “¡Guau!, con lo escasas que están últimamente.” Entró con seguridad y ánimo, sabía que ahí estaban los bichitos, deseaba resolver el misterio que ella había adoptado como misión. Había mucha humedad en el interior de la cueva y era fácil resbalar pero ella iba por las luciérnagas,fairy flies, así que olvidó todo lo que su abuela le había repetido infinidad de veces, que controlara su terrible curiosidad, pensara dos veces antes de investigar y saciar su impetú detectivesco.

En vista de que la muchacha sólo deseaba encontrar luciérnagas caminó y caminó, hasta encontrar una luz cegadora que iluminaba el fondo de un estrecho túnel que por obvias razones llamó su atención. “Ahí están!”, así que comenzó a caminar con prisa sobre la tierra húmeda casi resbalando. “Aquí están, fantástico!”

Cuando llegó al final de éste decubrió al viejo cascarrabias guardando en pequeñas cestas a miles de luciérnagas que al estar apretujadas brillaban como lingotes de oro. “No”, gritó indignada la joven, “no lo haga.”

“¿Qué haces aquí escuincla metiche? ¿Qué se te perdió? ¡Vete de aquí!”, Pregunto el viejo cascarrabias.

“Váyase usted, las luciérnagas me llamaron, no lo quieren”, respondió con seguridad.

Don Toribio estaba furioso, era el más cascarrabias y grosero de la ciudad. El viejo comenzó a acercarse con actitud amenazante hacia Luciana quien no se movió y lo miró con atención. “Don Toribio usted es bueno no dé motivos para que lo quieran poco, usted es bueno.” Cuando el hombre escuchó ésto de la boca de la joven se detuvo para oirla con atención. La cara del viejo comenzó a destensarse y una ligera sonrisa se formó en su rostro. La niña le transmitía seguridad y confianza, nunca le habían dicho eso, por el contrario lo único que había oído eran cosas desagradables que había adoptado como verdades. “Eso crees”, preguntó. Sí eso pensaba, en el fondo el hombre era bueno. Así el hombre sonrió por primera vez en mucho tiempo, destapó la cajita que llevaba en las manos repleta de luciérnagasas, la abrió despacio al tiempo que volaron inquietas en su alrededor. Sí, Luciana también sonrió pensando que en efecto, el hombre en el fondo era bueno.

Fin

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