Las empanadas más ricas. Historia de empanadas

Historia de empanadas

Historia de empanadas

Las empanadas más ricas. Escritores Argentinos. Cuentos cortos. Historia de empanadas.

Historia de empanadas.
Sofía estaba en primer grado y le gustaba mucho ir a la escuela. Disfrutaba cada hora de clase y nunca hizo problemas por quedarse. Sin embargo, cierta mañana, a cada rato le preguntaba la hora a la maestra para saber cuánto tiempo faltaba para irse.

–¿Qué te pasa Sofía, por qué estás tan inquieta por saber cuánto falta para salir?– le preguntó la maestra antes de contestarle por quinta vez.

–Es que hoy me viene a buscar mi abuela y me prometió que iba a hacer empanadas. Sus empanadas son las mejores del mundo. Como ella trabaja en una fábrica todos los días, no tiene tiempo de hacerlas, pero como hoy  están desinfectando las instalaciones, tuvo franco y me prometió que iba a aprovechar para hacerlas.

–¡Qué bueno! –dijo la maestra– mi abuela también hacía empanadas riquísimas.

–Pero, seguramente no tan ricas como las de mi abuela; ella tiene una receta especial y, además, le salen espectaculares– replicó Sofía.

Carlitos, un compañerito de Sofía, estaba escuchado la conversación y comentó que eso no podía ser, que las empanadas de su abuela eran las mejores.

Sofía, que era muy amiga de Carlitos y no quería discutir con él, lo invitó para que fuera con ella a almorzar a la casa de su abuela.

A la salida, en la puerta de la escuela, Carlitos le pidió permiso a su papá para aceptar la invitación, y Sofía se lo dijo a su abuela.

Cuando llegaron, de inmediato se pusieron a jugar y, en el preciso instante en que no aguantaban más el hambre, la abuela salió al patio, puso un mantel, vasos, servilletas y una jarra de agua. A Carlitos le extrañó que no hubiera jugo o soda, pero Sofía le explicó que con las empanadas, había que tomar agua sola para sentirles bien el gusto.

La abuela dejó las cosas y, tranquilamente, fue hasta la cocina y volvió con una canasta tapada con una servilleta. Al destaparla, pudieron ver las famosas empanadas.

A Carlitos, al menos por la primera impresión, no le parecieron «nada del otro mundo». Había unas más grandes que otras y el repulgue no era parejo. Es más, pensó que las de su abuela tenían mejor apariencia.

De todos modos, estiró su mano para tomar una y la abuela, antes de que pudiera llevársela a la boca, le empezó a explicar cuál era la forma más apropiada de comerlas.

–Tenés que comer despacito. Agarrá una empanada con la servilleta y sentate con las piernas abiertas para que el jugo caiga en el piso. Primero das un pequeño mordisco; apenas la punta de la empanada con un poquito de relleno. Eso es para preparar la boca al gusto. Una vez hecho eso, sí, cerrás los ojos y das un mordisco más grande. Masticá lentamente y disfrutá de los diferentes sabores que, juntos, forman algo totalmente diferente.

Después de dar estas instrucciones se quedó en silencio y Carlitos comenzó a saborear y disfrutar de su empanada siguiendo sus indicaciones.

Al principio le pareció ridículo tanta ceremonia, pero, observó que Sofía lo hacía casi naturalmente. Además, a cada bocado, le iba sintiendo más el gusto y reconoció que, si bien no eran más lindas que las de su abuela, la forma de comerlas y saborearlas, las hacían únicas. La próxima vez que su abuela las hiciera, las comería como le había enseñado la abuela de Sofía.

Fin

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