Hada Madrina

Hada Madrina. Escritora española de cuentos y poesías infantiles. Cuentos sobre Hadas, princesas y brujas.

– ¡Hada madrina! ¡Hada madrina! ¡Ven, hada madrina! ¡Quiero ser aún más bella!

Y el Hada madrina, con un movimiento de varita, transformó a la princesa en la princesa más hermosa de todas las princesas de todos los cuentos de princesas hermosas.

– ¡Hada madrina! ¡Hada madrina! ¡Ven, hada madrina! ¡Necesito un vestido para el baile del Príncipe Gundar!

Y el Hada Madrina, con dos movimientos de varita, transformaba cualquier trapito en el vestido más bello de cuantos te puedas imaginar.

– ¡Hada madrina! ¡Hada madrina! ¡Ven, hada madrina! Una bruja malvada me ha lanzado un hechizo y necesito tu ayuda.

Y el Hada Madrina, con tres movimientos de varita, deshacía el hechizo.

– ¡Hada madrina! ¡Hada madrina! ¡Ven, hada madrina! Ayuda al Príncipe Gundar a vencer al dragón.

Y el Hada Madrina con cuatro movimientos de varita, ayudaba al príncipe a matar al animal (Antes se podía: no existían asociaciones protectoras de animales que te pusieran una denuncia por atacar a un pobre dragón indefenso).

Pero un día el hada madrina no acudió a la llamada de la joven princesa.

En su lugar apareció un pergamino  (las hadas saben que existen los ordenadores y esas cosas pero consideran mucho más elegantes y apropiados a su labor, los métodos antiguos).

Y en el pergamino decía:

“Cansina Princesa:

Dimito.

Abandono mi puesto como Hada Madrina. Ya no aguanto más tus caprichos y tus tonterías. No soporto que me estés llamando cada dos por tres, en cualquier momento del día o de la noche (aún conservo la brecha en la frente que me hice al salir corriendo de la ducha por atender tu última llamada).

No te aguanto. No te soporto. Eres una niñata caprichosa, malcriada y mimosa.

A partir de ahora tendrás que apañártelas tú solita… si es que puedes.

Yo me paso a la brujería. Mi hermana (que es Bruja Suprema en el Bosque Oscuro) está dispuesta a enseñarme y a darme un puesto entre sus consejeras.

Así que ahí te quedas.

No vuelvas a llamarme.

Te lo advierto.

A menos que quieras acabar transformada en gata de angora, déjame en paz.

Saludos de Tu ex Hada Madrina”.

La princesa, un tanto perpleja, giró el papel.

Lo puso del revés.

Se lo acercó a la cara.

Lo alejó.

Lo volvió a girar.

Estuvo mirándolo un rato… hasta que recordó que ella no sabía leer. ¿Por qué iba a aprender? Tenía criados, doncellas, a papá, a mamá y a su hada madrina para que le leyeran lo que necesitara ser leído que no era mucho, la verdad.

Así que abrió la boca.

Tomó aire.

Y llamó a voz en grito (las princesas también pueden ser muy groseras):

– ¡Hada Madrinaaaaaaaa! ¡Hada Madrina, ven, por favooooooorrrrrrrr…. Rrrrr…. Miaaaauuu…. ¿Miau?

Aquella noche notaron en palacio que faltaba la princesa y que sobraba una gata.

A la princesa nadie la extrañó demasiado.

La gata acabó siendo mucha mejor compañía.

¡Ah! Y el hada resultó un completo desastre como bruja.

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Fin

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